Guardaba cabezas como trofeos

Asesino psicópata: el "caníbal de Milwaukee" que mató a 17 hombres

Casi como una fija, los asesinos seriales en Estados Unidos tienen que tener nombre, segundo nombre y apellido. El apodado como "El caníbal de Milwaukee" o "El Carnicero de Milwaukee" no era la excepción a esta "regla". Jeffrey Lionel Dahmer nació el 21 de mayo de 1960 en esa ciudad, la más grande del estado de Wisconsin.

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No sólo fue un asesino en serie sino que además de matar a sus víctimas practicó varias veces la necrofilia y también el canibalismo.

Las víctimas, oficiales al menos, fueron 17 adultos y menores varones en un lapso de 13 años, entre 1978 y 1991.

La mayor parte de su corta vida (34 años) residió en West Allis, pequeña localidad del condado de Milwaukee, y sus padres fueron Lionel Dahmer y Joyce Flint. ​

Increíblemente la vida de Jeffrey fue diametralmente opuesta al del resto de los asesinos en serie, a pesar de que su perfil físico fue usado para graficar a pervertidos en documentales, películas y series. La mayoría de los asesinos seriales hasta Dahmer habían sufrido en su infancia maltrato físico y psicológico, de parte de padres, familiares o amigos del colegio; sin embargo Jeffrey siempre fue un niño amado por sus padres, quienes le proporcionaron todo lo posible para una adecuada educación y buena vida social. Su padre era químico y debido a su trabajo, la familia se mudaba con frecuencia.

La imagen con gafas y comportamiento pasivo, fueron rasgos de su personalidad y que con el tiempo, se volvería un estereotipo hacia los depravados sexuales en general, cita Wikipedia.

La primera de las 17 víctimas

Fue en 1978, cuando Dahmer ya tenía 18 años, que cometió su primer crimen. La víctima -en julio de ese año- fue Steven Hicks, un joven que estaban "haciendo dedo". Justamente Jeffrey Dahmer tenía una fantasía sexual al respecto: levantar a hombres que estaban haciendo dedo y tener sexo con ellos.

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Sin embargo, se percató de que a Hicks no le interesaba esta parte porque lo llevó a su casa y lo invitó a pasar; cuando Steven intentó irse después de un rato de esparcimiento, Dahmer no soportó el rechazo y lo golpeó con una pesa en la cabeza. Lo estranguló y lo mató. Más tarde lo desmembró y puso sus restos en bolsas de plástico y las metió en su auto para ir a tirarlas al basurero.

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La policía lo detuvo cuando iba camino al basurero. Fue por conducir pasándose de carril; como pasó el control de alcoholemia y la policía creyó su historia de que las bolsas eran realmente basura, lo dejaron ir con apenas una multa.

Dahmer volvió asustado a su casa, dejó los restos en su sótano, menos la cabeza, la que lavó y se la llevó a su habitación en el segundo piso de la casa para masturbarse con ella.

Después puso la cabeza y todos los restos en la tubería de la casa. Cuando abandonó la universidad y volvió al ejército de Estados Unidos, destruyó los restos de Steven, los molió hasta hacerlos añicos con ácido y los esparció cual cenizas.

Tras cometer su primer asesinato, Dahmer tuvo miedo, básicamente por la detención de la policía con el cadáver en su auto, y también se sintió culpable, contaría años más tarde. Según la propia declaración del asesino psicópata, reprimió sus deseos sexuales y homicidas, empezó a ir a la Iglesia, dejó el alcohol y hasta se mantuvo prácticamente en celibato.

Así vivió durante buen tiempo y se explica entonces cómo pasaron casi 10 años entre su primera víctima y la segunda.

También pensó que podía satisfacer sus deseos sexuales, principalmente la necrofilia, sin hacerle daño a las personas. Volvió a tomar alcohol y a frecuentar bares de ambiente gay o tuburbios similares, en una época en que la mayoría de esos lugares se encontraban mayormente escondidos.

Fue detenido en 1986 por exhibicionismo y unos meses antes había querido desenterrar el cuerpo de un joven que había fallecido días atrás.

Todo esto lo llevó directamente a su carrera frenética de “psycho killer” (asesino psicótico) y fue justamente el tema de "Talking Heads" con ese nombre el que se usó en la última película, de 2017.  Esa fue una banda que alcanzó los primeros lugares de ventas en Europa y Estados Unidos en los 70 y 80. 

