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Almafuerte tocó el sábado para 2.300 eufóricos seguidores. Se lesionó el bajista Ceriotto y Iorio se despidió repartiendo alfajores.

 

Metal para todos

Por Oscar Trapéotrape@diariouno.net.ar

No queda ninguna duda de que Almafuerte es lo mejor del heavy metal nacional y el sábado a la noche regresó a Mendoza para disfrutar de su gran momento junto con una multitud en el Bustelo.

Allí, la banda liderada por Ricardo Iorio mostró por qué despierta tanto fanatismo entre sus seguidores. Los fans respondieron de la mejor manera, porque 2.300 personas se arrimaron hasta el auditorio céntrico para cantar como desaforados durante casi dos horas los temas más emblemáticos de la agrupación número uno del metal pesado nacional.

Después de las 22, Iorio y compañía saltaron a escena para dar comienzo a la fiesta del metal más criollo del país, ese que ahora es tan convocante como festejado. Y de entrada se escuchó el sensible tema Pa’l recuerdo, incluido en la placa que presentó el grupo: Trillando la fina.

Luego de este arranque contundente, Almafuerte se zambulló en una lista de temas que alternó canciones de su flamante disco, como Muere, monstruo muere, Pa’ pelusa o Si me ves volver, y otras ya clásicas, donde se pudo escuchar Almafuerte, Pensando en llegar, Triunfo y el siempre esperado Toro y Pampa.

Promediando la mitad del show, el guitarrista Claudio Marciello se quedó solo sobre el escenario para mostrar su virtuosismo instrumental. Esta vez con un set acústico, el músico se encargó de hacer delirar a los presentes cuando comenzó a ejecutar los acordes de Zamba de resurrección.

Llegando al final sucedió algo inesperado. Resulta que en uno de los intervalos del show, el bajista Beto Ceriotti se dobló el tobillo izquierdo y tuvo que terminar el recital sentado en una silla, aunque no dejó de tocar. Esta situación no empañó el clima de fiesta que se vivió en el Bustelo.

Para el final, Almafuerte se despidió de su público nada menos que con el tema A vos amigo y para ese entonces la euforia del público mendocino explotó.

Dándole el toque distintivo a la noche, Ricardo Iorio volvió al escenario con una bolsa llena de alfajores para repartirlos entre los presentes. El “caudillo metálico” posee un carisma especial, ese que no conoce de límites y brilla de la mejor manera.

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