Aeronáutica local

El desconocido mundo de los fanáticos de volar y los seis aeroclubes en Mendoza que viven su mejor momento

Con historias casi centenarias, los aeroclubes mendocinos atraviesan una etapa de esplendor gracias al aumento en el interés por las escuelas de piloto. Dos aeródromos buscan reactivarse, uno va por la ambición de formar parte de un nuevo aeropuerto y a todos los une un legado familiar y la misión de brindarse al servicio de la comunidad.

Detrás de los aeroclubes se esconde un increíble y desconocido mundo, cargado de historias centenarias, de tradición y de fanatismo que excede a quienes se dedican al arte de volar. Y los excede porque esas largas pistas que generalmente habitan terrenos de grandes dimensiones al costado de una ruta o en pleno campo, con sus fachadas de chapas y siluetas aeronáuticas, forman parte de la fisonomía de un pueblo. Son identidad de una ciudad, legado que contra todo pronóstico muestra hoy estar más vivo que nunca.

Pese a que en el mundo los aeroclubes tiende a desaparecer ante el avance de escuelas de aviación privadas, en Argentina –y en nuestra provincia en particular- mantienen su impronta y se aggiornan a los nuevos tiempos. Aunque con vaivenes, claro, pero allí están y merecen ser visibilizados.

Un aeroclub es una asociación civil sin fines de lucro que asienta en un aeródromo. La infraestructura aeronáutica está formada por aeródromos, helipuertos y Lugares Aptos Denunciados (LADs). Los aeródromos pueden adquirir cierta envergadura en función de movimiento de aeronaves o servicios que allí se presenten, y por eso se definen como aeropuertos. Si el aeropuerto cuenta con servicios de Aduana y Migraciones, entonces es internacional.

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El Aeroclub Mendoza es el segundo más antiguo del país, hoy cuenta con unos 80 alumnos en su escuela de aviación.

El Aeroclub Mendoza es el segundo más antiguo del país, hoy cuenta con unos 80 alumnos en su escuela de aviación.

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Mendoza tiene tres aeropuertos: el Internacional El Plumerillo, en San Rafael el “Santiago Germanó” y en Malargüe el “Ricardo Salomón”. Mientras que el aeropuerto de Mendoza es internacional permanente, los de San Rafael y Malargüe son internacionalizables a requerimiento (por ejemplo, para la temporada de Las Leñas).

En tanto, la provincia cuenta con seis aeroclubes en actividad y dos aeródromos que buscan reactivarse. Excepto en el norte mendocino, en el resto de los puntos cardinales de nuestro territorio se mantienen estos lugares de aviación, casi todos con algún tipo de ayuda estatal.

Entrañables recuerdos de infancia traen consigo los aeroclubes, de domingos compartidos en familia o con amigos disfrutando acrobacias aéreas o de valientes soñadores adentrándose en un vuelo de bautismo –vivir la experiencia por primera vez-. Esa idiosincrasia que se palpita sobre todo en ciudades alejadas de las capitales, permanece intacta cuando visitamos un aeroclub, espacios dedicados a la aeronavegación que en muchos casos se fundaron antes que la ciudad a la que pertenecen.

De hecho, la provincia de Mendoza tiene el segundo aeroclub más antiguo del país, y el primero centenario que está en funcionamiento. El Aeroclub Argentino fue pionero, pero lleva muchos años inactivo; le sigue el Aeroclub Mendoza con 108 años de trayectoria y que funciona en La Puntilla, Luján de Cuyo.

Este aeroclub, el más conocido de nuestra provincia, atraviesa un proceso de cambio ya que –junto a la Municipalidad de Luján- trabajan en un ambicioso proyecto para trasladar sus instalaciones a la zona de la Destilería en el marco de la construcción de un aeropuerto que buscará ser el segundo en importancia para la región.

Y por el otro lado, también hay dos aeroclubes cerrados que pelean por reabrir sus pistas. El que está más cerca de conseguirlo es el de Tupungato, mientras que el de Uspallata se encuentra un tanto abandonado por el municipio de Las Heras que firmó un convenio hace unos años para ayudar a que vuelva a funcionar como una necesidad para emergencias sanitarias y climáticas de Alta Montaña, sin embargo todo quedó en la nada.

