Y confió: "Al principio hice muchos intentos de dejarla, luego menos y, al final, me rendí. Ella insistió en que nos casáramos y lo hicimos, aunque ya eso no era lo que yo quería".
"Ira me celaba de todos: de mis amigos, de mi familia. Dondequiera que iba, siempre tenía que llamarla. ¿Por qué iba a esas conferencias?, ¿por qué me reunía con mis amigos? Tenía que estar con ella, a su alcance. Ella no podía ir a ninguna parte sin mí. Yo era una especie de juguete que tenía que entretenerla todo el tiempo", comentó.
Sostuvo que "Ira no trabajaba. Yo era el que conseguía el dinero, cocinaba y limpiaba. Alquilamos un apartamento grande con dos cuartos de baño. Yo tenía prohibido usar el baño principal, tenía que usar el de las visitas".
"Cada día, yo tenía que esperar hasta que ella se levantara a las 9 o 10 de la mañana para no perturbar su sueño. Decidió que teníamos que dormir en habitaciones separadas y la mía no tenía cerrojo. Yo nunca podía estar solo. Cuando yo estaba haciendo 'algo mal', ella me gritaba y me golpeaba. Esto solía ocurrir una vez al día o cada dos días", contó.
"No importa lo que pasara, ella siempre me culpaba. Todo el tiempo me decía qué tipo de hombre ella necesitaba, qué y cómo él debería estar haciendo. Yo me sentía indefenso y hacía todo lo que ella exigía solamente para evitar su ira, el estallido que poco después ocurría", sostuvo.
"Recuerdo que bajaba las escaleras y me sentaba en el auto a llorar. Ella pasaba a mi lado y me veía. Luego, cuando yo volvía a casa, ella decía que lo lamentaba mucho por mí, pero que ella no era capaz de detenerse", indicó.
Agregó que "entonces, todo empezaba de nuevo al día siguiente y al día después de ese. No importaba lo que yo hiciera o cuán horrible me sintiera, nada cambiaba. Yo tampoco soy perfecto. Para evitar todo esto, solía trabajar 10, 12 o 14 horas al día, en fines de semana y días festivos. Era fácil: hay gente que bebe, otros trabajan".
¿Por qué las víctimas de violencia no abandonan a sus agresores?
- Las personas que crecieron en una familia en la que había violencia, reproducen el comportamiento de sus padres en sus familias.
- El miedo a quedarse solos y los estereotipos. "¿Qué van a pensar los vecinos", "un niño debe crecer con sus dos padres".
- Las primeras etapas -abuso psicológico- son difíciles de reconocer. Por tanto, la persona abusada gradualmente se acostumbra y pierde la capacidad para evaluar la situación y actuar.
- La persona que sufre los abusos no tienen adónde ir. Depende económicamente del abusador o se encuentra en una situación vulnerable (está embarazada o tiene hijos pequeños).
- Al acudir a las autoridades, estas les dicen "esos son problemas familiares" y la persona se resigna..
"Comencé a hablar y ya no pude detenerme"
"Cuando estás en una situación como esa, no te das cuenta de lo que te ocurre. No ves la salida y no escuchas a nadie. Ni siquiera piensas que tienes la posibilidad de escapar. Es pura desesperanza", dijo.
Analizó que "yo hice cosas que no quería porque estaba acostumbrado a hacerlo. Yo siempre le "debía" algo a alguien y nunca me pertenecía a mi mismo. Le pertenecía a mi abuela, a mis padres".
"Yo siempre pensé que tenías que sacrificar todo por el bien de la relación. Entonces, sacrifiqué mis intereses y a mi mismo, lo que en aquella época me parecía normal. Entonces, todo se puso peor", reconoció.
"Muy al inicio de todo, a mí simplemente no me gustaba, pero durante los últimos tres o cuatro años de nuestra relación, el sexo me causaba constantes ataques de pánico. Ocurría en cualquier momento en el que Ira lograba atraparme y forzarme". "Muy al inicio de todo, a mí simplemente no me gustaba, pero durante los últimos tres o cuatro años de nuestra relación, el sexo me causaba constantes ataques de pánico. Ocurría en cualquier momento en el que Ira lograba atraparme y forzarme".
Comentó además que "cuando entraba en pánico, yo solía apartarla, esconderme y correr. Irme lejos de casa o, al menos, de la habitación. Ira pensaba que teníamos problemas sexuales por mi culpa. Así que cada tantos años ella me llevaba a un sexólogo".
"Cada vez que yo decía que había algo que no me gustaba y que yo simplemente no quería (sexo). Me decía que yo era el problema. Yo no decía nada sobre las agresiones y la violación. Y para Ira, esas consultas comprobaban que ella tenía razón. Yo hablé (sobre la violencia) poco después del divorcio. Comencé a hablar y ya no pude parar", destacó.
"Cómo encontré ayuda y una salida"
Relató después que "Era otoño y yo había estado en cama con bronquitis y una fiebre de 39-40 grados durante unas dos semanas. Nadie se había interesado en cómo estaba durante todo ese tiempo. Entonces, me di cuenta de que mi vida no valía nada y que incluso nadie habría notado si me hubiera muerto allí mismo".
