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Nacida en Santa Fe pero mendocina por elección -aunque ahora vive en San Luis- la autora de la Saga de los Confines es parte importante del equipo artístico de la fiesta máxima de nuestra provincia

La pluma fantástica de la Vendimia 2015

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Enrique Pfaab

pfaab.enrique@diariouno.com.ar

Son las 6 y todos duermen, todavía. Liliana cumple con su rutina. Se levanta, se prepara unos mates y sabe que tendrá dos horas y media de silencio y que podrá cumplir con esa rutina que tanto adora: escribir sin pausa ni distracciones y que en su casa puntana de Trapiche Latinoamérica se sacuda el rocío.

Liliana Bodoc, la autora de La Saga de los Confines y del guión de la Fiesta de la Vendimia 2015, sabe que Gael, el bebé que la ha inaugurado como abuela, todavía no desplegará su alegría necesaria. Que su hija menor, Romina (31), todavía no deberá levantarse para atender al pequeño. Que su marido no tiene que atender sus tareas de informática y que hace tiempo no debe madrugar para ir a dar clases de Matemáticas. Que su hijo mayor, Galileo (33), está en su departamento de Palermo, en Buenos Aires, y se encargará del apoyo logístico que ella necesita para seguir escribiendo y que también tendrá tiempo para continuar con su carrera de actor y director de teatro.

Todo está en orden. Ahora sólo están ella y sus teclas. Y el silencio.

“Me gusta esa rutina, la valoro. Es un orden de trabajo necesario, metódico. Ahora, con tantos viajes, muchas veces no la puedo mantener”, dice la escritora para quien las historias épicas también pueden ser contadas desde la piel color tierra del sur.

En la tarde, más ruidosa, vendrá la corrección de los textos matinales, el diseño de algún mapa para ordenar la continuidad del relato.

–¿Trapiche es tu lugar en el mundo?

–Hace tiempo que comenzamos a sentir esa necesidad de encontrar ese lugar y ahora nos hemos decidido. Vamos a volver a casa, a Mendoza. Buscaremos algo para alquilar y ya quedarnos allí.

Liliana Bodoc nació en Santa Fe el 21 de julio de 1958 y cuando tenía 5 años la familia se mudó a Mendoza. “No tengo casi nada de santafesina, salvo por los relatos de mi abuelo y de mi padre. No reniego de mi origen, pero mi vida fue en Mendoza”, dice.

–¿Leías mucho de niña?

–Sí. Tuve de chica una salud un poco frágil, asma y problemas respiratorios que después superé. Eso me hizo leer.

–¿Qué leías?

–Lo que leían todos los niños: Jack London, historias de hadas y príncipes, nada especial.

Liliana Bodoc estudió Licenciatura en Letras en la Universidad de Cuyo y ejerció la docencia. “Como todos, como cualquier piba, yo había escrito alguna cosa pero anduve boyando como hasta los 40, cuando leí El Señor de los Anillos y la épica clásica de Tolkien y eso me partió al medio, me enloqueció” y aclara inmediatamente que sintió un fuerte rechazo “desde lo ideológico”, por su “aire monárquico, clasista, su mirada eurocentrista, aria”. Bodoc sintió que “alguien tenía que escribir eso, desde lo latinoamericano”. Así se publicó su primera novela en el año 2000, Los Días del Venado, “y desde el principio ya sabía que iba a ser una saga”, La Saga de los Confines.

–La Casa de las Estrellas (el lugar donde viven los astrólogos en La Saga de los Confines), por ejemplo, ¿está inspirada en Machu Picchu?

–¡Por supuesto! Todos los lugares son reales y de Latinoamérica.

La novela fue premiada por la Feria del Libro de Buenos Aires y obtuvo la mención especial de The White Ravens en 2002. Pero antes, en 2001 y en plena crisis, la familia se fue de Mendoza a Buenos Aires, “por el trabajo de mi marido”. Se fueron a vivir a Floresta, “un lugar tranquilo”, pero la ciudad los devoró. “Aguantamos dos años y decidimos irnos a Trapiche. Mi hijo todavía me dice: ‘Lo que pasa, mamá, es que vos siempre andás dormida’. Y Buenos Aires es un lugar donde tenés que andar siempre despierto, alerta”.

Dice que no pensó cuál sería su lector cuando comenzó a escribir la saga, que eso es algo que van marcando las editoriales y que después condiciona un tanto a quien escribe.

Y también cree que ahora, escribiendo para cine y con el guión de Vendimia, esa escritura más cruda posiblemente después influya en sus siguientes novelas.

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