Espectaculos Domingo, 23 de septiembre de 2018

Juan Leyrado: el rostro de un clásico

Un enemigo del pueblo. El actor protagoniza, la obra de Henrik Ibsen que llegará a Mendoza el fin de semana que viene.

En 1882 el dramaturgo y poeta noruego Henrik Ibsen escribió Un enemigo del pueblo, una obra llamada a convertirse en un clásico, en la cual el doctor Stockmann quería advertir a su pueblo acerca de la contaminación del balneario del lugar, fuente de ingresos para sus pobladores, en tanto que su hermano, que es el alcalde, considera que esa afirmación llevará a la ruina al balneario y con ello a todos su habitantes, con la cual el enfrentamiento entre ambos no tarda en llegar.

En nuestro país se hicieron dos puestas en 1972 y 2007, basadas en la popular versión del escritor Arthur Miller, pero la que veremos en pocos días -que se estrenó en el Teatro San Martín en Buenos Aires- vuelve a las fuentes. Es que la puesta de Lisandro Fiks, protagonizada por Juan Leyrado (doctor Stockmann) junto a Raúl Rizzo (el alcalde), Viviana Puerta, Edgardo Moreira, Romina Fernándes y Bruno Pedicone, retoma el texto de Ibsen y rescata la fuerza narrativa y humana de este texto.

Los mendocinos podrán verla el viernes que viene en el teatro Roma de San Rafael y el sábado 29 y domingo 30 de setiembre en el teatro Plaza de Godoy Cruz.

Diario UNO charló con Juan Leyrado acerca de esta obra, de su actualidad y de sus expectativas al presentarse en nuestra provincia.

-Cuando uno relee esta obra de Ibsen no puede dejar de asombrarse con su actualidad. ¿Al ensayarla les pasó lo mismo?

-Sí, y es que así son los clásicos. Ibsen la escribió a fines del siglo XIX y tiene una enorme contemporaneidad. como las cosas que escriben estos genios, pero que además no apuntan a una coyuntura ni a una bandería política, sino al ser humano, a su comportamiento.

-Ya que mencionaste la palabra coyuntura, mucho de la obra se puede ver o se ve reflejado en la realidad, pero me parece que la obra de Ibsen trasciende la coyuntura...

-Es que justamente lo que más se tomó en esta adaptación y que es lo más maravilloso, es que Lisandro Fiks la ha llevado a un pueblito de Buenos Aires, en la época actual y le ha inyectado esa cosa de que más allá de que se trate el problema de contaminación del balneario, se está hablando de una conciencia cívica, de una conciencia ciudadana, del desconocimiento que tenemos nosotros de los derechos y obligaciones como ciudadanos en la democracia. Lo que hacemos, aunque sea algo pequeño, cotidiano, cuando se suma hace que realmente una sociedad funcione mal o bien, porque si nosotros hablamos de la corrupción y todos somos corruptos en las más pequeñas cosas, la suma de eso hace corrupto a un país. Después hay responsabilidades: hay gente que tiene más responsabilidades que otra, más compromiso por los cargos que decidieron asumir, pero nosotros también tenemos la responsabilidad de lo cotidiano, lo individual, lo familiar. Si nos acostumbramos a que somos responsables de un hecho general, no solamente de nosotros, sino del universo mismo, veremos que así es como funciona. La energía de los actos mínimos resuena en todos los lugares.

-A nivel social se expresaría en el bien común...

-Por eso insisto en la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. En este caso, vivimos en democracia y hasta que no se invente otro, es el mejor sistema. Lo bueno de esta versión es que el pueblo, en este caso, es la platea. En un momento se encienden las luces -la gente no entiende nada (risas)- y mi personaje quiere plantearles algo, por eso hace una asamblea en el colegio donde trabaja su hija, que es el único lugar que consigue. El público se convierte en la gente del pueblo, vota y gritan cosas, pero no como una interacción tipo stand up, sino que mi personaje los ubica diciendo "Gracias por haber venido, los conozco a todos, estamos en este salón del colegio...".

-Con esto cada función debe ser muy diferente...

