Marisa Brel es mamá de Paloma, de 17 años, y de Timoteo. A su hija mayor la tuvo luego de haberse realizado un tratamiento de fertilización in vitro, y al menor, gracias al método de subrogación de vientre, que realizó en Estados Unidos.
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Por este motivo la periodista expresó su opinión sobre Pequeña Victoria, la nueva ficción de Telefé.
En el primer capítulo de la tira se muestra que el contrato que firmaron las partes involucradas (por la subrogación de vientre) queda de lado apenas nace la beba, porque ocurren situaciones que no estaban contempladas. Y se produce un intercambio de información entre la donante de óvulos, la mamá gestante e inclusive el padre que donó el esperma, que en este caso es la actriz trans Mariana Genesio.
Consultada por Clarín, Marisa Brel expresó: "Primero celebro que se hable del tema subrogación en televisión y se naturalice en la gente. Es una manera maravillosa para ayudar a una mujer y a un hombre a ser padres".
Aunque de inmediato marcó varios errores que encontró y que le molestaron bastante. "Estaba muy preocupada y ansiosa para ver cómo se iba a tocar el tema en la novela, aunque hay miles de casos diferentes. Hay cosas que estuvieron mal. Acá en la Argentina no hay una ley y mostraron cosas que no se pueden. No está prohibido pero tampoco está avalado. Gracias a Dios se están haciendo con arreglos judiciales y sólo se permite con hermana, prima o alguien que tenga un lazo".
Brel destacó que "en lo particular, y dejando de lado que es una ficción y que amo a Érica, la autora de la tira, confío en que ella trate el tema bien. Pero por ejemplo, una carrier -la persona que lleva el bebé en su vientre- no puede serlo por capricho o por dinero, sino que tiene que haber sido madre anteriormente. Si no pasó eso un psiquiatra no la puede aprobar para que sea mamá subrogante".
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"Como mínimo tiene que haber tenido un hijo y no haberlo abandonado nunca. Para ser carrier además uno tiene que pasar por miles de exámenes físicos, psicológicos y psiquiátricos antes de ser aceptada", explicó.
"Otra cosa que no me gustó. La mujer que va a subrogar no es una clienta. El personaje de Emilia Mazer, actriz a quien admiro, hace el rol del nexo entre una agencia de mamás sustitutas y madres biológicas o en potencia, como las llamo yo, tiene que ser de un amor y una contención fuerte para ambas partes. Es el lazo que los une. No puede estar revoleando dinero ni diciendo 'firmen acá' o 'la clienta'. Entiendo que estamos hablando de una ficción. Pero me preocupa lo que le queda a la gente: que esto es un comercio".
"Si una mujer no tiene una misión especial para ayudar a otra mujer a ser madre, no se puede. Esto puede crear la fantasía que una mujer lo hace por dinero y no es así. Sí se le tiene que pagar. En Estados Unidos, en los ocho estados donde está aprobada la ley debe cobrar veinte mil dólares que se le pagan por mes. Nadie se va a hacer millonario ni dejar de trabajar en su vida por haber alquilado su vientre", manifestó indignada.
"En realidad está mal decir 'alquilar' un vientre. Prefiero decir 'un préstamo de vientre momentáneo'. Ni siquiera hay que donar un órgano. No hay que arrancar un riñón ni nada parecido. La gente tiene que evolucionar y saber que un vientre se presta. Tampoco se arranca un útero para ayudar a esa persona", detalló.
La periodista también se molestó con "ese manejo comercial que se mostró ayer me mató y no me gustó. Aunque después se convierte en algo lindo porque es mamá. Que haya cuatro mamás, dieciocho o veinticinco bienvenidas sean. Mientras sea con amor".
