Los últimos tiempos de Gustavo Martínez, quien fuera pareja de Ricardo Fort, no fueron nada fáciles. El camino a su suicidio durante la madrugada de este miércoles estuvo signado por un diagnóstico de Alzheimer y el miedo a quedar en la calle una vez que sus hijos cumplieran 18 años.
Gustavo Martínez: alertas de suicidio, Alzheimer y su miedo a quedar en la calle
Muchos testimonios dieron cuenta del calvario que atravesaba Martínez antes de tomar tan difícil decisión.
En primer lugar, Gustavo Martínez tenía un serio problema de salud: le habían diagnosticado Alzheimer, una dolencia degenerativa que tiene tratamiento, pero no cura. Algunos allegados contaron que se enteró hace pocos meses, auqnque algunos allegados ubicaron la noticia unos dos años atrás.
El tema en el que todos coincidieron fue que durante la pandemia le pegó fuerte. Aparentemente el encierro prolongado le afectó tanto el ánimo como el físico, ya que -dicen- que hasta había cambiado la forma de moverse y de caminar. Este no es un dato menor, porque Martínez era entrenador personal y hacía un culto del ejercicio. Muchos testimonios apuntan a que esto aumentó su nivel de depresión.
Sin embargo, lo que muchos allegados señalaron como su mayor preocupación es la proximidad de los 18 años de Martita y Felipe Fort. Los hijos de Ricardo, que a partir de entonces dejarían de estar bajo su tutela y podrían hacer su vida, le generaban el miedo de quedar en la calle, ya que suponía que los chicos se irían a vivir al exterior y su permanencia en el edificio de Sucre ya no tendría sentido.
El periodista Luis Ventura -muy cercano a Ricardo Fort y a todo su entorno- consideró que "Gustavo se murió con Fort. El mismo día. Lo único que lo mantenía acá eran esos dos chicos, porque el padre de los chicos fue él. El padre biológico fue Ricardo, fue Fort, pero el que los cuidó, los atendió, les preparó, la comida, los llevó a la escuela y les hizo los deberes fue Gustavo. Si en 10 días se quedaba sin los chicos, chau...".
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La mayoría de los testimonios, también señalaron que Gustavo estaba tan deprimido que hasta había perdido 12 kilos. A casi todos los confidentes les decía que no tenía ganas de vivir, que no les veía sentido a las cosas y que a todos les daba alertas de que podía tomar una decisión sin vuelta atrás.
Finalmente lo hizo.



