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Homenaje a un grande

Las malas palabras de Roberto Fontanarrosa: Día del Humorista

Cada 26 de noviembre se festeja el Día del Humorista en homenaje al nacimiento de Roberto Fontanarrosa, a partir de la ley 27.100 de 2015.

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El escritor, humorista y dibujante rosarino Roberto Fontanarrosa nació el 26 de noviembre de 1944. Murió el 19 de julio de 2007, agobiado por una esclerosis lateral amiotrófica. 

Si bien su carrera se inició en revistas de Rosario, trascendió a nivel nacional por la originalidad de sus dibujos y la rapidez con que los ejecutaba, de ahí que su producción gráfica fuera tan prolífica o abundante.  

En la década del 70, había comenzado a dibujar en las revistas Hortensia, Satiricón y en el diario Clarín y desde esos medios trascendió con sus personajes "Boogie, el aceitoso" -que llegó a publicaciones de Colombia y México-, y el gaucho Inodoro Pereyra, siempre unido a su perro Mendieta.

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Hincha de Rosario Central y fanático del fútbol, también escribió varias obras con este deporte como temática, como el cuento "19 de diciembre de 1971", en el que relata la victoria de Central sobre Newell's en la semifinal de un torneo Nacional, "El ocho era Moacyr", o las historias sobre "La hermana Rosa", una mentalista excéntrica protagonista de historias relacionadas a los eventos en los que jugaba la Selección Nacional.

Entre sus libros de cuentos se destacan "El mundo ha vivido equivocado", "No sé si he sido claro", "Nada del otro mundo", "El mayor de mis defectos" y "Uno nunca sabe", entre muchos otros. 

Dos años antes de su muerte y en el Congreso de la Lengua que se realizó en Rosario, su defensa de las "malas palabras" -presentes en buena parte de su obra- sorprendió a los presentes en una disertación donde solicitaba "una amnistí­a" para esos vocablos. Allí quedaron marcadas a fuego sus dotes de irreverente y provocador.

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Fragmento de Las malas palabras, la disertación de Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua 

El periodista y escritor rosarino Horacio Vargas, que publicó en 2014 "El negro Fontanarrosa", explicó a Télam que fue una biografía "pensada desde un principio como un homenaje pero que evitara los lugares comunes, la mirada lacrimógena".

"Yo no era su amigo en una ciudad donde todos eran sus amigos y eso me permitió tomar distancia del Negro y abordar su historia de vida desde otro lugar: es la crónica de un ícono cultural con múltiples voces, materiales inéditos que ahora, a diez años de su fallecimiento, vuelve a ser reeditada tras una primera edición agotada".

"El Negro era el antidivo perfecto. Podía otorgar una entrevista a un chico de una escuela primaria y destinarle el mismo tiempo que a un periodista consagrado de la Argentina", destacó el periodista.

"Era generoso -infinidad de revistas alternativas han recibido sobres con ilustraciones del Negro sin cobrarles nada-, ha recomendado jóvenes periodistas y dibujantes a jefes de redacción, y no se equivocaba", decía
Vargas en su momento.

"Pese a su obra múltiple (fue cadete, publicista, humorista, ilustrador, cuentista, novelista, discreto jugador de fútbol, conferencista) era un tipo humilde y de una ironía insuperable", recuerda.

"Para mí esto de dibujar y también escribir es una perfecta excusa, porque cuando escribo algo y me dicen que no es muy bueno yo digo 'lo que ocurre es que soy dibujante', y cuando hago un dibujo y me dicen que es flojo, yo digo 'bueno, mi verdadera profesión es la de escritor'", recuerda Vargas que decía Fontanarrosa.

"Una vez le dije: Charles Bukowsky suele decir que lo único que se necesita para ser escritor es una máquina de escribir. Y él me respondió: Es una frase ingeniosa y suena muy linda pero yo la derivaría al hecho del esfuerzo de trabajo. Creo que es más importante tener una idea y atreverse a contarla. Lo que me he dado cuenta después de mucho tiempo, es que yo también me dedicaba a contarles a los chicos del barrio las películas que iba a ver. Eso refleja indudablemente un gusto por la narración, por contar historias, yo creo que tal vez sea el oficio más viejo de mundo".

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