Cualquier persona ajena al universo aeronáutico podrá preguntarse cómo hacen para subsistir los aeroclubes, siendo entidades sin ánimo de lucro administradas en su mayoría por segundas o terceras generaciones de aeronavegantes, en un país en crisis con el dólar para un rubro donde casi todos sus componentes están dolarizados. Porque los aeroclubes de la provincia tienen entre uno y cinco aviones propios que hay que mantener y renovar. ¿Cómo hacen, mejor aún, para estar pasando en la actualidad un momento de esplendor?

La clave está en las escuelas de piloto que ofrecen y que en los últimos tiempos ha crecido considerablemente, recibiendo incluso alumnos de otros países como Chile. A estos cursos se suman las actividades recreativas o deportivas en sí, como los vuelos turísticos y de bautismo.

Y este fenómeno se da a contramando del resto del mundo, ya que los aeroclubes a nivel global van desapareciendo, ganando terreno las escuelas privadas de vuelo. Entonces, los aeroclubes de Mendoza se convierten en una buena opción, ofreciéndose como espacios para aprender el arte de volar a costos más accesibles.

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El último avión que recibió el Aeroclub Uspallata fue el de Brad Pitt para la película que allí filmó. En 2019, mediante convenio con el municipio de Las Heras, se intentó refuncionalizarlo.

El último avión que recibió el Aeroclub Uspallata fue el de Brad Pitt para la película que allí filmó. En 2019, mediante convenio con el municipio de Las Heras, se intentó refuncionalizarlo.

Alrededor de unos $50.000 sale la hora de vuelo con instructor. Para un vuelo de bautismo de menos de media hora hay que calcularle lo mismo, pueden viajar hasta tres personas. Si el vuelo llega a la hora en el aire habrá que duplicar ese monto. En cuanto a la escuela de piloto privado, abarca 40 horas y una hora aproximadamente está en $65.000 pesos. En cuanto a los paseos aéreos para el turismo, que tienen una capacidad máxima de tres pasajeros, se dan múltiples experiencias que van de los $35.000 y pueden llegar a los $225.000, todo dependiendo del recorrido y el tiempo en el aire.

Mendoza se ha vuelto un polo de desarrollo aeronáutico, según los especialistas consultados en este informe. Y lo avala, además del interés creciente en hacer la carrera aeronáutica, el hecho de que en la provincia se arman aviones en un aeródromo privado de Rivadavia, los aeroclubes renuevan sus flotas y programas como la lucha antigranizo o el combate de la mosca del Mediterráneo permiten contratar pilotos y ellos sumar horas de vuelo para alcanzar la licencia comercial.

Alta demanda de pilotos a nivel mundial

Los seis aeroclubes de Mendoza activos tienen sus escuelas de aviación. Y ven un crecimiento exponencial en los últimos años, con alumnos y alumnas de sus comunidades pero también de afuera. Consideran que el interés se genera a partir de la gran demanda que hay en pilotos, sea para aviones privados, de la agroindustria o sanitarios como para volar aviones de línea comercial.

El Aeroclub Mendoza de Luján de Cuyo se encuentra “con muchos alumnos tomando clases de vuelo que después van consiguiendo trabajo de forma casi inmediata”, afirma Cristian Tsalis, de la comisión directiva. Es el lugar que más alumnos tiene: unos 80. “Los aeroclubes de Mendoza formamos una red, todos estamos con gran demanda de jóvenes que quieren tener sus horas de vuelo para ser pilotos de avión; tenemos chicos que quieren hacer la carrera profesional y también los que lo hacen por hobby, hay mucho movimiento que arrancó después de la pandemia”, sostiene.

A ellos les sigue en cantidad de interesados el Aeroclub de San Rafael. Fundado en 1935, desde entonces forma pilotos para líneas aéreas, privados o deportistas. Cuenta con 40 alumnos del sur mendocino y unos 15 extranjeros, sobre todo de Chile.

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Actividades recreativas también ofrece el aeroclub de San Rafael, con acrobacias aéreas y vuelos de bautismo.

Actividades recreativas también ofrece el aeroclub de San Rafael, con acrobacias aéreas y vuelos de bautismo.

“Hoy nuestro aeroclub está pasando su mejor momento, en cuanto a cantidad de alumnos que es récord en nuestra historia, de pilotos e instructores que hemos formado. La mitad de nuestros pilotos se van a las líneas aéreas, a la lucha antigranizo o al Iscamen, tenemos pilotos nuestros volando en Europa. Esto nos ratifica que está buena la función que estamos cumpliendo”, expresa Marcelo Merelo, presidente del aeroclub sanrafaelino que cuenta con tres simuladores de vuelo, seis aviones para instrucción y aviones privados. “Ahora queremos adquirir un avión bimotor que sirva para la sociedad, para hacer traslados o lo que sea necesario”, anuncia Merelo.

