Mendoza Domingo, 26 de agosto de 2018

La historia de Marito, el niño que vivió en el Perrupato

El reconocido doctor Oscar Martínez (97) cuenta la vida del muchachito que llegó desde el Norte del país con un cuadro cardíaco complejo e hizo del hospital su casa

Cuando el niño murió estuvo a punto de convertirse en un culto. Durante los primeros años, su tumba siempre estuvo repleta de flores. Pero el tiempo hizo estragos en la memoria y hoy el sepulcro es imposible de ubicar en los pasillos del cementerio de Buen Orden. Ya son muy pocos los que recuerdan a Marito Gaspar, el niño sin familia que vivió en el hospital Perrupato, de San Martín.

Pero al olvido absoluto se le opone Oscar Alfonso Martínez. Tiene 97 años y la virtud de haber guardado por escrito mucho de lo que vivió como médico en San Martín, como director del hospital y hasta como fundador del Círculo Médico del Este.

Nacido en Colón, provincia de Buenos Aires, se recibió de médico cirujano en la Universidad Nacional del Litoral, en 1950. "Vinimos con mi familia de visita a Mendoza a principios de ese año. Yo tenía pensado instalarme y ejercer cerca de mi lugar de origen, pero en mi estadía acá me empezaron a insistir para que me quedara", recordó.

Martínez comenzó a trabajar en el Hospital Regional de San Martín, cuando todavía estaba en la manzana céntrica donde hoy están las unidades fiscales, la comisaría y las escuelas Butera y Técnica, entre otras dependencias. "Comencé como médico de guardia y después me hice cargo de la Sala Clínica de Hombres, que llevaba adelante el doctor Alfredo Perrupato", contó Martínez.

El caso de Mario Gaspar ocurrió alrededor de 1973.

El niño, que se estima tenía entre 10 y 12 años, ingresó al hospital con un cuadro cardíaco complejo. Los dos trabajadores golondrinas que lo llevaron no eran sus padres. "El niño se había colado en algún grupo de trabajadores que había viajado hacia Mendoza desde Salta. No hubo forma de saber quiénes eran sus padres y de dónde venía exactamente. Era un NN, sin documentos", contó el médico.

El estado de salud del niño, que dijo llamarse Mario Gaspar -se dio por válido ese nombre para llamarlo-, y su falta de familia hicieron que se quedara alojado indefinidamente en el hospital. "En ese tiempo todavía estaban las monjas y ellas se encargaban de él", recordó Martínez, y agregó que "era un niño muy simpático, muy agradable, inteligente, que se hacía querer".

Marito, como le decían todos, usaba los recipientes de suero descartados para hacer juguetes. "En los horarios de visita se dedicaba a vender esas artesanías". Además recibía instrucción escolar y demostraba que tenía una gran capacidad para adquirir conocimientos.

"Marito tenía una cardiopatía reumática y en un momento se hizo imperioso trasladarlo a Buenos Aires", contó el médico.

Fue así que "con gestión de dos médicos que eran peronistas y que tenían contactos en la Nación se logró que un avión sanitario lo llevara a Buenos Aires".

El niño estuvo varios meses internado allá. "Una mujer que lo cuidaba nos contó después que Marito decía que su único deseo era regresar al hospital de San Martín y argumentaba que ahí era el único lugar donde lo habían querido y tratado como si fuera parte de una familia", recordó Martínez.

Pero la cardiopatía "resultó ser inoperable y un día me llamaron de Buenos Aires para avisarme que el niño había fallecido". Fue un 15 de septiembre y eso en un hecho, pero el año es difuso. Quizás haya sido 1975.

Sin padres ni tutores, sin documentos y sin hogar ni domicilio formales, lo normal y legal hubiera sido que el cuerpo de Marito se quedara en Buenos Aires. "Pero una de las monjas me dijo que él quería volver con nosotros y lo tenemos que traer. Así, un furgón y una comitiva improvisada y curiosa fueron a buscarlo.

Fue velado en el hospital "y todos dijimos algunas palabras. Fue muy fuerte, muy conmovedor para todos. El niño se había hecho querer muchísimo".

La Municipalidad le donó al hospital una parcela en el cementerio de Buen Orden y allí fue enterrado, acompañado por una multitud.

"Fui durante algunos años y siempre encontré la tumba muy bien cuidada y con flores. Evidentemente iba gente a verlo", recordó el doctor.

Hoy Martínez tiene 97 años y es uno de los homenajeados en estos días, cuando se cumplen los 100 años de la fundación del Hospital Regional, ahora llamado Alfredo Perrupato.

Quizás el próximo martes, cuando a las 10 en el aula magna del hospital el profesor Alejandro Ravazzani hable de la historia sociocultural del hospital Perrupato, la parte más feliz de la vida del niño Mario Gaspar merezca algún párrafo.