Mendoza Lunes, 9 de abril de 2018

Teatro premiado: Claudio Martínez y El jardín de María Elena

El querido Claudio Martínez fue uno de los fundadores del grupo de teatro La Libélula. Actor y director, dramaturgo. Se desempeña además como docente de Improvisación I en la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo. Recientemente, con la obra El Jardín de María Elena ganó el premio a mejor grupo, en el rubro infantil de los Premios Escenario.

Por su labor artística ha ganado premios a nivel provincial y nacional. También es fundador del Grupo de Teatro Móvil Mendoza, el cual ha recorrido distintos escenarios de Mendoza. Participo en distintos Festivales a nivel Nacional e Internacional.

Actualmente es director del Grupo de Teatro La Colombina, con el cual creó El jardín de María Elena. Y, a su vez, lleva a cabo otras obras, como Oxigenarse (junto con la Fundación por el Arte y La Coruña) y la dirección de actores de Matar a Lencinas (del Grupo Tanta Traición).

-¿A vos que te hace reír?

-No soy de los que se ríen a carcajadas. Reidor no es una profesión para mí. Pero todo me hace reír por dentro. Todo, todo me hace reír. A veces me acuerdo de situaciones y me río para adentro. Será porque no es bueno en el teatro reírse de los propios chistes.

-¿Qué te impulsó al teatro, cómo llegaste a él?

-Lo social, la herramienta transformadora que es el teatro. Con mi hermano Sergio, que es un gran actor y cuenta cuentos, teníamos un grupo de payasos con nuestros amigos del barrio, clowns nos llamarían hoy. Salíamos a animar a barrios y a los chicos que se refugiaban por un terremoto en las escuelas. Un niño nos esperó un rato largo para agradecernos porque por un ratito se había podido olvidar de lo que le había pasado a su casa. Descubrí que tenía que hacerlo de manera profesional, porque por un ratito de su realidad ese niño había sido feliz. Fue como un compromiso que tomé. Para aprender más en materia de teatro para niños, para brindarles lo mejor de mí como artista. Siempre que hago algo para niños siento que ese niño, está en la platea. Esperando que logremos ese momento. Tarea que puedo realizar por el compromiso que tienen los actores que me acompañan en el Jardín... La energía de los actores es un gran impulso hoy.

-Para alguien como vos, que ha ganado muchos premios, ¿qué significa ganar el premio Escenario?

-Significa un premio a lo grupal, dado que El jardín de María Elena es un conjunto de artistas reunidos en el Grupo de Teatro La Colombina, que además tiene su propia sala en Balcarce 220 de Godoy Cruz. Este elenco lucha denodadamente para llevar adelante un proyecto cultural que crece día a día. Y en lo personal es muy importante sentir que el diálogo que mantengo desde hace años con los niños, tiene su reconocimiento, más el apoyo del voto del público, me da mucha felicidad. Por que además puedo compartir todo ese amor con un gran equipo que me acompaña.

-¿En qué momento de tu carrera te encuentra este premio?

-Estoy atravesando un momento de muchísimo estudio e investigación del teatro para niños. Entiendo al teatro para niños como la semilla del teatro que va a crecer dentro de los pequeños, en sus corazones y con el tiempo los transforma en espectadores adultos, que disfrutan del teatro. De esta forma se vuelven inseparables. Hoy entiendo que tengo que tratar de codificar todo el aprendizaje que significó dedicarle una vida al teatro para niños, profesión maravillosa. Para que todo lo aprendido le sirva a todos aquellos que quieran acercarse a ese universo o que puedan ver cuál fue mi recorrido, en esta hermosísima labor. El premio carga las pilas, para seguir haciendo, para enfrentar el futuro con más teatro para niños. Volví además a encontrarme con un gran artista como Claudio Dilello, un gran escenógrafo con el que compartimos muchísimos montajes. En este momento de mi carrera es como encontrarme con el inicio de nuestros tiempos y lleva a reflexionar sobre el camino transitado.

-¿De qué trata la obra premiada?

-Es un homenaje, un tributo, al legado artístico musical, teatral y literario que significo María Elena para nuestra cultura. Nos vamos a encontrar con la infancia de María Elena representada, su relación con su familia y veremos además cómo descubre los personajes que en un futuro formaran parte de su frondoso universo artístico. Entiendo que todo el mundo reconoce a la María Elena cantautora para niños, y acercarse a su jardín nos permitirá descubrir cómo se convirtió en un artista integral para niños en distintos lenguajes como la literatura, el cine, el teatro. Dejándonos un legado cultural incalculable, extenso y por sobre todo sumamente tierno, dulce, humano.

-¿Además fue llamativo que se presentó todo el invierno a la gorra?

