Espectaculos Viernes, 30 de diciembre de 2016

Sorrentino: "Lo que me mueve es crearle magia al público"

El actor y director teatral ganó el Premio UNO Escenario de Oro 2016, un año en el que brilló en varios géneros.

Adrián Sorrentino es el nombre del café concert en Mendoza, con 25 años de trayectoria en el género. Pero este hombre, a los 45 recién cumplidos y que en sueños recita poemas gauchescos con perfecta dicción -para gracia de los testigos-, tiene casi cuatro décadas en la escena local y nacional, mérito que junto a su talento, le valieron que el martes pasado ganara el Premio UNO Escenario de Oro 2016, un reconocimiento a nuestros mayores artistas.

En principio el galardón lo tomó por sorpresa, porque su ilusión era ganar como mejor actor por su trabajo en Pelucas -que por cierto se concretó- pero el Oro no lo había siquiera pensado.

Se estaba por ir a festejar su cumpleaños -era el 27 de diciembre, día de la entrega de los premios- pero lo entretuvieron con la excusa de que él era el encargado de entregar un galardón.

"Uno todavía tiene el chip de que este tipo de reconocimientos te llegan cuando sos mucho más grande. Pero bueno, yo empecé a los cinco años, con lo cual llevo en esto la vida entera", explica con la sonrisa amplia que nunca lo abandona.

-¿Cómo fue enfrentar una obra no tan común en tu registro, como fue "Pelucas"?

-Fue todo un desafío. Cuando me llamó Laura Fuertes (escribió la obra) y me explicó de qué se trataba la obra, me gustó ponerme en manos de otro director y compartir con mis compañeros, porque cuando uno comparte, tenés el corazón abierto y crecés inevitablemente. Cuando me nombró el elenco supe que me iba a sentir a gusto en esas miradas, porque es un trabajo tan hondo el que hay que hacer en el drama, que encontrarte en la mirada del compañero en escena es un oasis, no hay tensión para fluir. Y Hugo Moreno, el director, nos guió de una manera exquisita.

-Ha sido un año de paseo por diferentes géneros. ¿Cómo te sentiste con tantos cambios?

-Este año hice un infantil (La Liga maravillosa), donde tenía que encarnar a un niño siendo un tipo de 44 años, que no es fácil y me costó horrores, porque el límite con el ridículo es muy fino, y además Love Fucking Drag Queen y Chicago. Ojalá que el año que viene me inviten a todas las obras que quieran, porque voy a estar.

-Ese cambio de registro habla de tu capacitación, siempre estás estudiando...

-Lo necesito, necesito la lectura, soy un lector empedernido. Necesito ponerme en manos de otro, que critiquen mi trabajo, porque el universo del café concert es muy particular, la devolución te la da el público, el espectáculo lo completa el público. Soy de los capricornianos que se estudia las 30 páginas del show de memoria y le seco el cerebro a la pobre Claudia Salvatierra, que es la persona que me acompaña hace 20 años y me las toma. De esas 30 páginas quedarán 12 y estrenamos un espectáculo de una hora y 20 y a los 15 días, dura una hora 40, porque el público hizo crecer ciertos momentos y eso que hizo crecer es lo que finalmente dejamos.

-¿Hubo un momento en que decidiste ser actor, o fue algo que se dio naturalmente?

-A los 13 o 14 años tuve una discusión con mi papá -yo pensaba que la discusión con él iba a ser por mi preferencia sexual y nunca fue así- una crisis por lo laboral, cuando le dije que iba a ser artista. Nos llevó unos meses reconciliar las diferencias, pero lo superamos porque nos amamos mucho con mi padre. Yo entendí que se preocupaba por saber de qué iba a vivir.

-¿Lo artístico venía por el lado materno?

-Mi abuela me contó que lo artístico venía del lado paterno. Tenía un tío que había sido actor, que se lo había llevado a Buenos Aires Nené Cascallar, era Rodolfo Ricolfe, que después fue director de radio Nihuil. Una tía abuela española se casó con un militar francés y se convirtió en actriz de la comedia francesa, Isabel Pascual Capilla. Esa mujer era una gran estrella en Francia.

-¿Tu abuela te lo contó para componer las cosas?

-No sé si para componer, sino para que yo dispusiera de esa información. Lo último que me contó es que había conocido a mi abuelo en un club de Villa Hipódromo donde mi abuelo tocaba el bandoneón y ella era la damita joven de los sainetes.

-No había forma de que te escaparas del arte...

-No había forma, pero no me lo habían contado. Ahí me cerraron muchas cosas, sobre todo de mi viejo. Él era muy rústico en algunas cosas y muy exquisito en otras. Era un empresario de la madera, que llegaba a la hora de almorzar con aserrín en la cabeza, pero después se iba a ver ballet. Le encantaba el cine y el teatro. Me hizo ver Cabaret cuando yo tenía 10 años. La alquiló en los cinco rollos en que venía en ese momento.

-¿No tenías el mandato de continuar con la empresa familiar?

-Sí, pero no tuve que continuarla porque empecé a trabajar muy joven gracias a Lita Tancredi. La vi un día y le dije que quería ser parte de su elenco. Ella me dijo que antes tenía que ser alumno y yo le dije que no, que quería actuar. Me respondió que no y me fui indignado al hall del teatro Independencia a ver una obra. En el entreacto, aparecieron los hermanos Fabián y Ariel Sevilla (actores, directores de teatro, escritores) y me dijeron que había una baja en el elenco y que Lita me había dado el papel. Aunque ya había actuado, allí empecé profesionalmente y nunca más paré. Tenía 17 años.

-Después de capacitarte en Buenos Aires y Nueva York, ¿por qué elegiste volver a Mendoza?

-Yo elijo Mendoza siempre. Pepe Cibrián me ha invitado a actuar con él, pero yo quería estar acá. He viajado con los elencos, en giras, pero si yo me muriera y me preguntaran dónde quiero volver a vivir, diría Mendoza.

-Si tuvieras que montar una obra con la vida de Adrián Sorrentino, ¿cómo te imaginás que sería?

-Creo que tendría un universo muy circense. Si alguien contara mi vida me gustaría que lo hiciera como una película de Fellini, con esos mundos de tramoyas, de trapecios, telones, de carpas rayadas, con bolas de espejos girando y creando magia, que es lo que me mueve a mí. Crearle magia al público.

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