Fernán Mirás y Cecilia Dopazo en blanco y negro marcan el final de Tango Feroz. Él le pide que haga un registro del presente: "Quiero decirme algo a mí mismo cuando sea viejo, filmame, pero lo tenés que pasar dentro de diez años". Y el personaje de Dopazo le acota: "¡No vas a ser viejo dentro de diez años!". "Bueno, dentro de veinte", responde él.
Y ahí están frente a la gran pantalla, veinte años después, el elenco y su equipo de producción comandado por el cineasta Marcelo Piñeyro viendo la versión remasterizada del filme que marcó un hito dentro del cine argentino, convertida por los jóvenes en un emblema generacional que cruzó a los años `70 con los `90.
Piñeyro nunca pensó en reestrenarla, muchos menos en intentar repetir aquel fenómeno de convocatoria que significó en junio de 1993.
Su primera intención fue rescatarla físicamente, porque las copias que estaban a disposición se encontraban en muy mal estado, entonces recurrió al laboratorio De Luxe de París donde la remasterizaron cuadro por cuadro durante nueve meses.
"Cuando me encontraba preparando Ismael en España a fines de 2012 descubrí que el negativo estaba en la filmoteca española y nunca pude reconstruir cómo llegó hasta ahí. Cuando me dijeron que estaba muy dañado di con este laboratorio y valió la pena, quedó impresionante. Pero yo no pensaba reestrenar, invité a mis amigos a verla en una sala en Madrid que terminó llena. Y vi que seguía muy entera, no sólo en lo formal sino también en lo que contaba. Después en Buenos Aires organicé una proyección cerrada para quienes la hicimos y fue un gran reencuentro, porque además termina con esa promesa a veinte años", explicó el director en entrevista con El País de Uruguay.
"La película vista hoy es muy compleja y la hicimos con un presupuesto reducido en pocas semanas de rodaje poniendo una sangre impresionante", reconoce en 2014 Piñeyro aportando su opinión sobre la vigencia del filme con un ejemplo directo: "El personaje que hace Leonardo Sbaraglia -una especie de estudiante de cine- dice en un momento `Yo no filmo, tomo prisioneros`. Y siento que la película, sin que nadie se lo propusiera, de algún modo logró eso. Capturó una cosa que tiene que ver con ser joven. Y eso no cambia".
En su estreno levantó polémica porque para muchos no es un fiel retrato del rockero Tanguito y su principal detractor fue Litto Nebbia, quien impidió la utilización de La Balsa (su coautoría con José Alberto Iglesias, como se lo conocía a Tanguito) en la banda sonora, algo que a la postre Piñeyro evalúa como positivo.
"Nunca dijimos que estábamos haciendo un documental exacto sobre la verdad, por eso se llama La leyenda de Tanguito. Yo tomé contacto con su historia después de su muerte, cuando escuché un demo de un disco que nunca llegó a publicar pero que me transmitía una verdad existencial que superaba todas las imperfecciones. La historia la escuché un montón de veces pero siempre de forma distinta. Y con algo en común: el tipo defendía sus convicciones artísticas y pagó el precio, fue de encierro en encierro hasta terminar debajo de un tren. Vi que tenía entonces una historia muy potente que iba a exigir una columna musical. Exigía también un relato rock and roll no sólo a través de la música y eso era algo que el cine argentino todavía no había ofrecido. Así plasmé mi mirada sobre el estado generacional de fines de los `60 y comienzos de los `70 que estaba muy mal contado".
Piñeyro decidió embarcarse en el proyecto cuando advirtó que había muy poco en los archivos gráficos sobre el caso, "porque entonces hubo sucesivas generaciones de jóvenes en Argentina que redescubrieron la tradición oral para preservar esta historia y si eso ocurrió es porque cuenta algo de nosotros que importa. Obviamente me tiré a contar mi propia interpretación de la misma".
Para reconstruirla entrevistó a personajes del ambiente musical pero también a la mujer que en la película se llama Mariana y que le dio el piolín del ovillo a desenredar. Con Litto Nebbia hace poco tomó un café: "De algún modo él nos hizo un favor al no cedernos los derechos de La Balsa porque nos obligó a escribir dos canciones y una se transformó en un hit (El amor es más fuerte) y nos hizo cortar amarras con lo más real para instalarnos en el terreno de la leyenda. Después Nebbia entendió que la película no era contra nadie, sino un gran homenaje a los que hicieron el rock en Argentina".
A la distancia y con una carrera internacionalmente reconocida, Piñeyro cataloga al rodaje de Tango Feroz "como una maravilla" y fue para él "como estar en el cielo" después de cinco años luchando por su concreción porque no conseguía apoyo.
Fuente: elpais.com.uy



