Las chicas de la escuela primaria de Pariang, en Sudán del Sur, se sitúan en un rango de edad que va de los 5 a los 25 años. Las mayores estudian con las pequeñas y reciben la educación elemental en bancos de madera agrupados bajo los árboles que dan sombra en el patio de recreo. Han luchado frente a las adversidades por estar ahí, saltándose muchos años de colegio por culpa de la pobreza, la inseguridad y la discriminación de género que ponen en peligro a esta joven nación.Cuando Sudán del Sur logró independizarse de Sudán en 2011, las chicas tenían tres veces más probabilidades de morir durante el embarazo o el alumbramiento que de acabar la escuela primaria. Después de décadas de guerra con el Gobierno de Sudán, el recientemente independizado Sudán del Sur se quedó con un sistema educativo prácticamente inoperante. En 2013, un choque entre los nuevos líderes del país condujo a una terrible guerra civil que ha paralizado el desarrollo del país, incluyendo la educación.
Aprender en medio de la pobreza y la guerra
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Bakhita Ngok, 10"Entré al colegio con 7 años porque quería tener educación y también mantener a mi comunidad. Mi asignatura favorita es la enseñanza religiosa. Tengo muchos amigos aquí y todos queremos ser cultos. Quizás me uno a UNMISS en el futuro. Las chicas son iguales que los chicos. Todas las niñas deben ir a la escuela, porque somos iguales". Mary Nyariak, 18 "Empecé a ir al colegio de pequeña, pero tuve que dejarlo y pasar varios años en casa porque mi familia no tenía dinero suficiente para las tasas escolares. Después, volví a la escuela primaria. Este año, mis padres han empezado a presionarme para que vuelva a dejar el colegio, porque no tienen dinero. Pero seguiré estudiando aunque tenga que trabajar para pagar yo misma las tasas. Si no hay otra alternativa, intentaré conseguir un trabajo de vendedora de té en la calle. Si acabo el colegio y empiezo la secundaria, iré a la universidad y seré médico. Quiero ayudar a la gente, especialmente a los que están enfermos".