"Fue un momento revelador: horror, repulsión y una increíble autoconmiseración. Quería contarle a alguien pero no sabía a quién ni cómo. Una vez fui a casa de mis padres cuando ellos no estaban allí, solamente para estar solo", reveló.
"Estaba navegando por internet y entré en un chat que se abrió en una ventana de un anuncio. Todo allí era anónimo, como si no existieras. Fue la primera vez que dije algo sobre lo que me estaba ocurriendo. Aún no lo reconocía como abuso, pero a partir de ese momento comencé a decir 'no', con más y más frecuencia", confesó.
Y agregó: "Al principio era con las cosas pequeñas. Para mí era importante decir 'no', en lugar de quedarme callado. Cada vez que necesitaba fuerza, recordaba aquellos días cuando estuve enfermo. Al final, encontré un terapista de familia que me dio apoyo. Ira y yo tuvimos oportunidad de hablar durante las sesiones y ella tenía prohibido interrumpirme. Esa fue la primera vez que hablé sobre el abuso".
Comentó que "ella estaba tan furiosa, me gritó y dijo que no era cierto. Sin embargo, poco después de eso ella sugirió que nos divorciáramos. No creo que fuera lo que ella quería, pienso que era un intento de silenciarme. Yo sabía que no tendría otra oportunidad y acepté la propuesta. Había cola en una oficina, así que fuimos a otra. Yo pensaba, tengo que hacerlo mientras aún tengo la oportunidad. Y lo hicimos".
"Cuando recogí los documentos del divorcio un mes más tarde, fue el día más feliz de mi vida. Un día después del divorcio, le grité: 'tú me estabas violando'. '¿Yo te estaba violando?, ¿Y qué?', respondió. No supe qué decirle y aún no lo sé. De alguna manera, ella admitió lo que había hecho, pero más que nada se burló de eso".
Afirmó que "me mudé de vuelta con mis padres, renuncié a mi trabajo y me quedé en casa por algunas semanas. Tenía miedo de que ella estuviera en algún lugar afuera, buscándome. Un día, ella vino y comenzó a tocar la puerta, pateándola, gritando. Mi mamá dijo que estaba asustada. Yo pensé: 'Mamá, ni te lo puedes imaginar..."
Es importante entender: esto te mata
"Yo no recolecté evidencias ni le conté a nadie. Probablemente pude habérselo contado a mis padres, pero desde niño sabía que ellos no eran capaces de guardar un secreto. Tampoco hablé con mis amigos sobre lo que me estaba ocurriendo", sostuvo el joven.
Comentó que "estuve buscando grupos de apoyo, pero en Ucrania solamente existen para mujeres. Al final, hallé una comunidad virtual de apoyo para hombres en San Francisco".
Relató que "el primer psicoterapeuta al que visité en Ucrania se burló de mí: 'Eso no ocurre así. Ella es una chica y tú, un chico'. Así que fui cambiando de especialista hasta seis veces y ahora finalmente conseguí ayuda. Transcurrieron ocho meses antes de que yo permitiera que alguien me tomara de las manos".
¿Cómo consiguen ayuda psicológica los hombres?
En la comunidad del Club de Padres en Ucrania, se crearon grupos de apoyo psicológico pero, según explica el activista Max Levin, la iniciativa no duró Según él, los hombres no estaban listos para ir a un psicólogo.
Alyona Kryvuliak de La Strada-Ucrania dice que los hombres empezaron a llamar para pedir ayuda solamente cuando la línea de emergencia comenzó a funcionar las 24 horas. Los hombres no podían llamar durante las horas de oficina tradicionales.
Pero incluso ahora, los hombres están principalmente preocupados por permanecer anónimos y no están preparados para defender sus derechos ante instituciones públicas como la Policía o los tribunales.
La psicoterapeuta y sexóloga Yulia Klymenko explica que para las víctimas masculinas, la salida psicológica del abuso puede ser un proceso largo. Después de todo, la sociedad no ayuda mucho con frases como "los chicos no lloran" o "los hombres son físicamente más fuertes".
Una persona que ha sufrido un trauma por un abuso sexual psicológico o físico puede parecer algo inusual.
Según Klymenko, los pacientes con traumas complejos que implican distintos tipos de abusos necesitan ser "resucitados" durante un largo periodo, independientemente de su género o edad.
"Yo evalué denunciarla ante los tribunales. Los abogados dijeron que había la posibilidad de obtener una orden de alejamiento. Pero ahora no la necesito. Durante un largo periodo, solamente quise que admitiera lo que había hecho y se disculpara", comentó convencido el joven ucraniano.
"Yo aún no salgo a trabajar y me resulta muy difícil levantarme de la cama cada mañana. No tengo nada por lo que vivir. Ni siquiera sé qué he estado haciendo todo el año. Yo sé que nunca tendré una relación y que nunca tendré hijos. Me di por vencido", admitió.
"Pero estuve callado durante tanto tiempo y eso llevó a tremendo desastre. Quizás hay un hombre en una situación parecida en este momento y él leerá mi historia", afirmó, y destacó luego: "Es importante que él entienda: eso no va a terminar, nada se va a arreglar, es un verdadero desastre, nunca va a desaparecer y te va a matar. Si tú entiendes esto, entonces, al menos, tienes una oportunidad".