Rincones de Mendoza

Qué son las cajas ocultas del Pasaje San Martín y para qué se usaban

Un hallazgo en el Pasaje San Martín ilumina cómo se vigilaba la noche hace un siglo, cuando el silencio aún dominaba la ciudad

Los fantasmas suelen dejar pocas huellas. Los difumina el paso del tiempo hasta que de pronto, en un rincón de la ciudad, asoma un rastro de sus discretas existencias. Es lo que ocurre en el Pasaje San Martín -en pleno centro de Mendoza- cuando uno se adentra en esa galería que está a punto de cumplir un siglo.

El caminante atento verá que, embutidas entre las paredes, hay piezas de dos antiguos mecanismos. Nadie sabe cuándo fue la última vez que se usaron, y durante décadas permanecieron ahí como un secreto casi a la vista. Uno de los aparatos tiene el número 6, por lo que se supone que había al menos esa cantidad ¿Para qué servían?, ¿quién los usaba?

pasaje San Martín relojes
Uno de los mecanismos embutidos en las paredes del pasaje San Martín.

Uno de los mecanismos embutidos en las paredes del pasaje San Martín.

"Estábamos mirando sin ver"

La respuesta no está a la vista. Hay que ir a buscarla. Y hace tres décadas que Leo Aguilera trajina las baldosas del pasaje, así que ha tenido tiempo de conocer cada centímetro. El encargado todavía recuerda cuando en sus madrugadas de cuidador nocturno se dedicaba a oír los ecos de las cañerías, o a identificar los pasos de algún transeúnte en las veredas desoladas.

Por eso sabe que el Pasaje San Martín posee múltiples facetas estéticas, políticas y humanas. "Hemos investigado en las paredes, de hecho, y hemos encontrado hasta siete capas de pintura que te van mostrando los colores de cada época", ejemplifica. De la misma forma, los hombres y mujeres que pasaron por ahí dejaron su marca.

Leonardo Aguilera pasaje san martín 2
Leonardo Aguilera, un histórico del Pasaje San Martín, se puso a buscar viejos relojes para investigar cómo funcionaban algunos aparatos de la galería.

Leonardo Aguilera, un histórico del Pasaje San Martín, se puso a buscar viejos relojes para investigar cómo funcionaban algunos aparatos de la galería.

Inaugurado oficialmente el 11 de noviembre de 1926, el Pasaje San Martín fue el primer edificio en altura de Mendoza, con estructura de hormigón armado y diseño inspirado en las grandes galerías comerciales europeas, con tres sectores: uno de viviendas, otro de oficinas y otro de comercios.

"Hemos pasado y pasado por ahí, y siempre vimos a esos aparatos en las paredes sin observarlos realmente. Entre tantas pasadas, un día decís ¿esto qué es?", recapitula Leo.

Claro: todo el mundo mira la cúpula, porque el pasaje San Martín tiene la mayor concentración de vitrales de la provincia, con más de 300 metros cuadrados de cristales que se confeccionaron en hornos a leña y luego fueron traídos desde Francia como muestra de la pujanza de la burguesía provincial.

Entonces hacer foco en un rinconcito, en la hoquedad mínima de un muro, se convierte en un pequeño gesto político.

Recuerdos del terremoto fatal

Como pasa con los relojes, hay palabras que se van olvidando porque el mundo las deja de lado. Es el caso de conticinio, que se refiere a esa hora de la noche en que todo está en silencio. Ahora ya casi no existen los conticinios. Siempre hay un ringtone, una televisión encendida, un faro que sisea en la calle o un perro que ladra.

Sin embargo, cabe imaginar que allá por 1926 sí existían conticinios. En ese silencio casi absoluto, los guardias del pasaje tenían la tarea de no dormirse y de completar sus rondas para cuidar la seguridad.

Leo aporta: "Es fácil decir hoy que este fue el primer edificio en altura de Mendoza. Pero, ¿qué significaba eso en 1926? Habían pasado 65 años desde el gran terremoto de 1861, que destruyó a la ciudad. Es decir que todavía quedaba en la memoria popular el recuerdo de aquello, y tal vez algún abuelo que lo comentaba".

-O sea que vigilar ahí de noche no era tan sencillo... el silencio, el miedo a los temblores...

-A tal punto, que seguramente ellos decían 'si vuelve a temblar así, con nosotros dentro de este edificio de 8 pisos, seguro nos morimos".

-Pero se quedaban.

-Se quedaban, sí.

A lo anterior hay que sumarle otro dato que le tiró a este cronista un colega veterano entre evocaciones risueñas: años atrás, el Pasaje San Martín supo ser lugar de chape. Las parejas se escabullían por sus vericuetos en busca de intimidad, y los guardias deben haber tenido la misión de interrumpir esos embates amorosos.

pasaje san martín Mendoza
El Pasaje San Martín todavía esconde muchas historias en el corazón de Mendoza.

El Pasaje San Martín todavía esconde muchas historias en el corazón de Mendoza.

¿Quién vigila a los vigilantes?

El sistema operaba como un registro que no admitía discusiones. El vigilante recorría los pasillos del edificio cargando un pesado reloj portátil de bronce y cuero -similar en su forma a una cantimplora- que contenía en su interior un disco de papel graduado por horas.

En puntos estratégicos de la construcción, se instalaban estaciones fijas con llaves encadenadas. Son las que se encontraron en las paredes de la galería: al llegar a cada una, el guardia insertaba la llave en su reloj, accionando un mecanismo que perforaba o estampaba un carácter único en el círculo de papel.

disco de papel seguridad pasaje san martín
Un círculo de papel similar al que se utilizaba para controlar las rondas de los guardias de seguridad en el Pasaje San Martín.

Un círculo de papel similar al que se utilizaba para controlar las rondas de los guardias de seguridad en el Pasaje San Martín.

De ese modo, la máquina documentaba con precisión mecánica el minuto exacto en el que el sereno se encontraba en cada rincón del inmueble.

Esta tecnología era, en esencia, el antepasado mecánico del GPS y las cámaras de seguridad, impulsada principalmente por las exigencias de las compañías de seguros de la época, que daban beneficios a los comercios que tuvieran vigilancia sofisticada.

Al finalizar la jornada de trabajo, el administrador abría el reloj con una llave maestra para retirar el disco. Y al mirarlo, podía ver los agujeros y verificar si el personal había cumplido con sus rondas o si se había echado a dormir. Cualquier intento de manipular el dispositivo o saltearse una estación quedaba registrado, garantizando que ninguna zona del edificio fuera desatendida.

Hasta el momento se han hallado en el Pasaje San Martín dos cajas de estos relojes. Una de ellas tiene el número 6, lo que sugiere que funcionaban al menos otras 5. Es decir que puede haber, en otros lugares del edificio, otras cajas escondidas, tapadas con cemento u olvidadas. Vaya a saber qué otros secretos siguen ahí.