-Por decisión del grupo de teatro La Colombina y la Dirección de la Sala La Colombina. Durante las vacaciones de invierno el grupo de teatro realizó casi 30 funciones con el sistema a la gorra. Lo que nos permitió llegar a muchísimas familias. Fue una decisión de la producción que permitió que todos pudieran participar en la obra. Agradecidos a todos los que disfrutaron del universo de María Elena.

-¿Qué significa y cómo vivís hacer teatro para los chicos?

-El público infantil es un público muy exigente. Lo vivo como un desafío permanente. Es el público que en cuanto algo no lo divierte se distrae, se para, se come un caramelo, empieza a jugar con la butaca. Tengo el desafío de entretenerlo, enseñarle, aprender de él. Siempre se habla de todo lo que los adultos les enseñamos a los niños. Y hoy yo puedo decir que el público de niños me ha enseñado muchísimo de teatro, muchísimo sobre las motivaciones, muchísimo sobre la mirada de nuestra realidad. Los niños enseñan muchísimo. Hay que prestarles muchísima atención a lo que tienen para decirnos. Como así también a las personas que tienen alma de niño, como lo fue y será María Elena. Mi objetivo es dialogar a través del teatro con los niños. Es una bendición de profesión.

-¿Por qué elegís a María Elena?

-Me parece que María Elena es un ejemplo del no encasillamiento. Como artista hizo todo: novelas, literatura, cine, música para niños, para adultos, folclore. Me parece que no tiene fronteras su capacidad expresiva. Descubrir una persona, que tiene tanto escrito, tanto filmado, tanto actuado, tanto cantado, compuesto. Habla de que fue una niña motivada. Elegí a María Elena niña, por que es un ejemplo de que los niños necesitan motivaciones. Imaginar cómo fue el jardín de María Elena, fue imaginar una niña llena de motivaciones. Y a esto se le suma la labor creativa de los actores, nos dejó un sentimiento que realmente era un tributo a la altura de María Elena.

-¿Qué sucede con los chicos de las escuelas que van al teatro?

-En el caso de El Jardín de María Elena las funciones se dan en la sala. Lo que lo hace un momento más inolvidable para los niños porque ellos sienten que visitan el jardín verdadero de María Elena, lo que se denomina convivió en el teatro para niños. La mixtura de lenguajes artísticos que se viven en la sala, la escenografía, la música, las proyecciones, las sombras, la planta de sonido no permite llevarla a la escuela. Pero contar con una sala propia (gracias a La Colombina) nos ha permitido que las seños, con sus ganas que los chicos vieran la obra de María Elena, asistieran a la sala. Los que nos permite brindarles un espectáculo integral. Sumémosle, que las seños, cantan las canciones junto con sus alumnos. Se disfruta un poquito más en la sala. Obviamente que se abran las puertas de las escuelas para que vaya el teatro es una forma de atracción al conocimiento, a las emociones y las vivencias, que las pedagogías modernas estimulan hoy por hoy. El teatro tiene que estar presente en la educación porque enseña, estimula y lo hace reflexionar al niño. Reflexionar es una acción que el teatro les brinda a los niños.

-Con respecto al humor. ¿De qué cosas se ríe la gente en estos tiempos?

-La ingenuidad, la frase corporal, el gag es un recurso casi propio del teatro para niños. Lo ingenuo es parte de su vida, de su descubrimiento del mundo. Cuando uno como actor o director genera algo desde la ingenuidad, es una comunión entre el artista y su público de niños que llena el corazón de ambos y se produce un dialogo inolvidable para ambos.

-¿Qué es lo más lindo que recordás de tu carrera?

-Cuando uno puede trabajar de lo que ama. La cantidad de recuerdos es interminable. Pero cuando preparo unos gags, un remate, con los actores y funciona sentís la hermosa música de una platea llena de niños que se ríe, con sus familias, con sus maestros, y todos estamos compartiendo un momento efímero que nos brinda el teatro, irrepetible, ingenuo, gracioso, amoroso. Esa música, la de los niños riendo todos juntos, te acompaña toda la vida. Es algo maravilloso.

-¿Cuántos años llevás en el teatro?

-Llevo más de 30 años de profesional y soy famoso por contar anécdotas teatrales todo el tiempo. Vengo de una familia de barrio, y un día del niño habían organizado en la unión vecinal, un concurso de malambo. Yo tendría unos cuatro años y me inscribí. En mi vida había bailado malambo, en realidad no había bailado nada pero había de premio una pelota. Me subí y bailé un malambo a mi manera. Creo que ese momento me convirtió en profesor de improvisación. Mi familia no lo podía creer. Desde ese día, a mis cuatro años, actúo e improviso. Y nunca me dio miedo subirme a un escenario. De esto hace mucho tiempo.