-La gente lo pasa muy bien, participa mucho y nosotros estamos tan contentos de hacerla, porque cada función es algo nuevo. Es que la puesta es muy dinámica. En esta versión se habla mucho de la relación entre los dos hermanos, el doctor Stockmann y el alcalde, que es el personaje de Raúl Rizzo. Aparece como disparador el tema de la contaminación, pero podría haber aparecido otro y los hermanos se habrían peleado igual. En esta versión tienen que ver mucho los vínculos, como en la vida cotidiana, donde los vínculos nos hacen ver, rever, aceptar o no determinadas cosas del afuera.

-En el texto de Ibsen es muy interesante la evolución de los personajes. El tuyo al principio tiene una cierta inocencia, por ejemplo con el manejo de la prensa y la dinámica de los vínculos también evoluciona...

-Es cierto y además lo que pasa es que siempre las versiones que se hicieron en la Argentina fueron las de Arthur Miller y también por una necesidad de la época, el personaje del doctor Stockmann siempre apareció como un héroe y en este caso no lo es, porque él plantea algo lógico, pero también tiene sus contradicciones. En la época de Ibsen, este personaje se planteaba como alguien que estaba bastante en contra de la democracia, porque quería más el voto calificado, por ejemplo.

-Y aseguraba que la mayoría no siempre tiene la razón...

-Ahí te digo que hay cosas que lo hacen pensar a uno. Yo soy de una generación en la que siempre gritábamos "la mayoría nunca se equivoca" y me costó mucho meterme en la cabeza la frase de mi personaje, pero es verdad, ¿por qué la mayoría no se puede equivocar? Estos interrogantes se plantean y uno, como artista, componiendo este personaje, te replanteás muchas cosas. Y es lo que también le pasa al público, que se va replanteando estos aspectos y cada uno lo llevará a lo que piensa o a lo que más quiere hablar o a sus propias convicciones. Esto apunta al pensamiento del ciudadano.

-La razón que esgrime el alcalde es la ruina del pueblo y él tiene que velar por su bienestar, pero el doctor habla de la salud pública. ¿Podemos decir que acá no hay héroes ni villanos?

-¡Exactamente! Esta versión toma eso como base, porque en las otras versiones el bueno era Stockmann y en realidad tiene una razón que uno puede seguir, porque es lógica, ¡pero ojo!...el intendente también tiene la razón: "hagamos las cosas que tenemos que hacer porque nos morimos todos", o ver qué grado de contaminación tiene el agua, si se puede arreglar de otra forma. Mi personaje quiere cerrar todo, parar todo y ahí es donde aparece, además de las razones de cada uno, ese fondo que en esta versión está, que el director subrayó en esta puesta, que es la relación entre los hermanos. Mi visión es que el médico no solamente está defendiendo su razón y el alcalde la suya, sino que están confrontando asuntos de la niñez y de su vínculo.

-¿Cómo es tu relación con Raúl Rizzo, tu hermano en el escenario?

-Raúl es un hombre totalmente apasionado, calentón (risas), pero es un tipo extraordinario. Además de ser un gran actor, es un tipo que conozco hace muchos años, hemos trabajado mucho juntos. Y ese placer se extiende a todo el equipo. Por suerte en verano vamos a hacer temporada en el teatro Provincial de Mar del Plata y llevar una obra así me parece extraordinario. Estamos remándola, pero cargados de cosas lindas, de emociones, de reflexiones y en ese bote remamos todos juntos, porque no da para un trasatlántico, pero llegamos a puerto.

-¿Qué te está dejando en lo personal la gira con esta obra?

-Trato de conectarme con la mejor parte mía -porque todos tenemos muchas partes-. La peor sirve para construir personajes, pero lo importante es darse cuenta cuál es la mejor y la peor para tratar que la primera siga creciendo y este tipo de obras, con experiencias en las provincias, en nuestro país, fuera de casa muchos días sirve mucho si uno no se pone ansioso y se abre. Yo llevo siempre algo para leer en las giras y últimamente termino leyendo lo que me pasa día a día, en cada lugar, que parece una lectura, un libro, donde intervienen textos filosóficos, de novelas...Es salir a la calle, verme allí, ver qué me pasa en otro lugar, lejos de mi familia. Ahora, a esta edad, lo estoy disfrutando mucho más, porque me preocupan menos algunas cosas y me ocupan más otras que me parecen más importantes.