Mendoza Viernes, 1 de junio de 2018

La sede del Poder Judicial de Mendoza, patas para arriba

Se debe a la disolución de las cámaras del crimen y a la puesta en marcha de los Tribunales Penales Colegiados.

El Palacio Judicial de Mendoza está patas para arriba por la disolución de las cámaras del crimen y la puesta en funcionamiento de los Tribunales Penales Colegiados.

Caminar por los pasillos en busca de tal o cual oficina es, por estas horas, más propio de una aventura de Indiana Jones que de abogados, empleados y/o ciudadanos de pie. El edificio está sembrado de objetos de diversa utilidad mientras un ejército de empleados de mantenimiento traslada bienes muebles de un lado a otro.

Salvo en el cuarto piso, donde funcionan los despachos más encumbrados y la calma casi podría tocarse con los dedos, en los demás niveles hay una gran mudanza en desarrollo. Y en las mudanzas -pequeñas o a gran escala, pero mudanzas al fin de cuentas- reina el caos, y hay cosas útiles y no tanto desperdigadas por todos lados.

Por ejemplo, el crucifijo de metal bruñido que durante varios años lució en las paredes de la Octava Cámara del Crimen -ese tribunal que tantos dolores de cabeza le causó al Gobierno por el caso Tupac Amaru-quedó sobre una pila de códigos y otros volúmenes sobre un mesón, en medio de lo que hasta doce horas antes era la secretaría del tribunal y ahora es como una postal de posguerra.

Clic. Clic. El fotógrafo de Diario UNO se da un banquete mientras por el pasillo desfilan seis empleados que sudan la gota gorda con un armario de puertas vidriadas que deberá recalar a casi cien metros de allí. Clic. Clic. El camarista Eduardo Martearena advierte la presencia del reportero gráfico, saluda y se mete rapidito en la que hasta horas antes había sido su oficina. Sin papeles ni expedientes a la vista y en medio de semejante desolación, el usía, al igual que otros colegas, busca refugio en el celular. A pocos metros, el personal de Mantenimiento revisa el lugar y toma medidas, calcula y proyecta modificaciones. Carteles recordatorios pegados en las paredes con cinta es de lo poco que queda allí del pasado reciente. Ni el cartelito identificatorio sobrevivió.

Sigamos. Los descansos de las escaleras y los extremos norte y sur de los pisos, salvo el cuarto, se han vuelto depósitos y/o cementerios de sillas, sillones, destartalados bancos de madera de las salas de audiencias y destinados al público, armarios, ¡una heladera!, atriles, mesas y mesones, ventiladores de pie, ventiladores de techo y mucho más.

La recorrida matinal permite divisar dos cajas fuertes como las de las películas. De gran tamaño, con inscripciones de los años '60 talladas en las puertas por los fabricantes. Una es verde. La otra, gris. Impactan a quienes se las encuentran en tránsito. Lógico. Nadie va por la vida topándose con cajas fuertes, salvo en el Palacio Judicial. Sus puertas tienen varios cerrojos. Alguna vez sirvieron para resguardar pruebas valiosas y expedientes no solo del paso del tiempo, sino de las garras de alguien sumamente interesado.

A lo lejos, un cuaderno con porte de libro de anotaciones está a punto de caerse desde una pila de papeles cerca del pasillo. Peligrosamente cerca. DETENIDOS avisa desde la tapa. Muchos lo observan. Sus páginas, claro está, deben acuñar decenas y decenas de nombres y apellidos de hombres y mujeres cuyo destino de prisión o libertad se definió entre las paredes de ese tribunal.

Cambios y más cambios. Sin cesar. Otro caso. El personal de una oficina vinculada a tratar las estrategias comunicacionales del Poder Judicial recibió el miércoles una nueva oficina para equipar con sus computadoras y mobiliario. A la mañana siguiente recibieron una noticia inesperada: debían desmontar todo y mudarse a una oficina lindera.

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