El reciente testimonio de una mujer sorda de 52 años colocó al barrio porteño de Flores en el mapa del horror que sufrieron cientos de niños hipoacúsicos que fueron abusados por religiosos católicos en las sedes del Instituto Próvolo de Mendoza, La Plata y Verona (Italia).
Se trata de Marta Mercado, profesora de lengua de señas actualmente residente en la provincia de Santa Fe, quien por muchos años silenció lo que de pequeña sufrió.
Según recuerda, su mamá murió a poco de nacer y cuando tenía 3 o 4 años quedó bajo la guarda de las monjas del al Instituto Antonio Próvolo ubicado en Avenida Juan Bautista Alberdi 1679, en Flores.
Para una víctima de abuso sexual y maltrato no es fácil denunciar y dar a conocer su historia. Pueden pasar años e incluso guardar ese secreto para toda su vida. Si al dolor, el miedo y la angustia se le suma que las personas que provocaron esas situaciones son representantes eclesiásticos, el terror y el silencio se apoderan de las víctimas.
Ese fue el caso de Marta, hasta que hace dos meses radicó la denuncia en el Juzgado Nacional en lo Criminal 54 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Una buena noticia que duró poco
En testimonio con Canal 7 de Mendoza, Marta contó que al poco tiempo de haber ingresado a la institución religiosa comenzaron los maltratos y el trabajo infantil. Le hacían limpiar los baños, las escaleras, la cocina, las paredes y otros espacios del lugar, además de lavar sábanas y toallas. Por cualquier motivo la golpeaban con palos, le tiraban el pelo o la forzaban a comer comida en mal estado.
Marta relató que como no tenía familia, era a quien más las monjas maltrataban. Incluso sostuvo que un día una de las religiosas le dijo que la hermana Malvina Marrone iba a ser su mamá.
La noticia la puso contenta ya que por fin tendría una familia y un hogar. Sin embargo, sucedería todo lo contrario.
El caso Próvolo estalló en 2008 en Verona, cuando se conocieron las primeras denuncias de ex alumnos a través de testimonios periodísticas. El 25 de noviembre de 2016 Mendoza se vio sacudida por la información de prensa que indicaba que el horror de Verona había tenido su capítulo en esta provincia. Meses después se supo que lo mismo ocurrió en La Plata. Los testimonios de todos los escenarios coinciden en la forma en que los niños y niñas eran maltratados y abusados.
En todos los casos aparece involucrado el sacerdote italiano Nicola Corradi, quien en estos días está siendo juzgado en la Segunda Cámara del Crimen de Mendoza, junto a otro sacerdote y un jardinero.
“Me pegaba con un zueco en la cabeza”
En el relato a Canal 7, Marta recordó aquellos años y lo poco que le duró la noticia de que tendría una mamá, la hermana Malvina.
La vivienda que le asignaron estaba dentro de las instalaciones del colegio Próvolo. Y quien sería su mamá adoptiva se convertiría en la persona que más iba a castigarla.
“Me pegaba, me arrancaba el pelo y me llevaba a la pieza de arriba y me pegaba con un zueco en la cabeza y palos en la cabeza. Me desnudaba y me mandaba a bañar, me empujaba. Me bañaba con cepillos, con esponjas y me refregaba fuerte y yo lloraba del dolor. Con una esponjita de acero me refregaba el cuerpo. Me cortaba las uñas bien cortas hasta hacerme sangrar”, explicó, mediante lengua de señas.
A solas en el confesionario
A medida que iba creciendo los maltratos y los trabajos eran más severos. Todos los jueves los sacerdotes llegaban a Flores desde la sede de La Plata para confesar a las niñas.
Alrededor de las 15 las pequeñas ingresaban de a una a una habitación. Allí las confesaban. Marta denuncia que en varias ocasiones los curas la acercaban e introducían sus manos y tocaban sus senos. A ella le causaba mucho miedo esa situación. Un día no aguantó más y le dijo a una de las monjas del colegio, pero no le creyeron, la trataron de mentirosa y la golpearon.
Los sacerdotes de La Plata, además participaban de las diferentes festividades religiosas y educativas que se realizaban en el colegio de Flores. Marta afirma en su testimonio que en esos eventos también las maltrataban.
La mujer salió de ese instituto del horror cuando cumplió su mayoría de edad. Con los años logró formar su familia y en la actualidad vive en Santa Fe, donde además es profesora de Lengua de Señas. Realizó dos denuncias sobre los abusos y maltratos. La primera no prosperó. La segunda fue radicada en el Área de Inclusión Laboral y Accesibilidad de Personas con Discapacidad del Ministerio Público Fiscal de Buenos Aires y de allí fue derivada al Juzgado Nacional en el Criminal 54.
