El Parlamento escocés solicitó ayer oficialmente un nuevo referéndum de independencia, abriéndole a la primera ministra británica, Theresa May, un nuevo frente tan sólo un día antes de notificar oficialmente su adiós a la Unión Europea (UE).
May viajó a Escocia para reunirse con la jefa del gobierno regional escocés, Nicola Sturgeon, en un último intento de evitar el referéndum, o aplazarlo hasta después del , en unos dos años.
"Mi posición es muy simple y no ha cambiado", dijo May en una entrevista con la agencia británica Press Association. "Y es que ahora no es el momento de hablar de un segundo referéndum de independencia, añadió". Antes, en un discurso, describió la unión de Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales como "una fuerza imparable".
Sturgeon, que quiere el referéndum a fines de 2018 o principios de 2019, insistió, tras el encuentro, en que "los escoceses pueden tomar una decisión bien fundamentada sobre su futuro" en ese plazo, en declaraciones a Sky News.
Una vez que el Parlamento escocés apruebe la demanda del referéndum, el británico, donde los conservadores de May tienen mayoría absoluta, deberá pronunciarse.
Lo cierto es que mañana se producirá el momento tan temido por unos y anhelado por otros: May enviará una carta al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en la que invocará el artículo 50 del Tratado de Lisboa, puerta formal de salida de la UE, y detonante de dos años de negociaciones.
"Todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión", afirma la cláusula de salida del club europeo.
Salvo sorpresa mayúscula, no habrá ya marcha atrás y los británicos abandonarán la UE tras más de cuatro décadas de desacuerdos, si bien el redactor del artículo 50, el diplomático británico John Kerr, sostiene que la activación es reversible.
Se espera que Londres adelante en su misiva los objetivos de las negociaciones, que, ese mismo día May explicará al Parlamento británico.
La primera ministra ya adelantó que quiere una ruptura "clara y neta" con la UE, para tener las manos libres y limitar la llegada de inmigrantes europeos. Según ella, ese fue el mensaje que los británicos transmitieron el 23 de junio de 2016, cuando votaron a favor de la salida de la UE en una proporción de 52% a 48%. Si Londres optara por permanecer en el mercado único, Bruselas le impondría la entrada ilimitada de inmigrantes europeos en cumplimiento de su principio de libre circulación de mercancías, servicios, capitales y personas.
