Análisis y opinión

Isabel II salió indemne luego de ser reina 70 años: ¿cómo se puede catalogar a eso?

Hay coincidencias en que a pesar de todos los abalorios y del cotillón real, la reina Isabel II de Inglaterra supo engarzar el sentido común con los duros protocolos monárquicos

Dicen los graciosos que la reina Isabel II de Inglaterra se negaba a morir para no dejar al Reino Unido en manos de ese zanguango llamado Boris Johnson, el ex primer ministro que fue suplantado hace unos días por Liz Truss, nueva titular del Partido Conservador y admiradora de Margaret Tatcher.

A los dos días de ungir como primera ministra a Truss, la reina Isabel II se murió tranquila, convertida en la mujer de la monarquía con más extenso reinado del que se tenga memoria. Sólo la superó el francés Luis XIV, pero por una razón especial: el tipo este fue coronado rey cuando tenía sólo 4 años

Por lo menos, agregan los chistosos, la premier Liz Truss tiene presencia y genera cierta confianza. Creen que el 10 de Downing Street, la residencia oficial del jefe de Gobierno, ya no será escenario de las partusas que armaba Boris Johnson con sus amigos guarros, y que durante la pandemia envenenaron de bronca al país.

A la extinta soberana la sucede su primer hijo, Carlos de Gales, de 73 años, "otro que bien baila". La escasa fama de Carlos la ha hecho por vivir a la sombra de dos mujeres: Diana Spencer, que fue su esposa y madre de sus dos hijos, y Camila Parker-Bowles, quien fue su amante desde antes de que apareciera Lady Di, y que ahora es su segunda esposa y flamante reina consorte.

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La reina Isabel II de Inglaterra murió a los 96 años. Se dispusieron 10 días de duelo.

La reina Isabel II de Inglaterra murió a los 96 años. Se dispusieron 10 días de duelo.

Bajar el copete

Diana, princesa de Gales, fue la mujer que conmovió los cimientos del protocolo real y la que se dio el gusto de dejarlo en banda a Carlos, quien, es sabido, la malquería. En cambio Lady Di, fue consentida por la mayoría de los ingleses. Camila, por su parte, nunca tuvo mucho onda con la generalidad de la población, pero fue quien quiso de verdad a Carlos, el desdichado pelmazo que hoy es rey.

Cuando Diana murió en aquel accidente en un túnel vial de París, la Corona vivió un cimbrón ya que Isabel se negaba, en principio, a despedir a Diana con la pompa real. En la película La Reina (2006, dirigida por Stephen Frears) se recrean muy bien los diálogos con los que el entonces primer ministro Tony Blair, laborista, logró convencer a Isabel II de que el deceso de Diana había provocado un gran pesar popular que el Palacio no podía desconocer. La soberana tuvo que bajar el copete y formalizar algo parecido a una despedida. Una roca con ductilidad.

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Netflix aclaró que The Crown es una ficción. Igual, muchos capítulos muestran la habilidad que tenía Isabel II como reina.

Netflix aclaró que The Crown es una ficción. Igual, muchos capítulos muestran la habilidad que tenía Isabel II como reina.

En la serie de Netflix The Crown (La Corona), de la que ya se han exhibido cuatro temporadas y quedan otras dos por estrenar, está muy bien retratada esa habilidad de la siempre rigurosa Isabel para ceder cuando el interés de la Familia Real o el del Reino estaban en juego. Los historiadores han coincidido en que a pesar de todos los abalorios y del cotillón real, Isabel II supo engarzar, como pocas, el sentido común con los duros protocolos monárquicos.

Cumplió a rajatabla con el rol que las normas del Reino le fijan a quien porta la Corona, sobre todo en lo relativo al contacto con el Gobierno civil que maneja la cotidianidad política. En The Crown están registrados con notable acierto la forma en que Isabel trató de cuidar al milímetro lo que las leyes le permiten o le niegan al soberano dentro de una monarquía parlamentaria.

Tenía 26 años cuando, muerto su padre, el rey Jorge VI, debió hacerse cargo de la Corona sobre el imperio raído que le quedaba a los ingleses. Lo suyo es uno de los más claros ejemplos del triunfo del carácter sobre la ausencia de preparación académica. No fue a colegios ni a universidades. Su educación fue personalizada con profesores que la asistían en el Palacio.

Entreveros familiares

Ni los antimonárquicos se han animado a desconocer el aporte de esta mujer a la estabilidad de su nación y de Europa que en 1952, año de su coronación, se recomponía tras la Segunda Guerra Mundial. Isabel solía decir que le encantaba su "deber de Reina" y que siempre estuvo decidida a ejercerlo.

En el medio debió capear una serie de entreveros y escándalos de algunos familiares, entre los que se contaba su extrovertida y alocada hermana Margarita, su hijo Andrés mezclado en escándalos sexuales con mujeres menores de edad; su hijo Carlos, hoy rey, en líos con esposas y amantes; su propio marido, el duque de Edimburgo, sospechado de lidiar en lechos ajenos.

Superó con creces eso del papel simbólico de la Corona y le puso profesionalismo al manejo de una familia real que le solía dar letra a los diarios sensacionalistas y populares de ese país. Cada vez que la institución monárquica era puesta en la picota, ella se ponía al hombro la tarea de dar vuelta esas situaciones.

No se puede dejar de mencionar el respeto que exhibió la Reina con relación a la tarea de la prensa. Hubo un cuidado inteligente en la Casa Real para solucionar con tacto cualquier diferencia grave entre los habitantes del Palacio de Buckingham y los editores de diarios y revistas. Uno de los episodios de The Crown lo muestra con pelos y señales. En Inglaterra la prensa es un poder.

El factor Malvinas y la reina Isabel II

Isabel II aún no llegaba a la mitad de su mandato cuando Argentina e Inglaterra entraron en guerra en 1982. Es lógico que haya gente, sobre todo los familiares de los argentinos que cayeron en las Malvinas, que sientan un profundo desprecio contra esta monarca y la entonces jefa de Gobierno, Margaret Thatcher.

Quince años después de esa contienda, los dos países volvieron a recuperar las relaciones. Fue durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, de quien podríamos decir que estaba en las antípodas de los protocolos reales. La visita de Menem a Gran Bretaña fue un continuo show del riojano que rompió casi todas las reglas que manda el ceremonial monárquico.

Menem le hizo chistes con tonada riojana a la Reina y hasta se permitió ponerle en los hombros de esta mujer un poncho tejido en el norte argentino para que Isabel saliera andar a caballo. Y todo con el mismo tono con que hablaba con alguna vedette argentina.

Sin que se noteIsabel II supo adaptarse, sin que se notara demasiado, a los cambios de época. Por ejemplo, la Casa Real se prendió con rapidez a las mutaciones que introdujo internet.

Sin embargo se mantuvo incólume a su gusto tradicional en la vestimenta. Horrible para algunos, clásica para otros, con esos sombreros ridículos que fueron su sello hasta la muerte. Su aporte a la construcción de la Comunidad Europea fue silencioso pero continuo y si bien nunca se expidió -por mandato protocolar- sobre el Brexit que sacó a los ingleses de la Comunidad Europea, muchos analistas intuyeron que no estaba de acuerdo con esa partida.

El Reino Unido ha superado durante su reinado toda suerte de vicisitudes y sin embargo la influencia de Isabel II ha sido una secreta amalgama, una especie de hilo secreto que ha estado presente detrás de todo el entramado político de esa nación en los últimos 70 años.

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