Pelo largo con rulos, una extensa barba, y con una remera nueva color naranja, Nicolás Gil Pereg, acusado de asesinar a su madre y a su tía en enero de 2019, denunció que es víctima de constantes torturas en la cárcel.

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Expresó que, como consecuencia de estas torturas, hace dos semanas que está en huelga de hambre y que no volverá a comer hasta que no paren los hechos de violencia de los que es víctima.

La denuncia la hizo en el inicio de la audiencia donde se resolverá si su causa llegará a juicio o no, debido a que la defensa se opone.

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Ante el juez Sebastián Sarmiento, Gil Pereg habló durante más de 10 minutos de corrido y sin ningún problema, aunque sí algo verborrágico y exaltado.

Contó que hace tiempo que penitenciarios se meten en su celda con tijeras y máquinas para cortar el pelo, y aseguró que varias veces intentaron cortárselo. Dijo que en esos intentos le cortaron la cara, el cuello y que casi le sacan un ojo.

También denunció que un día le tiraron gas pimienta seis veces y que en otra oportunidad le arrojaron agua, a pesar de que todos saben que él es hidrofóbico.

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Sostuvo, además, que le sacan su calzado y ya no puede vivir más de esta manera: "Yo no soy una persona, soy un gato salvaje".

Ante esta situación, el fiscal jefe de la Unidad de Homicidios, Fernando Guzzo, pidió que una vez terminada la audiencia, Gil Pereg sea trasladado al Cuerpo Médico Forense para corroborar o desacreditar las lesiones que manifiesta tener.

También pidió que mientras el acusado permanece en la audiencia, se realice una inspección ocular en la celda que ocupa solo en el penal para evidenciar lo que expresó.

Por su parte, su defensor Maximiliano Legrand solicitó que todo el personal que esté en contacto con Gil Pereg esté debidamente identificado para que el detenido sepa con quién trata.

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