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El "psycho killer" desenfrenado

En apenas 4 años, entre 1987 y 1991, Jeffrey Dahmer cometió 16 asesinatos. Su segunda víctima fue Steven Toumi, a quien conoció en un bar gay en 1987.

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Bebieron demasiado y se fueron a un hotel. Dahmer afirmó que no recuerda cómo lo asesinó ni haberlo hecho, pero cuando despertó descubrió el cadáver. Compró una maleta para llevarse los restos de Toumi del hotel y lo llevó al sótano de la casa de su abuela, donde violó el cadáver, lo cortó en pedazos y lo arrojó a la basura, aunque esta vez se quedó con la cabeza como trofeo. La hirvió y blanqueó para dejarla como adorno en su habitación.

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Meses después conoció a su tercera víctima. Se trataba de Jamie Doxtator, quien apenas tenía 14 años. Le ofreció 50 dólares por tener sexo, después de enontrarlo en una parada de colectivos. Así también conoció a su cuarta víctima, Ricard Guerrero, en marzo de 1988.

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En 1989 estaba siendo procesado por abuso de menores por el mismo modus operandi que tuvo con Doxtator y conoció a Anthony Sears. Le propuso un trato: fotos por plata y también usó la casa de su abuela como escondite. Allí lo asesinó (lo estranguló), lo violó y también lo desmembró. Por lo general, quería que los amantes se quedaran en su casa y como la mayoría no quería, terminaban muertos.

Tras cumplir una condena por abuso de menores, se mudó a un departamento en Milwaukee y allí siguió con los asesinatos, con 12 muertes más hasta julio de 1991.

Descuidos de Dahmer con un “zombi” e ineptitud de la policía

A la mayoría de sus últimas víctimas las invitaba a ver pornografía o a sacarse fotos, los drogaba, los estrangulaba, violaba y se masturbaba sobre el cuerpo. Luego tomaba fotografías del cuerpo y de cada etapa del desmembramiento.

Solía utilizar ácidos para deshacer la carne y los huesos, pero también le gustaba conservar la cabeza y los genitales como trofeos y adornos. Otra de sus características era comerse parte de sus víctimas, le daba la sensación de que empezaban a formar parte de él, según declaró después. Subía a un nuevo nivel.

En mayo de 1991, invitó a Konerak Sinthasomphone a su departamento. Este era hermano del joven por el que Dahmer fue procesado por abuso de menores. Lo drogó y le realizó agujeros en el cráneo para inyectarle ácido en el cerebro. Dahmer quería tener control sobre sus víctimas y las trepanaciones era para tratar de convertirlos en una especie de "zombis", por lo que el nivel de locura seguía aumentado.

Sinthasomphone consiguió escapar cuando Dahmer salió a comprar más alcohol y al correr desnudo por las calles los vecinos alertaron a la policía. Cuando se dio cuenta de que se había escapado, lo persiguió y tuvo que enfrentarse a la policía y a una multitud de curiosos.

El adolescente no podía hablar porque estaba aturdido por el ácido que Dahmer le había inyectado en el cerebro. Dahmer argumentó que el joven era su amante de 19 años y que estaba alcoholizado. Los policías los acompañaron hasta el departamento y creyeron su historia de una manera insólita. 

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Si hubiesen revisado apenas sin tocar nada, habrían encontrado un cadáver en una de las habitaciones, además de miles de pruebas de otros asesinatos, entre genitales y cabezas exhibidas como trofeos.

Sinthasomphone fue asesinado ese día. La policía creyó a Jeffrey y depositaron al moribundo joven en una silla. Ni siquiera registraron ni vieron el santuario macabro que tenía en la casa y salieron corriendo ante el hedor que desprendía el interior, lo cual ya era un claro indicio de que algo no estaba bien. Posteriormente Dahmer declaró que tenía obsesión por crear un zombi porque quería un amante silencioso, que hiciera todo lo que él le pedía y que se quedara haciéndole compañía.

