*El siguiente relato fue extraído del expediente del noveno juicio por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar*
"Si te ves acorralada, tomate la pastilla". Probablemente esas hayan sido las últimas palabras que le dijo a su amada. Segundos después, ambos morirían acribillados.
Eran marplatenses. Ella tenía 22 años y estudiaba Antropología. Él, 27, contador. Decidieron radicarse en Mendoza. Un poco por motivos laborales, otro poco hartos de la incansable persecución. Nunca supieron que allí, en Guaymallén, nada mejoraría.
Un pequeño departamento ubicado en San José fue su refugio. Allí también funcionaba una imprenta que cada dos por tres escupía panfletos con consignas de izquierda.
El 10 de abril del 77 se convirtieron en las últimas víctimas del operativo represor que ese mes se llevó la vida de varios jóvenes, algunos militantes y otros no tanto.
La manzana estaba rodeada. Uniformados, civiles y hasta hippies les apuntaban con armas de fuego. Ellos no se iban a entregar y lo tenían claro.
Ella se escondió detrás del auto de un vecino. "Milicos hijos de puta", gritó. Él se plantó en un hall, a resistir con lo que pudiera. En medio de las balas que silbaban sobre sus cabezas, se miraron. Sabían que era la despedida. "Si te ves acorralada, tomate la pastilla". El cianuro antes que la tortura reiterada.
Ella cayó primero. El plomo le perforó el tórax y la cintura. Él salió corriendo hacia su cuerpo. Su ojo izquierdo, su hombro y su espalda fueron atravesados.
Uno, bigotudo, se acercó al cuerpo agonizante de ella. "¿Todavía estás viva, hija de puta?". Con un tiro en su frente terminó la ejecución.
Al día siguiente, las páginas de los diarios prefirieron callar. Apenas se mencionó dos muertes en un tiroteo. María del Carmen Laudani y Jorge Alberto José no tenían rastros de pólvora en sus manos.

