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El 2 de agosto de 2013 fallecía Salvador Milio, uno de los empresarios más importantes de San Martín. Justo 6 años después, Julio Abel Mendoza (33), el asesino de su hija Ivana Milio (46), fue condenado a prisión perpetua en un juicio por jurado, el primero del Este provincial.

Cuando el presidente del jurado dijo "culpable", hubo un estallido en la sala repleta y en el hall de ingreso del Palacio de Tribunales, de San Martín. Fue una mezcla de dolor desbocado, de alivio, de angustia reprimida. Después, el llanto. Un llanto contagioso, que comenzó a pasar de ojos a ojos.

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Luego de los alegatos de cierre, en donde el fiscal Oscar Sívori pidió que Julio Mendoza fuera condenado por el delito de homicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género y la defensa solicitara la absolución por beneficio de la duda, el jurado ingresó a deliberar a las 12.45 y bajó a la sala para dar el veredicto a las 16.27.

Por unanimidad los 12 integrantes atendieron el pedido de la fiscalía, tal cual fue solicitado. Después el juez Armando Martínez determinó que la pena correspondiente fuera la de prisión perpetua, decisión que generó un segundo estallido de emociones y que mereció que el magistrado llamara al orden dentro de la sala.

La familia

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La familia Milio, que hasta ese momento y desde el mismo día del crimen había mantenido un enorme equilibrio y se había manifestado confiada en la Justicia, se vio desbordada por la conjunción de dolor y alivio y no pudieron contener las lágrimas.

Cristian Milio, que junto a Ivana habían llevado adelante la empresa que les legó su padre, siempre mantuvo la tranquilidad y la paciencia, sin dejar de recordar a su hermana constantemente y pidiendo justicia por ella, aunque con la prudencia de no mencionar al acusado Julio Mendoza y sin cargar contra él. “Confío en la justicia”, repitió constantemente durante estos 9 meses.

La espera

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Tan prudentes han sido los Milio que los hermanos de Ivana intentaron proteger a los hijos de la víctima lo más posible, incluso aconsejándoles que no ingresaran a la sala de debates durante estos cuatro días de audiencia.

En cambio, y mientras transcurrían las 3 horas y 45 minutos de deliberación del jurado, la familia, parientes y amigos realizaron una suelta de globos blancos en el ingreso posterior del edificio y, para atenuar la espera, hicieron traer grandes bidones con café y agua para las 180 personas los acompañaron en esta última jornada, una cantidad de público jamás vista en el Palacio Judicial de San Martín.

El condenado

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Julio Abel Mendoza estuvo inmutable mientras el presidente del jurado leyó el veredicto. Luego el juez Martínez le informó la condena a prisión perpetua.

Inmediatamente y por primera vez durante el juicio, un policía esposó al condenado y fue retirado de la sala. Antes, como hombre que gozaba aún de la presunción de inocencia, Mendoza había ingresado y salido de la sala sin esposas, aunque estrechamente custodiado para neutralizar cualquier intento de fuga.

Un instante antes de ser esposado, Mendoza tuvo tiempo para ponerle una mano en el brazo a su abogado, como un desapasionado saludo de despedida.

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