Detención y condena a 15 perpetuas

Fue el 22 de julio de 1991 cuando Tracy Edwards, su última víctima (aunque este salvó su vida), consiguió escapar esposado. La policía lo vio y esta vez decidieron investigar. Fueron al departamento del hombre que lo había esposado, Jeffrey Dahmer, y al revisar la habitación descubrieron varias fotografías de cadáveres, restos humanos y una cabeza en el congelador.

Dahmer intentó huir, pero fue detenido. La historia siguió sumando porque la víctima también era perpetrador: Edwards fue identificado, al salir a explicar su caso en televisión, como autor de una violación a una chica poco tiempo antes. Y para completar el combo, Edwards fue acusado de homicidio en 2011. 

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En la casa de Dahmer se encontraron las paredes llenas de rastros de sangre, cuerpos mutilados, siete cráneos, y demás huesos. Días después, vecinos de Dahmer dispararon a las puertas de su casa ante el horror que causaron sus crímenes, como si algo le faltara a esta historia. 

Los psiquiatras que lo atendieron mientras esperaba el juicio sostuvieron que estaba enfermo, por lo que Dahmer se declaró culpable por insalubridad mental, para ser condenado a una cárcel especial para enfermos mentales, pero este atenuante fue finalmente rechazado.

En principio se había declarado inocente, pero cambió su declaración por la gran cantidad de pruebas encontradas en su contra. Era indefendible. El jurado entonces lo declaró mentalmente sano y por consecuencia fue finalmente sentenciado a 15 Cadenas Perpetuas consecutivas.

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Fue enviado a la cárcel Columbia Correctional Institute en Portage, donde fue entrevistado por el perito en perfiles criminales del FBI, Robert K. Ressler. Este experto de fama mundial coincidió en que el condenado tenía que permanecer encerrado durante el resto de sus días. Sin embargo, destacó que debía ser internado en un hospital psiquiátrico y no en una cárcel común, puesto que era un enfermo mental, aunque a veces pareciera estar en su sano juicio.

El criminal admitió haber practicado el canibalismo y devorando los bíceps de uno de sus asesinados. Señaló que se masturbaba ante los trozos humanos y las calaveras de aquellos que consideraba hermosos. Contó a los policías que tenía la sensación de poder permanecer al lado de ellos si los mataba y conservaba sus cráneos. Declaró también que las tres cabezas halladas en su heladera y en su congelador, con la carne intacta, pertenecían a sus tres últimas víctimas.

Asesinado por cuestiones raciales

Ni bien fue enviado al Columbia Correctional Institute, Dahmer no tenía contacto con los presos comunes por su propia seguridad. Pero pidió a las autoridades tener más relación con los otros presos, por lo que comenzó a comer con ellos y a realizar tareas de limpieza.

El 28 de noviembre de 1994 realizaba tareas de limpieza con Christopher Scarver, un esquizofrénico afroamericano, y con Jesse Anderson, quien había asesinado a su esposa y culpado a un hombre negro.

Dahmer había sido acusado de tener motivos raciales en sus homicidios, algo que él desmentía y con un repaso con los nombres de sus víctimas así lo podía acreditar. De hecho, se enamoraba de la mayoría de sus víctimas.
Pero la combinación de presos presentes en aquel momento era muy peligrosa, lo cual desató una pelea en la que Dahmer y Anderson terminaron heridos de gravedad.

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Dahmer murió de camino al hospital y Anderson dos días más tarde. Scarver dijo que golpeó a Dahmer dos veces en la cabeza con una barra de metal de la sala de pesas y luego mató a Anderson.

Dos películas

En 2002 se estrenó una película llamada Dahmer basada en la historia real de este asesino, con Jeremy Renner en el papel de Jeffrey. Fue este protagónico precisamente el que haría mundialmente famoso a dicho actor, quien hoy te puede resultar muy familiar como uno de los Avengers (Ojo de Halcón).

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En 2017 se estrenó (y está disponible en Netflix) otra película biográfica. My Friend Dahmer que fue dirigida por Marc Meyers. Esta película se realizó gracias a la aparición del guión de la misma en la "Lista Negra" en 2014. Esta lista es una encuesta anual de los guiones más solicitados que aún no se han filmado.

El guión está basado en la novela gráfica del mismo nombre, escrita por Derf.

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En esta película Ross Lynch (actualmente de 23 años) hizo el papel de Jeffrey Dahmer pero por ahora su carrera no ha pegado un salto como la de Jeremy Renner. 

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