El crimen de la enfermera jubilada Silvia Chávez, bajo proceso de juicio por jurado popular en San Rafael desde este lunes, guarda macabras similitudes con otros tres casos mendocinos con nombres de mujer: Marita Páez, Soledad Olivera y Johana Chacón.
Crímenes sin cadáver que terminaron en condena: la enfermera Páez, Johana Chacón y Soledad Olivera
El juicio por el crimen sin cadáver de Silvia Chávez en San Rafael reactivó una duda que tiene respuesta en tres casos emblemáticos de Mendoza entre 1999 y 2012
Al igual que Chávez, Páez -quien también había sido enfermera, pero en el Hospital Lencinas de Godoy Cruz-, Olivera y Chacón fueron materia de juicios penales con un distintivo tan grave como llamativo: las tres mujeres desaparecieron, sus cadáveres jamás fueron encontrados y los responsables fueron condenados a la cárcel por lo que se denomina sumatoria de indicios.
Hoy, en el caso sanrafaelino de 2022, los acusados son Carina Domínguez y Mauricio Albornoz, quienes le alquilaban a Chávez un departamentito en la parte trasera de su casa. Inquilinos y vecinos con problemas y denuncias por disturbios, escuchó el jurado popular en la primera audiencia celebrada en el auditorio municipal Alfredo Bufano, convertido en sede judicial para la ocasión.
Crímenes sin cadáver que terminaron en condena
¿Se puede juzgar a alguien por un crimen sin cadáver? Los antecedentes mendocinos indican que sí. Las investigaciones por Páez, Olivera y Chacón -ocurridos en 1999, comenzaron con denuncias de averiguación de paradero presentadas por familiares y derivaron en sospechas tan fuertes de que habían sido asesinadas, que la recolección de pruebas permitió enhebrar una cadena de indicios equiparable -ya en la etapa definitoria- a la certeza que los tribunales exigen para condenar por asesinato.
Las enfermeras Silvia Chávez y Marita Páez compartían ciertas características: la dedicación a la salud pública, vivían solas y tenían costumbres de hierro. Por eso, en 1999, una vecina de Páez sintió que algo estaba mal cuando vio que la luz que daba a la calle en la casa 33 de la manzana del barrio Municipal de Las Heras llevaba dos días encendida. Marita jamás descuidaría sus plantas ni sus gatos: sin embargo, esas dos únicas compañías estaban al borde de la inanición por falta de agua y alimento.
Como a Silvia Chávez en su casa de San Rafael, a Marita Páez las boletas también se le juntaban -llamativamente- apenas la Policía ingresó a la vivienda del Municipal.
Exactamente tres semanas después de la desaparición, dos mujeres y un hombre fueron detenidos por el caso de Marita Páez. Una fue liberada rápidamente pero las otras dos fueron a juicio: una amiga de Marita y el novio de la primera. En contra de ambos, un aluvión de indicios: declaraciones cruzadas pero, esencialmente, una videofilmación de cajero automático que demostró que la sospechosa había retirado dinero de la cuenta de Páez para cuando ésta ya estaba desaparecida.
Se investigó en el Hospital Lencinas, donde trabajaba la enfermera -jamás hubiera faltado sin avisar, se dijo en los juicios- y donde conocían a la amiga, que revendía ropa.
Otra prueba clave que se sumó a la larga cadena indiciaria: alguien había comprado ropa en una tienda de la avenida San Martín con la tarjeta de membresía de Marita Páez cuando la investigación había comenzado. La frutilla del postre no fue una sino dos: la sospechosa revendía ropa en el hospital Lencinas -así había conocido a Marita Páez- y cuando allanaron su casa de calle Mitre de Ciudad la Policía encontró prendas nuevas, a estrenar, con las etiquetas de la tienda de la cadena holandesa.
El cadáver de Páez jamás fue encontrado: "Ella la ahorcó hasta matarla y me obligó a quemarla", declaró el novio de la imputada, un maquinista de la construcción que primero había dicho que su pareja había llegado a casa "con una muerta en el auto".
En busca de restos identificables y/o cenizas se excavaron terrenos del piedemonte.
Dos días después, apenas una bolsa de supermercado con cenizas en las entrañas del desierto. Entonces, se instaló otra duda, con la potencia de un aguijón: ¿Puede un cadáver quedar hecho cenizas cuando se lo quema a cielo abierto? Para la Justicia, sí; al menos en el caso Páez.
Los sospechosos fueron condenados por la Quinta y la Sexta Cámara del Crimen al final de dos juicios apasionantes que Diario UNO publicó cada día en 2002.
La ausencia de cadáver motivó al defensor Pablo Cazabán en medio del debate y en nombre del novio de la condenada, a pedirle al Tribunal que sesionara con la puerta de la sala de audiencias abierta. "Sabemos que la señora Páez no ha sido encontrada muerta, así que no descartemos que pueda ingresar por esa puerta en cualquier momento y nos de una sorpresa a todos", dijo.
Los crímenes de Johana Chacón y Soledad Olivera en Lavalle
Tras varios años de investigación y cuatro juicios, Martín Luque fue condenado por los crímenes sin cadáver de Soledad Olivera y Johana Chacón.
Hoy, Luque purga una pena unificada de 32 años de cárcel que en 2019 fue confirmada por la Suprema Corte de Justicia.
En 2017 lo sentenciaron a 12 años por el caso Olivera, que había desaparecido en 2011, camino de una finca.
En 2018 lo sentenciaron a 24 años por el crimen de Johana Chacón, su cuñada, hermana de la esposa, ocurrido en 2012
La mujer de 31 años y la chica de 13 desaparecieron en Lavalle y nadie supo más de ellas.
Primero se denunció el caso de Johana -vista por última vez al regreso de la escuela-, lo que hizo pública la anterior desaparición de Olivera.
La comunidad de Tres de Mayo, con la docente Silvia Minoli al frente -con marchas de silencio y reclamos ante la prensa- fue determinante para que la Justicia hiciera su trabajo.








