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Caso Viviana Luna: ¿Quién es el perito que vendrá a buscarla?

Marcos Herrero trabaja hace 30 años en técnicas de búsqueda con perros. Los hijos de Viviana Luna hacen una colecta para cubrir los gastos y traerlo

Viviana Luna lleva 4 años y medio desaparecida, y sus hijos necesitan encontrarla y saber qué pasó aquella tarde del 7 de diciembre de 2016 en Potrerillos. Su última esperanza ahora está depositada en Marcos Herrero y sus perros, quienes participaron en importantísimos hechos y hallazgos de todo el país. El especialista, oriundo de Río Negro, aseguró que no quiere generar falsas expectativas, pero que desarrolló una forma de trabajo con la cual puede encontrar a personas o rastros a pesar del paso del tiempo.

Marcos Herrero tiene 45 años y vive en Viedma, en Río Negro. Es parte de la Policía de esa provincia, trabaja por pedidos judiciales en casos cpmplicados, pero también por requerimiento de particulares. Hoy tiene ocho perros que son parte de su familia, pero todos están entrenados para diferentes especialidades. Los dos con los que planea venir a Mendoza son Casai, un Ovejero Belga, y otro mestizo llamado Yatel, el cual participó en el operativo de búsqueda de Facundo Astudillo, en la provincia de Buenos Aires.

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Asegura que tiene una técnica especial en la que trabaja con una base científica, pero también en la experiencia con lo emocional de la persona que se busca, y por eso los hijos de Viviana Luna le pidieron que fuese perito de parte para buscar a su madre.

Esta posibilidad despertó una vez más las ilusiones de los chicos de saber qué pasó con su mamá el 7 de diciembre de 2016, y para llevarlo a cabo necesitan juntar $200 mil para treaer a Marcos Herrero y sus dos perros, y costear los gastos de estadía y movilidad en Mendoza para una semana de trabajo.

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Los hijos de Viviana Luna necesitan juntar $200 mil para buscar a su madre.

Los hijos de Viviana Luna necesitan juntar $200 mil para buscar a su madre.

"Hubo, hace un tiempo, un acercamiento con la fiscal Claudia Ríos, pero no se llegó a un arreglo determinado. Hicimos un zoom, pero nunca nos dijeron si íbamos a desarrollar el trabajo, por lo tanto la familia tomó la decisión que yo me sume como perito de parte a la causa", contó Marcos Herrero a Diario UNO y aseguró que con su trabajo es muy cuidadoso para no violar ni entorpecer la investigación judicial.

"No veo un interés genuino de buscar por otras partes, quizás ellos tienen información que yo no tengo, y tengo que analizar los informes que son muchos. Pero pasó un tiempo, no se encontró el foco determinado, y todavía se siente el pedido de la familia de saber qué pasó con su mamá", agregó el especialista en técnicas de búsqueda con perros entrenados.

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Dijo que su nombre tiene cierta resonancia por su trabajo con sus perros por haber desarrollado "esta técnica de poder encontrar personas en el tiempo. En este caso pasaron 4 años y medio. Otros colegas sostienen que al pasar tanto tiempo es imposible determinar o encontrar elementos de esta persona. No juego con los sentimientos de los familiares, pero sí tengo determinados diferentes puntos, o perímetros para trabajar. Uno es el último lugar donde se la vio a Viviana Luna, y a partir de ahí armo una logística donde puedo desarrollar mi técnica con mis perros. Pero primero hay que pensar cómo trabajar, cómo es el terreno de Mendoza y analizar los informes. Tengo que analizar el entorno de la víctima y victimario, en el caso que haya habido un crimen".

Para desarrollar su técnica, Marcos Herrero sostuvo que hay un elemento que es fundamental. Tiene que ver con resguardar algún elemento personal de la persona, en este caso de Viviana Luna, como ropa, un cepillo de dientes, algo de su uso personal para crear un banco de olor y resguardar ese elemento en un frasco de vidrio para que quede allí todo el olor, y luego con un procedimiento de calor "revivir" esas partículas que hayan quedado.

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Viviana Luna tenía 45 años cuando desapareció, en diciembre de 2016.

Viviana Luna tenía 45 años cuando desapareció, en diciembre de 2016.

A pesar de los años que pasaron, Herrero indicó: "Me anticipé a eso y los hijos de Viviana Luna tienen tiene elementos resguardados de su mamá de la última vez que la vieron y eso es muy importante, ya que cada persona es única y tiene un olor particular, por el metabolismo, medicación, alimentación, emociones".

Cuando ya está todo listo para comenzar, Marcos abre ese frasco y todo ese olor de la persona es con lo que va a trabajar el perro que puede marcar lugares o elementos. "Esto me llevó mucho tiempo desarrollarlo. No es que le doy el olor al perro y como en las películas sale a buscar".

"En el frasco yo le entrego la vida de Viviana Luna, el perro lo va a tomar y va a quedar en su cerebro. El perro va a manejarse solo, con autonomía, y cuando reconozca el olor ahí me va a 'hablar', puede ser ladrando o se va a sentar y me va a decir reconozco este olor", explicó el especialista, y a partir de allí se evalúan los pasos a seguir.

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Viviana Luna junto a su hija Ayelén.

Viviana Luna junto a su hija Ayelén.

Aseguró que las personas dejan su rastro por donde hayan estado, y en eso es en lo que se basa su técnica para encontrar personas, elementos de la persona o lugares donde pudo haber estado.

Uno de los casos más resonantes en el país en el que participó Marcos Herrero fue el de Micaela Ortega, la nena de 12 años abusada y asesinada en el 2016 en Bahía Blanca por un hombre que la engañó por Facebook haciéndose pasar por otra nena. A partir de este hecho se creó la Ley de grooming que lleva su nombre. "El perro la encontró adentro de un corral de ganado, y después el perro determinó y encontró perservativos, la mochila de la nena, y otros elementos donde se identificó el ADN del asesino de la nena y fue condenado a 34 años de prisión", recordó Marcos.

También intervino en el caso de Marito Salto, víctima de un pacto satánico en Santiago del Estero, además de los casos Santiago Maldonado, Juan Carlos Rubilar, quien desapareció luego de un carnaval en San Luis y fue encontrado muerto tiempo después.

El último caso resonante en el que Herrero y sus perros actuaron fue en el de Facundo Astudillo, en la provincia de Buenos Aires.