Hace siglos, los barcos cambiaron para siempre la historia de varios ecosistemas. La introducción accidental de especies invasoras alteró el equilibrio natural de muchas islas, y el archipiélago de Galápagos, en América Latina, es uno de los ejemplos más representativos.
Las ratas negras (Rattus rattus) arribaron a Galápagos hace siglos escondidas en barcos balleneros, embarcaciones piratas y naves comerciales. Al no tener depredadores naturales, sus poblaciones crecieron rápidamente por toda la isla.
Por qué esta isla recurrió a helicópteros para eliminar ratas y restaurar su ecosistema
Uno de los casos más críticos fue el de la isla Floreana. Allí se puso en marcha el Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, considerado uno de los programas de conservación más ambiciosos realizados en una isla habitada. Sus cerca de 160 habitantes participaron durante más de una década en la planificación de la iniciativa, que buscó recuperar un ecosistema profundamente afectado por las especies invasoras.
El plan en esta isla comenzó a ejecutarse el 3 de octubre de 2023, aunque su preparación demandó casi 12 años de estudios científicos, consultas con la comunidad, simulaciones y una compleja planificación logística. Como parte de la operación, dos helicópteros sobrevolaron este territorio de América Latina a baja altura siguiendo rutas programadas mediante GPS para cubrir la totalidad del territorio sin dejar áreas sin tratar.
Así fue la mayor operación de restauración ecológica de Galápagos para eliminar ratas invasoras
Desde el aire dispersaron pellets de cereal con rodenticida, un cebo diseñado específicamente para eliminar ratas negras, ratas noruegas y ratones, las principales especies invasoras de la isla Floreana. La primera aplicación se extendió durante unos diez días y cubrió el 100 % de las 17.000 hectáreas de la isla.
Posteriormente se realizaron una segunda y una tercera aplicación para garantizar que no sobreviviera ningún roedor capaz de reproducirse. Al mismo tiempo, equipos en tierra protegieron a las especies nativas más vulnerables, monitorearon el consumo del cebo y retiraron temporalmente a los animales domésticos de las zonas de riesgo.
Los resultados comenzaron a observarse poco después. Uno de los más llamativos fue el redescubrimiento del rascón de Galápagos (Laterallus spilonota) en la isla Floreana, un ave que no había sido registrada en la isla desde la visita de Charles Darwin en 1835. Además, los monitoreos evidenciaron la recuperación de la fauna nativa, con aumentos en las poblaciones de pinzones de Darwin, lagartijas, gecos y caracoles terrestres.






