El fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, mantuvo dos encuentros con el embajador ruso en Washington durante la campaña presidencial del año pasado, pero ocultó esas reuniones en sus audiencias de ratificación en el Senado, una revelación que desató pedidos de renuncia desde la oposición demócrata.
El funcionario se inhibió ayer de participar "en cualquier investigación existente o futura" del Departamento de Justicia estadounidense sobre la posible injerencia rusa en los comicios presidenciales de noviembre.
Según informó The Washington Post, los encuentros fueron en julio y en septiembre, meses antes de las elecciones del 8 de noviembre ganadas por Trump, y en medio de una tormenta política por la presunta injerencia del Kremlin en las mismas a través de ataques cibernéticos con el objetivo de beneficiar a Trump en detrimento de su rival demócrata, Hillary Clinton.
Donald Trump, aseguró ayer que tiene "total confianza" en Sessions, pese a que ocultó las reuniones con el embajador ruso al Senado y confesó no estar al tanto de dichos encuentros.
Durante su proceso de confirmación en el Senado, los demócratas le preguntaron por sus posibles contactos con el Kremlin, debido al clima de indignación por esa supuesta injerencia en los comicios, a lo que este respondió: "No he tenido comunicaciones con rusos".
El caso de Sessions amenaza con crear una nueva crisis en el gobierno de Trump, semanas después de la destitución del asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general Michael Flynn, por ocultar contactos que mantuvo con el embajador ruso Serguei Kiskyak antes, durante y después de las elecciones.
El ex senador Sessions, cuyo cargo equivale en otros países al de ministro de Justicia, es precisamente el encargado de supervisar la investigación en este caso sobre la injerencia rusa durante los comicios y los presuntos nexos entre la campaña de Trump y el Kremlin, aunque se apartó.
Piden su renuncia
La líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que Sessions "mintió bajo juramente" cuando negó contactos con funcionarios rusos durante su proceso de confirmación en el Senado y pidió su dimisión.
También pidió la cabeza del fiscal general la senadora Elizabeth Warren, un azote del gobierno de Trump. "¿Tiene el fiscal general la última palabra en la investigación de las fuerzas de seguridad sobre los nexos entre la campaña de Trump y Rusia? Menuda farsa. Esto no es normal", dijo Warren, que propuso la designación de un fiscal especial .
Extremista, homofóbico y muy blanco
El fiscal general Jeff Sessions, de 70 años, es del gusto de Donald Trump, extremista, homófobo y blanco. Muy Blanco. Vio la oportunidad de su vida cuando en 2015 Trump dio el paso para disputar la Casa Blanca. Frente a aquellos que dentro del Partido Republicano ridiculizaron al magnate, el entonces senador por Alabama fue el primero en lanzarse a sus brazos y brindarle su apoyo.
Ambos coincidían en una visión tremendista de los indocumentados, el gusto por las deportaciones masivas y la aversión al islam. Juntos diseñaron la política migratoria que el republicano blandió en campaña, así como su propuesta de vetar la entrada a los musulmanes.
Lo que en cualquier otro político habría sido una exageración, en el combinado Trump-Sessions se convirtió en normalidad.
Con el abrazo a Sessions, Trump también se unió a su pasado. El de un republicano blanco y sureño que durante años fue repudiado por racista. A él se le atribuye el desgraciado chiste: "El Ku Kux Klan me parecía bien hasta que supe que fumaban marihuana". O llamarle "boy" a un asistente negro y recordarle que debía guardar las formas ante los blancos. O considerar "una vergüenza para su raza" a los abogados blancos que defendían a acusados afroamericanos. Todo una arsenal que llevó en 1986 al Senado de los Estados Unidos a bloquear su nombramiento como juez federal. Un rechazo que en 50 años sólo había ocurrido una vez antes.
El acusado, Jeff Sessions, se reunió con el embajador ruso, pero lo ocultó durante las audiencias de ratificación del Senado.
El fiscal general de EE.UU. está en la cuerda floja por "mentirosillo"

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