Hace 90 años, Miguel Escorihuela convencía a Mendoza de que su obra, el Pasaje San Martín, era segura y habitable.

El inmigrante que derrotó a los terremotos con el Pasaje San Martín

Por UNO

En 1861, dos meses después del sismo más destructivo de su historia, la Mendoza devastada amanecía alimentando sueños de reconstrucción. Nadie imaginó que a esa hora, del otro lado del Atlántico, la española Rosa Gascón estaba dando a luz a su noveno hijo: Miguel Escorihuela Gascón, el hombre que venció a los terremotos.

La epopeya del aragonés se cristalizó el 14 de abril de 1927: el Pasaje San Martín, primer edificio de altura de Mendoza, que él había mandado a construir e inaugurado un año antes, y que no sufrió ni un rasguño pese a la furia de los 7,1 grados Richter que se desataron a las 6.23, causando daños y muerte en el Gran Mendoza.

El premio fue sublime: los departamentos y locales del pasaje comenzaron a poblarse de habitantes, emprendedores, oficinistas y público que le habían dado la espalda por miedo a perder todo en un terremoto: bienes, propiedades y la vida.

Atrás fue quedando el mote de loco que recibiera por haber edificado en altura en esta zona sísmica. También el tentador ofrecimiento de obsequiar los tres primeros meses de alquiler a quienes confiaran en la calidad de la construcción sismorresistente de hormigón armado.

Así, con sus cúpulas, sus bellos vitrales, su torre de siete pisos y sus cuatro pisos de departamentos y oficinas, el Pasaje San Martín se erigió en guardián solitario desde lo más alto de Mendoza. Ubicado en San Martín 1136 (casi Peatonal Sarmiento) fue creado con estilo francés, a imagen y semejanza de obras ya existentes en Buenos Aires: galería General Güemes (hoy Pasaje Güemes) y galerías Pacífico.

Es un símbolo de Mendoza y tuvo su época de esplendor entre los '50, '60 y '70. Comercios de alta categoría internacional atraían a los mendocinos pudientes y curiosos por igual: sastrerías, camiserías, la revistería Soto (donde vendían revistas importadas y diarios de circulación nacional) y la peluquería de Miguel Di Lorenzo. Familias enteras vivieron en los departamentos, algunos de los cuales pasaron a manos de su descendencia. Abogados y otros profesionales radicaron sus oficinas allí.

 Embed      

Hoy, aunque la luz cenital de los vitrales traídos por el aragonés siga dando vida a sus interiores, y aunque la familia Caliri siga deslumbrando desde su tabaquería abarrotada de pipas y tabacos, y cartas, dados, telescopios y otros objetos dignos de un señor regalo; y aunque la Sastrería London siga recibiendo a clientes de añares y de ocasión, el Pasaje San Martín también acusa el paso del tiempo y las crisis. La falta de continuidad a través de las generaciones, dicen, derivó en el cierre de locales de primer nivel.

Sin embargo, acaso atravesados por el inderrotable espíritu del recordado aragonés, habitantes, administradores y comerciantes de hoy siguen de pie y se reinventan, tan firmes y envarados como el histórico edificio que los cobija.

-El Pasaje San Martín sigue siendo un ícono arquitectónico y artístico de Mendoza. Es patrimonio provincial desde 1997.

-Lo distinguen sus coloridas cúpulas y bóvedas con vitrales. Fue la primera galería comercial con viviendas colectivas en altura.

 Embed      
Foto: Walter Moreno.
Foto: Walter Moreno.
 Embed      

Temas relacionados: