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El caso de la embaucadora y la pregunta clave: ¿en qué usaba la plata?

Noralí Hornz, la auxiliar del Ministerio Público Fiscal, consiguió varios millones en préstamos, sacados a nombre de sus compañeros de trabajo. Lo que nadie sabe aún es que hizo con el dinero durante los 3 años que realizó estas maniobras

Norali Hornz (34) está en su casa. La justicia consideró que no hay riesgo de que se fugue. Entonces, siendo madre de un hijo de un año, se determinó que era mejor que esta auxiliar judicial esté en su domicilio esperando que se resuelva su suerte, hoy acusada de los delitos de estafas reiteradas y falsificación reiterada de instrumento público y privado. Lo que todavía nadie logra saber (o entender) es que hacía con el dinero de los préstamos, los más de 40 que sacó a nombre de sus compañeros de trabajo del Ministerio Público Fiscal y otras dependencias del Estado. Una cifra varias veces millonaria, aún no establecida con certeza.

Se sabe que Hornz, la embaucadora, sacó préstamos en al menos 6 entidades crediticias. Incluso logró dinero de la Caja Forense. Todos los gestionó a nombres de otras personas, de las que logró fotos de sus DNI y de las que falsificó bonos de sueldo y boletas de servicios. Dicen que los préstamos iban de los $80.000 a los $800.000.

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Al sentirse que la estaban por descubrir, la mujer dio distintas explicaciones a sus víctimas: Que tenía una grave enfermedad de tratamiento costoso; que un familiar era el enfermo; que su madre había sido víctima de un usurero que le había embargado la casa y que la propiedad estaba a punto de ser rematada. Pero también intentó negar todo, diciendo que se trataba "de un error en el sistema" y que los préstamos en realidad no existían.

Pero lo cierto es que las entidades financieras confirmaron que los préstamos se entregaron y que, incluso, muchos fueron devueltos en su totalidad y otros estaban en ese proceso, al día en sus cuotas.

Entonces, una parte del dinero era usado por Hornz para devolver los préstamos más antiguos. Una víctima contó que, en su caso, Hornz sacó un préstamo por $80.000 y terminó cancelándolo en $141.600.

Muchos de los préstamos fueron devueltos y otros estaban en ese proceso cuando se descubrieron las maniobras y la mujer fue imputada. Incluso horas antes de entregarse a la Justicia fueron cancelados algunos préstamos.

"Todos nos preguntamos lo mismo: ¿qué hacía con la plata?", se preguntan las víctimas. Y los fiscales responsables de la investigación tienen la misma gran intriga.

-¿Cometió la primera estafa para salir de un problema financiero y después cayó en la red de devolución e intereses que la obligó a seguir estafando de la misma manera?

-¿Había juntado suficiente dinero para armar su propia bolsa de dinero y transformarse en usurera?

-¿Invertía ese dinero en comprar y vender algo de fácil ubicación y con buena ganancia?

Solo hay preguntas, varias presunciones y ninguna certeza.

En la zona, especialmente en el ambiente de la Justicia, de donde es la victimaria y la mayoría de sus víctimas, se apela a la ironía y al humor negro, en parte para superar el mal trago.

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Por ahora no se sabe que las maniobras hayan perjudicado a las víctimas económicamente, aunque en algunos casos les han complicado la posibilidad de pedir créditos (legales y reales).

Más allá de lo que aún no se sabe de Noralí Hornz, de su modus operandi, de sus objetivos y de si tenía cómplices o personas que le facilitaban los engaños , el caso ha dejado en evidencia la vulnerabilidad del sistema para acceder a préstamos y, a parir de ahora, nada continuaría igual en este ambiente.