Por su parte, Tsalis aporta: “Hay faltante de pilotos, muchos se van afuera porque ganan el triple, entonces se da un resurgimiento de la carrera porque es relativamente rápida y accesible, con una salida laboral asegurada; hacer el curso de piloto en dólares, en Argentina, es cinco veces más barato que en Chile, por ejemplo”. El Aeroclub Mendoza tiene tres aviones propios de instrucción y 15 aviones privados. El de San Martín acaba de comprar una aeronave para sumarla a su flota.

Jóvenes aviadores, de exportación

Ese aeroclub de la zona Este cumplirá en dos años su 80° aniversario. Pegado al autódromo de San Martín, no cuenta con ayuda estatal, se mantiene gracias a la cuota de sus socios y con la escuela de aviación y la de planeador que suman cerca de 40 alumnos. Las clases de planeador son más económicas y con ellas se dan los primeros pasos para un futuro piloto de avión.

“Con 15 años y nueve meses de edad ya podés ingresar a la escuela de planeador; así que tenemos muchos jóvenes que van escalando con esta primera licencia y siguen la escuela de aviación para ser pilotos privados, y por último acceden a la licencia comercial; para eso necesitan 200 horas de vuelo”, detalla Alejo Moiso, tercera generación de pilotos. Y destaca: “Por eso vemos chicos de 21 o 22 años que ya están volando, la salida laboral es inmediata, Chile está requiriendo 300 pilotos y no los tienen”.

El problema que afronta hoy el Aeroclub San Martín es el de la delincuencia. “No podemos estar operativos de noche porque nos robaron las luces de la pista, los actos vandálicos son moneda corriente”, se lamenta Moiso. La comisión del aeroclub está tratando de cambiar el método de iluminación para que no les vuelvan a robar. “Es importante estar disponible de noche, porque un trasplante de órgano no puede esperar y con el hospital Perrupato se da esta situación; los aviones del Incucai no tienen horario”, subraya.

Un verdadero club, más allá de la actividad aeronáutica

Cerca de allí se encuentra el Aeroclub de Rivadavia. Fundado en 1956, estaba ubicado en una zona que se inundaba, por eso a los años la familia Gargantini donó los terrenos de 32 hectáreas donde hoy está funcionando.

Ubicado en zona aledaña a un aeródromo privado donde se fabrican aviones, Aerotec, este aeroclub tiene dos aviones propios y su organigrama está dividido en tres áreas: la parte aeronáutica, que incluye a los pilotos socios del club y los socios que tienen sus propios aviones en sus hangares; el grupo de aeromodelistas, que son unas 14 o 15 personas que llevan adelante todas las actividades del deporte del aeromodelismo; y además está la parte del camping, el sum, la cancha de fútbol y de paddle y la pileta con unas 300 familias que utilizan las instalaciones sin tener contacto con lo que es el aeroclub en sí.

El aeroclub de Rivadavia está signado por el rol de la mujer, con tres mujeres pilotos que volaron: Edith Alenda en 1962 cuando era un deporte dedicado exclusivamente a los varones; del ´72 al ´74 voló Esther Previtera y este año se sumó Guadalupe Guerrero.

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Fundado en 1956, el Aeroclub Rivadavia se distingue por funcionar también como club social y deportivo con cancha de fútbol y de paddle, pileta y salón de eventos.

Fundado en 1956, el Aeroclub Rivadavia se distingue por funcionar también como club social y deportivo con cancha de fútbol y de paddle, pileta y salón de eventos.

“Siempre estamos realizando eventos sociales y solidarios porque no queremos perder nuestra identidad como club que nos debemos a nuestra sociedad. Por eso acá se desarrollan las escuelas de verano, hemos prestado nuestras instalaciones para la vacunación contra el Covid y desde el 2021 funciona aquí un cuartel de bomberos”, remarca Fabián Jauven, integrante de la comisión directiva de este aeroclub, uno de los últimos en inaugurarse en la provincia, en 1956.

