Mendoza Martes, 10 de abril de 2018

El horario de comercio: cambios y consecuencias

La discusión por el horario corrido en el comercio se pone en el tapete con argumentos en contra y a favor.

No es nuevo el debate por el posible horario corrido en el comercio de Mendoza, y lo más seguro es que esta discusión se instale por mucho tiempo y caldee varias sobremesas de los mendocinos. Esta situación se da en un contexto en que ya muchos negocios hacen horario corrido, sobre todo mayoristas y distribuidoras y unos cuantos minoristas que funcionan en shoppings o hasta en el mismo microcentro de la ciudad de Mendoza.

El lunes desde una de las cámaras que nuclean a los comerciantes y desde uno de los sindicatos salieron a plantar bandera en contra de la propuesta de cambio al régimen establecido. Los argumentos, válidos, fueron entre otros los derechos adquiridos, costumbres, idiosincrasia. No obstante, también es cierto que a la hora de hablar de descanso, comida e higiene las partes prefirieron que todo siga igual, ya que los costos económicos que proponen ese cambio formal serían, piensan, mayores a los de los ingresos que se generen.

La verdad es que si este tema está en el tapete es porque hay muchos comerciantes y empleados que quieren o necesitan ese cambio con argumentos también válidos: los clientes se van en la siesta a los centros comerciales, los turistas pasan horas deambulando en las principales horas de sol sin poder hacer sus compras, hay empleados que los tiempos de traslado no les permite un descanso y sólo les ocasiona un gasto. Agregan otros que el horario corrido permitirá un desarrollo de otras actividades lúdicas, deportivas y culturales, que se abre un espacio de tiempo para los affter y los espectáculos sin que se haga tarde. O, también, que se cenaría antes y se dormiría más y mejor, que se ahorraría en transporte, en energía y que es más seguro, entre otros argumentos.

Mendoza tiene un contexto en el que todo cambio arrastrará consecuencias para bien o para mal, que son determinantes para el análisis más allá de las costumbres, el marco regulatorio para la actividad.

Hay que tener en cuenta cómo afectan el caótico tránsito; la falta de estacionamientos; un transporte público colapsado, lento e inseguro; los horarios de las escuelas que no coinciden con los de los trabajos de los padres de los alumnos, y así podríamos seguir.

Más allá de los planteos y la toma de posición cada vez son más los que ponen sus propios horarios, y la tendencia es que se sigan flexibilizando.