“No debí abandonar la Casa Blanca en 2021”, dijo Donald Trump en las últimas horas. Es una de las novedades recientes en la carrera presidencial, que ya entró en sus horas de fuego y lo tiene haciendo constantes alusiones al presunto fraude electoral que se viene. Tal como lo hizo en la previa de su derrota, a finales del 2020. Dónde se mueve cada uno.
Elecciones en Estados Unidos: el país entró en sus 24 horas de fuego antes del gran día
Kamala Harris y Donald Trump terminan su campaña electoral en los estados indecisos. Víctor, un inmigrante, dilucida cómo votan los demócratas
Pasó el último fin de semana, con ambos contendientes compartiendo una misma idea: ir a jugar en los estados indecisos, donde la moneda terminará de caer y la inclinación de la gente es insondable para la mayoría de las encuestas importantes.
Trump arrancó en Carolina del Norte y puso proa hacia Pennsylvania -quizás la perla más preciada de las 51 jurisdicciones, porque aún no se decide y aporta 19 votos electorales, uno menos que en la elección pasada-. Harris también se posicionó en el estado del noreste este lunes, con eventos en Reading y Pittsburgh.
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En Wisconsin (al que la mayoría de los demócratas da casi por descontado como uno de los espacios que los apoyarán), el candidato a vicepresidente de Kamala, Tim Walz, salió a decir que Estados Unidos tiene las elecciones más seguras del mundo: “Contaremos todos los votos y con los votos vamos a ganar”, redobló, en un claro cañonazo al magnate, que vuelve a la carga con la idea de que le pueden robar la elección.
Por qué Pennsylvania es tan importante
Estos dichos de Trump fueron lanzados en un mitín en Lititz, en la mencionada Pennsylvania. No era parte de su discurso decir eso, supuestamente, pero él mismo dijo que “era mejor eso que el discurso, ¿porque alguien tiene que decirlo, no?”, lanzó a quienes lo apoyan.
El estado parece uno de los grandes botines: si bien es uno de los “swing states” (los republicanos ganaron 26 elecciones ahí y los demócratas, 20); en los últimos años siempre jugó para el Partido Demócrata. De todas las elecciones del siglo, sólo en 2016 se pintó de rojo y sacó, entre otros, ganador a Trump. Antes de eso, la última vez que habían votado al GOP fue con George Bush (padre) en 1988.
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Hay una particularidad más: tiene cerca de un millón de latinos, que Kamala Harris espera puedan inclinar la balanza en su favor. Sin embargo, de todos ellos, sólo está habilitada para votar la mitad y sólo lo hacen unos 240 mil. Toda una ventaja que podría terminar desaprovechando el Partido Demócrata.
Víctor, inmigrantes y “social issues”
Víctor, 51 años, afroamericano, es el taxista que me trae en un auto rojo, bastante grande, hasta la puerta de mi hotel en plena Rhode Island Avenue. A apenas un puñado de cuadras de la Casa Blanca, a donde quieren llegar los dos estadounidenses más famosos por estas horas.
¿Cómo lo ves para mañana?, le pregunto; en inglés, obviamente.
“Nadie lo sabe. Al que le preguntés, no sabe quién va ganar”.
- ¿Y vos por quién vas a votar, te puedo preguntar?
- Adelante, preguntá.
- ¿Por quién?
- Yo soy demócrata, hermano. Nunca en mi vida votaría por Trump.
- Ajá. ¿Y qué ves de Trump?, le lanzo pensando que Víctor ya mordió: ahora está adentro de una entrevista de Diario UNO. O sea: ¿En qué es distinto del que gobernó hace ocho años y del que se presentó hace cuatro?
“He’s older”. Quiso arrancar lacónico el taxista. Dijo sólo eso y después hizo silencio, como quien disfruta de su golpe de efecto. Pero no me sirve: como mayor diferencia aportó que Trump es sencillamente más viejo.
Sí, ya lo sabemos. ¿Pero qué tiene que ver eso con la política que pueda llegar a desplegar si gana?
“Es más viejo y eso implica que está más alejado de los jóvenes. Cada vez más alejado. El voto joven es importante acá. Mañana (por el martes), por ejemplo, van a votar muchos chicos que no han votado nunca en su vida. Trump está lejos de ellos, no los puede captar. Tan lejos como está de los temas sociales”, apunta.
¿De qué temas sociales –en su voz “social issues”- habla este taxista mientras no le saca de encima la vista a las prolijísimas calles de Washington?
“Transgender (transexuales); racial problems (discriminación racial), inmigrants (inmigrantes). Él odia todo eso. Él quiere sacar a patadas a todos los inmigrantes de este país. ¿Y te digo algo? El 60% de todos los trabajos en América los hacen los inmigrantes. Este es un país de inmigrantes; hecho por ellos, a través de su trabajo. ¡Incluso su abuelo era alemán!", se enoja.
Después habla de los estados clave para ganar la elección. Nos hace un repaso de los que sí o sí serán de Trump: según él, todos los rurales irán, como siempre, para los republicanos. Y “the suburbs”, para Kamala Harris y el Partido Demócrata.
Pasamos por la Embajada de Hungría, que queda enfrente del hotel. Sube el auto a la vereda e intento pagarle con mi tarjeta de crédito, pero luego de tres intentos, la tarjeta rebota siempre.
Entonces saco cien dólares y me mira con una cara que, si fuera argentino, podría traducirse perfectamente en: “No... me matás. No tengo cambio”.
Pero lo dice con otras palabras. Y yo me bajo a buscar cambio en el mostrador del hotel.




