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Los estudios de idiomas refinan los vínculos entre China y América Latina

Hasta mayo de 2025, China había firmado 26 acuerdos de cooperación educativa con 19 países de la región

Ver las relaciones entre China y América Latina solo a través del comercio, la inversión y la infraestructura implica pasar por alto uno de los cambios más significativos que están en marcha.

Por supuesto, esos aspectos son importantes, pero ya no ofrecen el panorama completo. Una transformación más sutil se desarrolla en toda la región: en las aulas, los programas de formación docente, los intercambios académicos y las políticas educativas locales. El comercio construye mercados; la educación construye entendimiento.

En un momento en que la cooperación entre los países del Sur Global cobra nuevo impulso, este cambio merece mucha más atención. La participación de China en América Latina ya no se mide únicamente por puertos, ferrocarriles o flujos de materias primas. Cada vez se refleja más en la expansión de los intercambios culturales, incluida la enseñanza del idioma chino, la localización de las prácticas pedagógicas y el surgimiento de alianzas académicas capaces de sostener un entendimiento mutuo a largo plazo. No se trata de un desarrollo periférico. Se está convirtiendo en un pilar de las relaciones entre China y América Latina.

La Oficina de Información del Consejo de Estado informó en mayo de 2025 que, hasta ese momento, China había firmado 26 acuerdos de cooperación educativa con 19 países de América Latina y el Caribe, establecido 68 Institutos Confucio o Aulas Confucio y otorgado 17.000 becas gubernamentales y 13.000 oportunidades de capacitación.

Brasil ofrece un ejemplo de esta tendencia. En septiembre se inauguró allí la primera Alianza de Institutos Confucio de América Latina, que reúne a 14 institutos del país. Su objetivo es compartir recursos, fortalecer la calidad de la enseñanza y popularizar el aprendizaje del chino, además de promover el desarrollo docente. Unos meses más tarde, Río de Janeiro aprobó una ley municipal para un programa de promoción de la enseñanza del idioma y la cultura china en escuelas y espacios públicos. Estos hechos muestran que la enseñanza del chino está yendo más allá de las aulas y entrando en el terreno de la planificación institucional a largo plazo.

Argentina ofrece un caso particularmente revelador. Casi 17 años después de la creación del primer Instituto Confucio en la Universidad de Buenos Aires, los efectos de una cooperación sostenida no solo se profundizaron institucionalmente, sino que también se multiplicaron. Esto se refleja en los cuatro Institutos Confucio establecidos en todo el país, así como en la creación de una carrera universitaria de formación de profesores de chino en la Universidad de Hurlingham, en la provincia de Buenos Aires, un hito en la política educativa lingüística nacional.

Este cambio institucional está estrechamente vinculado con lo que ocurre en el aula. A menudo les cuento a mis estudiantes sobre mis primeros días en China, hace más de 10 años, y cómo rápidamente comprendí que “Ni hao ma” (“¿Cómo estás?”), comúnmente enseñado a los extranjeros como un saludo estándar, no funcionaba de manera tan natural en las interacciones cotidianas. Esa brecha entre el lenguaje de los libros y la comunicación real revela que la comunicación genuina necesita una adaptación cultural.

Precisamente por eso la localización de la enseñanza del chino en América Latina es esencial. A medida que el aprendizaje se expande, el cambio pedagógico es impulsado por necesidades comunicativas. Los docentes ajustan las interacciones en el aula y las explicaciones pragmáticas a las expectativas culturales locales. Lo que comienza con una diferencia respecto de los saludos puede conducir a reflexiones más amplias sobre la cortesía, el discurso en clase, el humor, la distancia social y las interacciones cotidianas. La enseñanza de idiomas ya no consiste solo en enseñar vocabulario y gramática; se trata de preparar a los estudiantes para moverse entre culturas con confianza y entendimiento.

Una nueva generación de estudiantes latinoamericanos se vincula con China de maneras más directas y mejor informadas. Están desarrollando su propia comprensión concreta a través del estudio del idioma, el intercambio académico y la práctica educativa. El surgimiento de una nueva sinología en la región es prueba de este cambio. Esta transformación más amplia se refleja no solo en cambios institucionales y de políticas, sino también al más alto nivel político.

En noviembre, el presidente Xi Jinping respondió a una carta de jóvenes sinólogos que asistían a la Conferencia Mundial del Idioma Chino, alentándolos a fomentar el entendimiento mutuo entre civilizaciones. En marzo volvió a responder, esta vez a docentes y estudiantes de Francia, describiendo al idioma chino como una clave para comprender tanto la China antigua como la moderna. Estas respuestas no fueron gestos casuales. La enseñanza del idioma sigue siendo un puente estratégico entre China y el mundo.

A medida que China y América Latina continúan profundizando sus vínculos, la importancia de la educación crecerá. El idioma y la educación no son aspectos periféricos de esta relación; son fundamentales. El futuro de las relaciones entre China y América Latina estará determinado por cuán bien aprendan a comprenderse mutuamente.

Por MAXIMILIANO BENATTI. El autor es lingüista argentino y profesor de enseñanza internacional del chino en la Universidad Normal de Changchun, provincia de Jilin. Esta. es una versión traducida de un artículo publicado en China Daily. Las opiniones no reflejan necesariamente las de China Daily.

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