Como suele pasar con los edificios patrimoniales, están ahí, en medio de la ciudad, siendo testigos mudos de la vida cotidiana de los mendocinos. Pocas veces observados en el detalle de su arquitectura, suelen ser mirados cuando algo les sucede. Sólo allí empiezan las preguntas de cuándo, cómo y por qué. Con el Espacio Contemporáneo de Arte (ECA), pasó eso: el incendio de su cúpula inigualable hizo recordar su valor histórico y puso otra vez en agenda el poco apego a los bienes que son patrimonio.Sin embargo, siempre surgen quienes recuerdan y trabajan para preservar. Esta vez, el arquitecto Luis Martinelli, nieto de Ernesto Martinelli -el constructor del ECA-, acercó datos sobre el origen del emblemático edificio.Foto en mano, Luis muestra a su abuelo -o nono- como le gusta llamarlo, junto al diseñador del ex Banco Mendoza, el ingeniero Carlos Agote, muy famoso en su época, con los planos, en una jornada de trabajo en la misma obra, que fue realizada entre 1914 y 1918, por lo tanto, el edificio ya tiene casi 100 años.Y aunque él era muy pequeño, la historia familiar indica que el ingeniero Agote convocó a Ernesto para hacerse cargo de la construcción de la obra pensada especialmente para funcionar como entidad financiera, con todo lo que eso implica. Ambos se habían conocido en Buenos Aires durante la construcción de otra bella obra diseñada por Agote, el Palais de Glace, en 1910, una pista de patinaje sobre hielo de 21 metros de diámetro, con una estructura similar al ECA. Hoy ese lugar funciona como un centro de exposiciones de arte, pero ya no tiene su cúpula, lo que hace más valiosa la del edificio de la calle Gutiérrez y 9 de Julio, de la ciudad mendocina.Como Martinelli aceptó el desafío de hacer el edificio, se instaló con toda la familia en Mendoza, dejando una dinastía de 7 arquitectos con ese apellido, entre ellos, su nieto Luis.Desde entonces, Ernesto Martinelli realizó varias obras emblemáticas como el Arco del Desaguadero, en La Paz; o las Playas Serranas del parque San Martín, o algunas casas particulares, como la casa Arizu, de la calle Patricias y Gutiérrez, de Ciudad, o el hotel que se llevó el río Salado en Los Molles, en 1930, más una serie de edificios militares en alta montaña, como el Campo Los Andes, en San Carlos, Uspallata en Las Heras o Barriales, en San Martín. Las características Según Luis, el ECA fue construido de tal forma que hoy "podría denominarse como una obra reglamentaria, porque es una obra con estructura de hormigón, mampostería y la cubierta es una losa de hormigón armado".Además, explicó: "Es un edificio bien diseñado, muy bien construido y utilizando criterios de cálculo estructural y hormigón como para que perdure en el tiempo. Es un edificio neoclásico, con alguna connotación italianizante, por la posición de la cúpula, y tiene alguna reminiscencia de la arquitectura eclesiástica, con las esculturas de coronamiento en el techo, con esas ventanas elongadas verticales, con curvas puras que obedecen a esa línea. Es un edificio adusto, si lo comparamos con el ex Banco Hipotecario, que es más barroco. Esto se debe a que fue pensado sin lujos interiores: tiene una escalera con mármol de Carrara, con una baranda preciosa de fundición; los pisos están muy bien hechos, de buen material, pero no se ven cosas despampanantes, es evidentemente un edificio administrativo".De todos modos, tiene características de época muy particulares, como las columnas de orden gigante, es decir, aquellas que ocupan varios niveles y que fueron desarrolladas exitosamente por Miguel Ángel, al igual que la organización de todas las actividades administrativas del banco entorno al círculo debajo de la cúpula, donde el público circulaba por el perímetro para hacer sus trámites, bajo la luz natural.Luis comentó que su familia siempre tuvo relación profesional con el edificio, por más de 40 años, y hasta donde recuerda, estaba en buenas condiciones. Pero recalcó: "El mantenimiento de los edificios patrimoniales en Argentina no forma parte de ningún estándar de calidad, prácticamente diría que no existe. Si se rompe algo, tal vez, se hace sobre algo crítico, como una cañería de agua o de luz, pero mejorar el edificio, preservarlo, eso no sucede nunca".
Fue construido para el Banco Mendoza por Ernesto Martinelli, entre 1914 y 1918, por pedido del arquitecto Carlos Agote. Con un estilo neoclásico italianizante, su cúpula fue pensada para desarrollar la actividad bajo la luz natural del día



