Espectaculos Domingo, 11 de febrero de 2018

Las máscaras se unen en la vida y en el arte

Gastón Pauls. Reivindica incorporar lo externo a su mundo interior y actoral. El lunes 19 estrena una serie hecha en Mendoza y el jueves una cinta que lo tiene como protagonista. Y los proyectos continúan

Gastón Pauls ha atravesado un año de experiencias intensas. Desde lo laboral, en los últimos meses concluyó una miniserie realizada en Mendoza (Personajes peculiares con Paul Palomino) y dos películas: El sereno (producción uruguaya con estreno a nivel nacional el próximo jueves), otra sobre el predicador argentino Luis Palau, y El príncipe, filmada en Chile.Pero más allá de su ajetreada agenda profesional, hubo un hecho -un choque automovilístico, el 22 de enero- que le mostró la complejidad del guión de su propia vida. No habla ni se lo escucha como antes. Ha cambiado y es muy consciente de ello.En esta charla con Diario UNO, este actor que no para de trabajar se detiene para hablar de todo lo que para él es un gran aprendizaje.-Contame cómo fue la experiencia Personajes peculiares con Paul Palomino...-Hace unos días subí una foto de promoción a mi Instagram y cuando tuve que escribir algo puse que fue una de las experiencias más divertidas de mi carrera.-¿Y por qué se dio eso?-Se juntaron varias cosas. Primero, lo que teníamos que hacer para mí era muy divertido, muy delirante. Ya la idea cuando me la propusieron me parecía muy graciosa, pero después hubo algo que no siempre ocurre, que es cuando en el rodaje uno se divierte, se sorprende. La idea creció y ahí tuvo que ver el equipo en general, me refiero al equipo técnico y actoral. Por eso digo que me divertí mucho los cinco días que estuve filmando ahí, fue realmente una experiencia interesantísima en mi vida laboral.-Que auspicioso que se puedan hacer este tipo de ficciones en Mendoza...-Yo no tenía dudas de que eso podía ocurrir, porque he trabajado en varias provincias y siempre te encontrás con gente que está en un absoluto primer nivel y que más allá del talento tienen la capacidad. Ojalá que esto marque un camino para muchos otros que están en Mendoza u otras provincias y puedan ver que es posible hacer algo y de esta forma. Vuelvo a decir que no fue una sorpresa, porque sabía que podía ocurrir, pero sí fue un placer absoluto. Nunca había trabajado con estos actores, por ejemplo a algunos los conocía de nombre, pero nunca me los había cruzado en un set y hubo un par de capítulos donde me costaba concentrarme, no por la concentración en sí, sino porque no podíamos parar de reírnos. Eso es redondo, vas a hacer algo y cuando te divertís es coherente. Decís: "Me divertí yo, ojalá se divierta el público".-¿Creés que esto luego se transmite al espectador?-Ojalá. La verdad, nunca emito opiniones antes porque me he llevado sorpresas. Este es un trabajo muy particular, que tiene cosas muy sutiles que tienen que darse y me ha pasado de estar superentusiasmado con proyectos y que cuando los veía no colmaban mis expectativas y también me pasó al revés. En general yo creo que cuando la gente se divierte en el equipo algo pasa a la pantalla, pero yo voy a esperar, siempre soy muy respetuoso de los tiempos. A esta altura de mi vida, tengo 46 años, acabo de llegar de Chile y esa fue mi película 50. La verdad, aprendí que lo único que me importa, pero literal, es disfrutar lo que estoy haciendo, porque lo demás depende de muchos factores que uno no maneja. A Paul Palomino lo disfruté tanto que ojalá que esté buenísimo, pero lo más importante para mí ya pasó. Eso tiene un valor enorme en mi vida y no me lo quita nadie. -¿Qué estuviste filmando en Chile?-Tuve un año bastante fuerte. Acá estuve filmando una película sobre la vida de un predicador argentino, Luis Palau, que terminé el 21 de enero y a los dos días me fui a Chile a filmar otra película, El príncipe, que trata sobre el mundo carcelario en ese país justo antes de la caída de Salvador Allende. En realidad habla sobre la libertad en un lugar tan difícil para vivirla como es la cárcel.-¿Cómo enfrentás en tan poco tiempo cambiar de personajes tan diferentes?-Ahí está la locura del actor, estamos todos un poquito tocados (risas). Pero a medida que van pasando los años uno va armándose sus propios caminos creativos, sus trucos, sus recursos narrativos y expresivos. La verdad es que igual no fue fácil, por cosas que después en pantalla no se ven y el público ni se entera. Pero yo terminé la película de Palau y tuve un choque medio heavy con el auto y a los días estaba en Chile filmando, no había vuelta atrás. Y la verdad es que a veces uno tiene que utilizar a favor ciertos condicionamientos externos. Por ejemplo a mí me dolía mucho el brazo y traté de ver de qué manera uno no se pelea con lo que pasa "externamente", porque todo es externo-interno, porque el arte es cómo hacer interno lo que uno está viendo externamente, como pintar un cuadro de un paisaje. En mí el desafío era que tenía dos días entre una película y la otra, literalmente, donde tenía que pasar de Palau, que predica la palabra de Dios, con un desarrollo espiritual muy grande, a meterme en una cárcel donde también hay desarrollos espirituales muy grandes, pero en este caso el personaje que me tocaba estaba lejos de eso. Quizá el desarrollo espiritual en él es mucho menos religioso, más animal. Y eso es muy interesante.-A raíz de ese choque, al tomar conciencia de la vulnerabilidad o el miedo, ¿los utilizás en tu trabajo?-Creo que cuando uno sale de una situación así, en realidad cuando uno está en medio de ella, volcando con un auto, en ese preciso instante te das cuenta que no tenés el control, de hecho uno pierde el control para volcar. Más que nunca estás en manos de algo superior y que cada persona le ponga el título que quiera: Dios, Jesús, Jehová... Yo literalmente estuve en manos de Dios. Y también lo tomo como una situación de mucho amor. Fue un sacudón muy fuerte, pero fue una situación que yo la leo con amor: acá sigo estando, mis hijos están acá mirándome a los ojos. Algo tengo que aprender.-El jueves que viene también se estrena El sereno...-Fue una película que habla quizá de la recuperación de las adiciones y es como un largo viaje desde la oscuridad a la luz. Fue muy difícil, muy dolorosa, porque yo de alguna manera estaba exorcizando un montón de demonios antiguos, pero que conviven con uno, así que fue una gran experiencia.-Hablás de exorcizar viejos demonios y justo apareció esta película...-Ahí es por donde creo que va el camino, todavía dudo cómo llamarlo. En estos últimos días utilizo mucho la palabra Dios, porque cuando salí del auto agradecí a Dios. Me parece que cuando uno va en cierta dirección aparecen las herramientas que Dios o el camino mismo va poniendo para terminar de cerrar o de abrir historias. En este caso, yo hace muchos años estoy en recuperación de adicciones y el mismo camino, el mismo poder superior me pone situaciones para que yo vaya poniéndoles color a etapas de mi vida que estaban escritas en gris. Me parece que te ponen adelante un libro para niños para que lo colorees y está bueno poder colorear tu propia historia.