El ambicioso proyecto aerocomercial de Luján de Cuyo

Desde hace dos años, el municipio de Luján de Cuyo viene trabajando firme y sin pausa junto al Aeroclub Mendoza no sólo para trasladar el aeroclub de La Puntilla a la zona de la Destilería, sino también para construir allí un aeropuerto que sirva de alternativa y soporte al aeropuerto internacional ubicado en Las Heras.

“La idea es hacer un aeropuerto regional para que puedan aterrizar y despegar también aviones comerciales”, anticipa Cristian Tsalis, del Aeroclub Mendoza. Y completa: “Ya está todo en desarrollo, contempla una pista de dos mil metros, la semana pasada se logró la adjudicación de la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil), los técnicos ya están trabajando en el lugar; realmente se ve una ágil predisposición por parte de la Municipalidad y se han sumado empresas privadas, así que esperamos que en un par de años este proyecto se haga realidad” “Ya está todo en desarrollo, contempla una pista de dos mil metros, la semana pasada se logró la adjudicación de la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil), los técnicos ya están trabajando en el lugar; realmente se ve una ágil predisposición por parte de la Municipalidad y se han sumado empresas privadas, así que esperamos que en un par de años este proyecto se haga realidad”

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El aeroclub de La Puntilla necesita un traslado ya que ha quedado en medio de la urbanización con barrios privados a su alrededor –hubo un par de accidentes aéreos dentro de esos barrios-, aunque la remodelación de la Ruta 82 en la Panamericana no afecta sus instalaciones.

“El lugar de la Destilería es estratégico, no tenés riesgo de urbanización, y es un proyecto que lo desarrollamos con un equipo de especialistas y se hizo ad honorem”, afirma Tsalis y considera que este proyecto “va a brindar servicios a la aviación ejecutiva que hoy hay mucha y pasar por un aeropuerto internacional como El Plumerillo es lento y caro; buscará instalarse como el segundo aeropuerto más importante de Mendoza”.

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El Aeroclub Mendoza funciona en La Puntilla, Luján de Cuyo, y ha sido rodeado por barrios privados.

El Aeroclub Mendoza funciona en La Puntilla, Luján de Cuyo, y ha sido rodeado por barrios privados.

Solo en pista e infraestructura los expertos calculan una inversión no menor a los 5 millones de dólares. “La construcción de una pista de aterrizaje y despegue se parece a una autopista, es complejo y caro, no es tirar asfalto y listo”, advierte Tsalis, involucrado en esta iniciativa que marcaría un hito aeronáutico para Mendoza.

“No es compatible un aeropuerto con un aeroclub”

Desde 1939 que el Aeroclub de General Alvear está al servicio de la comunidad. Su pista se presta para aviones de evacuación sanitaria, para incendios forestales, se realizan también búsqueda de persona y vehículos y se brinda para taxis aéreos, además de contar con escuela de vuelo.

“El aeroclub no se va a trasladar, funciona en terrenos e instalaciones propios”, aclara Javier García sobre el proyecto del municipio alvearense de construir un aeropuerto de cargas. “No es compatible un aeropuerto con un aeroclub, nosotros no estamos involucrados en eso” “No es compatible un aeropuerto con un aeroclub, nosotros no estamos involucrados en eso”

, insistió.

Sobrevolando el sur provincial, se fundó antes que la ciudad el Aeroclub Malargüe, el 7 de enero de 1948; y se desenvuelve en el mismo predio donde está el aeropuerto malargüino. Con dos aeronaves en condiciones, este aeroclub tiene la particularidad de contar con alumnos que trabajan en áreas petroleras. “Entre ocho y 10 alumnos están realizando el curso de piloto privado, no contamos con un instructor fijo y eso nos juega en contra”, reconoce Francisco Cárdenas sobre esta situación de tener que “acomodar” las clases de acuerdo a los días libres de sus alumnos petroleros que se pasan hasta 15 días trabajando en el campo.

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El aeroclub de Malargüe está pegado al aeropuerto.

El aeroclub de Malargüe está pegado al aeropuerto.

Cárdenas es ejemplo de este furor por hacer la carrera de piloto. “Me recibí de piloto privado en Malargüe a principios de año y hacía 25 años que aquí no se recibía nadie, el último justamente había sido mi papá. Esto fue un entusiasmo para los malargüinos y logramos darle más potencia a la escuela de vuelo”, revela.

