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Nos dejaron sin aliento

Fernando G. Toledo

fgtoledo@diariouno.net.ar

“Me quedaré con muchas ganas de verte / vacío y sin aliento” cantan David y José Muñoz en uno de los temas del último disco de Estopa. Pero, ¿no es acaso ese el estribillo justo para todos los que vieron el show de la poderosa banda española, este jueves, en el Arena?

Y es que muchas cosas se confluyeron para esa idea de pedir más y más al dúo de los hermanos de Cornellá (Barcelona). No sólo el hecho de concretar, a 13 años de la salida al ruedo del grupo, por fin un show en vivo en Mendoza. La idea de pedir más a Estopa es que ellos y su banda se brindan de tal manera en el escenario y con tanta naturalidad, que cuando el show acaba, nadie quiere resignarse al final.

Con una hora larga de retraso, el show comenzó con Mañanitas, de Estopa 2.0, en lo que fue una constante del grupo: repasar casi íntegramente el material más nuevo de los Muñoz, aun a riesgo de que el público no esté del todo familiarizado con las canciones más recientes. Pero la propuesta fue inteligente: los españoles combinaron casi sin pausa los clásicos con las novedades, y así, en medio del casi exhaustivo paseo por el último disco sonaron hits como Vino tinto, Run Run, Poquito a poco, Pastillas de freno, Partiendo la pana, el inspirado Ya no me acuerdo, Cacho a cacho o Fuente de energía, coreados, sorpresivamente, de palmo a palmo por un auditorio de unas tres mil personas.

David y José mostraron una envidable “química” en el escenario, a pesar de los nervios propios de no haber podido realizar una correcta prueba de sonido. Esa comunión escénica contribuyó en buena medida para realzar el show en vivo.

Un set acústico, con versiones sanguíneas de “himnos” como La raja de tu falda, el bello Demonios, Mi primera cana, el coreadísimo Me falta el aliento y El del medio de Los Chichos completaron un show en el que, además, se lució muy especialmente el baterista Anye Bao.

Cuando el último acorde de Como Camarón sonó en el cierre, y cuando el público cayó en la cuenta de que el primer recital de Estopa en Mendoza acababa de concluir, la cuestión quedó clara: hacía falta más. Es evidente que, de algún modo y para un público mucho más nutrido de lo que podía esperarse , se quedaron sin aliento. No hay secretos: como dicen ellos, “esto es Estopa”.

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