Una mujer fue condenada por cometer estafas reiteradas cuando trabajaba en una reconocida chocolatería de Mendoza. La acusada engañaba a su empleador y a los clientes del negocio con maniobras fraudulentas cuando estaba en la caja, en la que generaba un excedente de dinero y se robaba esa diferencia. La ex empleada recibió una pena de 2 años de prisión en suspenso, y deberá atenerse a normas de conductas.
Condenaron por estafas reiteradas a una ex empleada de una reconocida chocolatería de Mendoza
La condena fue dictada el 15 de junio pasado, luego más de dos años que la mujer fue denunciada e imputada por el robo de dinero que cometió en la sucursal de la chocolatería mendocina ubicada en calle San Martín al 1400, a metros de calle Las Heras, en Capital.
En la sentencia, la cual fue de dos años en suspenso por lo cual no va a la cárcel, le fijaron otras normas de conductas que deberá seguir. De lo contrario, deberá cumplir la pena efectiva en prisión.
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La justicia fijó que durante 4 años la mujer "deberá constituir domicilio del que no podrá ausentarse sin anuencia previa del tribunal, no cometer nuevos hechos delictivos, y concurrir al tribunal cada vez que sea citada".
Las estafas de la empleada de una chocolatería de Mendoza
Los hechos fraudulentos que la mujer cometió fueron registrados entre el 25 y el 30 de enero del 2021, cuando estuvo a cargo de la caja registradora de la sucursal de calle San Martín, a metros de calle Las Heras, en pleno corazón del centro de Mendoza.
El momento de la estafa era cuando les cobraba a los clientes y tenía al menos tres maneras para generar una diferencia de dinero en efectivo que no era detectable por el sistema operativo y el controlador fiscal, y de esa forma se quedaba con el dinero sin que nadie lo notara. O eso creyó ella.
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Una de las modalidades era hacer un tícket por un monto menor al que cobraba y eso generaba que sobrara efectivo en la caja.
La otra forma era generar cupones de tarjetas de crédito por un importe, pero los tíckets fiscales los realizaba por valores menores, y retiraba lo que sobraba de efectivo de la caja.
La tercera modalidad era "ticando" la compra correctamente, pero pasaba la tarjeta con la que pagaban los clientes por montos mayores, retirando luego los excedentes de la caja.
Lo que no tuvo en cuenta la estafadora fue que sus movimientos quedaron registrados en las cámaras de seguridad que están en el sector de las cajas.





