Crónicas de la Infamia: "Operativo Mayo 1978" - Capítulo V

Por UNO

*El siguiente relato fue extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*

Se llevaban 6 años de diferencia. Nacieron y murieron juntos. Eran hermanos, no sólo de sangre, si no también de ideología. Ambos militaban en partidos políticos que eran pecados en esa época. Y así fue que terminaron desapareciendo.

El primero fue el menor. Daniel Romero. Tenía 39, para aquel 24 de mayo de 1978. La noche estaba en penumbras, pero su esposa seguía atendiendo la despensa que habían improvisado en ese domicilio del barrio Gomensoro, en Guaymallén.

Él también estaba en lugar. Ya había terminado su labor en la empresa Cimalco y esta noche no tenía actividades gremiales ni del Partido Socialista. Pensaba en disfrutar junto a su esposa y sus dos hijos.

El sencillo plan se vio interrumpido por un grito de "¡cuerpo a tierra!". Cuatro hombres armados habían ingresado a la propiedad. Apuntaron a los presentes y en cuestión de segundos se llevaron a Daniel para siempre.

Tal vez los mismos secuestradores, o tal vez otros pero con la misma coordinación, horas después hicieron lo mismo en la casa de su hermano mayor.

Juan Carlos vivía en la zona de El Algarrobal, en Las Heras. Tenía 45 años, 5 hijos, un horno de ladrillos y un importante activismo político. No sólo era peronista, si no que había sido concejal hasta tres años antes y Director de Obras Públicas del municipio.

Pocas horas después de que captaran a Daniel, llegaron hasta su casa. Pero esa vez fueron benevolentes: sólo le hicieron preguntas sobre un tal Pepe y se fueron.

La piedad se acabó cinco días después. En los primeros minutos del 29 de mayo, su esposa llegó de su trabajo. La desesperación la invadió. La puerta de la casa estaba abierta, las luces prendidas y el interior revuelto. De sus cinco hijos, sólo estaba el mayor. "Se lo llevaron al papi". Ahí empezó a entender todo.

Habían sido 10 hombres. La metodología de siempre: Ford Flacon en la puerta, capuchas y armas de fuego. Tal vez Juan Carlos y Daniel se pudieron dar un último abrazo en algún centro de detención clandestino. Tal vez no.

"En adelante, dedicate a buscar trabajo para cuidar y dar de comer a tus hijos", le respondieron a la esposa del primogénito días después, en la IV Brigada Aérea, cuando todavía tenía la esperanza de encontrar a su marido con vida.

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