Los que pelean por volver a convertirse en aeroclubes

Recientemente el aeródromo tupungantino empezó su proceso de rehabilitación de la pista. Inaugurado en 1961, un nieto de uno de sus fundadores es quien hoy busca reactivarlo. Y a su vez lo hace con su hijo, hablamos de Carlos y Marcelo Frison. Ambos junto a Cristian Cavallaro son los que están al frente de la recuperación de este aeroclub único en todo el Valle de Uco, a 30 años de su abandono, cuando allí ocurrió una tragedia aérea.

El aeroclub de San Rafael está ayudando a sus pares de Tupungato para la habilitación de la pista y así cumplir el sueño de volver a ver brillar ese lugar con actividades aeronáuticas. Entre los objetivos, está el hacer vuelos de bautismo y sobre todo vuelos turísticos, teniendo en cuenta que en el Valle de Uco se encuentran las principales bodegas de la región, y el paisaje es único para volar en esta zona del Cordón del Plata. “También queremos que operen aviones hidrantes para la lucha contra incendios o los aviones de la lucha antigranizo, brindarnos como centro logístico para estas acciones de emergencias o inclemencias climáticas”, agrega Cavallaro.

Porque entre las funciones que cumple un aeroclub es prestarse al servicio de su comunidad, para el aterrizaje y despegue de aviones de pequeño porte –avionetas- ante catástrofes naturales como incendios, o urgencias sanitarias como accidentes, tragedias humanas o trasplante de órganos.

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Pese al convenio con el municipio de Las Heras, la responsable del aeródromo uspallatino, Gabriela Antolín, lamenta nunca haber recibido ayuda.

Pese al convenio con el municipio de Las Heras, la responsable del aeródromo uspallatino, Gabriela Antolín, lamenta nunca haber recibido ayuda.

La última vez que aterrizó un avión en el viejo Aeroclub Uspallata fue el de la película de Brad Pitt, “Siete años en el Tibet”. Tras más de 20 años en abandono, la pista intentó volver a funcionar para asistir con aviones sanitarios y de contingencia a todo el corredor internacional a Chile. Ubicada al pie de la Cordillera de los Andes, sobre la Ruta 149 en ese distrito lasherino, este aeródromo pertenecía al viejo Aeroclub Uspallata inaugurado en 1959, fue el primer lugar de entrenamiento para la formación de pilotos de vuelos de montaña en el país.

A fines de 2019, comenzó a funcionar como Campo de Vuelo Uspallata, una pista de despegue y aterrizaje que buscaba promover el desarrollo turístico y brindar un espacio fundamental para el tránsito aéreo de Alta Montaña. Sin embargo, duró poco.

“Nunca recibí colaboración de parte del municipio para rehabilitar la pista, a pesar de la firma de convenio que hicimos en 2019 con el intendente Daniel Orozco, ni siquiera pagaron el cartel que nos hicieron poner con el logo de la Municipalidad, mucho menos vinieron a ayudarnos con la limpieza de la pista que está habilitada como LAD para el aterrizaje de aviones pero hoy no pueden porque está en estado de abandono” “Nunca recibí colaboración de parte del municipio para rehabilitar la pista, a pesar de la firma de convenio que hicimos en 2019 con el intendente Daniel Orozco, ni siquiera pagaron el cartel que nos hicieron poner con el logo de la Municipalidad, mucho menos vinieron a ayudarnos con la limpieza de la pista que está habilitada como LAD para el aterrizaje de aviones pero hoy no pueden porque está en estado de abandono”

, se lamenta la uspallatina Gabriela Antolín, piloto de avión e impulsora de esta reactivación a través del Aeroclub San Martín al que pertenece.

La voz de un experto en la materia

De acuerdo a la opinión de Gustavo Marón, especialista en aeronáutica, abogado y docente de Derecho Aeronáutico en la UNCuyo, “la infraestructura aeronáutica resulta esencial para el desarrollo económico de Mendoza; sin aviones la economía de Mendoza directamente colapsa”.

En este sentido, a Marón le resulta “inadmisible que el Valle de Uco carezca de un aeródromo de envergadura, porque su ausencia condiciona el desarrollo de tres departamentos muy importantes; y desde esa perspectiva, es meritorio el esfuerzo que están realizando los municipios de General Alvear y Luján de Cuyo, cada uno con sus peculiaridades, para motorizar la actividad aeronáutica”.

El experto concluye: “Una ruta de dos kilómetros no te lleva a ningún lado, pero una pista de dos kilómetros te conecta con todo el país y te lleva a todo el mundo”.

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