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Crítica

El último duelo: cuando la violación era un asunto de hombres 

Dirigida por Ridley Scott y con la actuación del Matt Damon, la película estrenada este jueves en los cines se basa en un hecho real acontecido en el siglo XIV

El cineasta británico Ridley Scott ha dado prueba de muchos prodigios durante su carrera. Hasta los 40 años dirigía comerciales hasta que decidió que el cine no podía ser su cuenta pendiente. Y su primera película, Los duelistas, se convirtió no sólo en una elogiada ópera prima, sino que ya delineaba los fundamentos esenciales de su filmografía: la precisión en la reconstrucción de una determinada época histórica, la obsesión por los detalles (vestuario, armas) y la precisa elección de sus actores. Así ha dado al cine clásicos de la ciencia ficción como Alien, el octavo pasajero o Blade Runner, la feminista Thelma & Louise o la épica Gladiador. Todas ambientadas en diferentes épocas y lugares, por citar sólo algunos de sus muchos títulos.

A los 83 años nos entrega El último duelo, que el jueves pasado llegó a nuestros cines y que lo confirma como un director dispuesto a explorar formas narrativas que le resulten diferentes, en tanto que mantiene las principales características de su arte.

Estamos frente a una historia real, recreada en la novela homónima de Eric Jager y aquí surge la primera colaboración interesante: la adaptación del guion estuvo a cargo de los actores Matt Damon y Ben Affleck (también protagonistas de la cinta), quienes ya ganaron un Oscar por el guion original de En busca del destino. Aquí a la dupla de actores de suma Nicole Holofcener.

La historia es tan actual como atrapante. En 1386 en París se llevó a cabo el último duelo “del juicio de Dios”, es decir un enfrentamiento entre dos caballeros cuyo resultado final determinaba quién había dicho la verdad. Era a muerte y nadie dudaba que el ganador de la contienda había sido señalado por el mismo Dios como quien tenía la razón.

En este caso es la historia de Marguerite (Jodie Comer), esposa de Jean de Carrouges (Matt Damon). La mujer acusa a Jacques Le Gris (Adam Driver), antiguo amigo y actual omnipresente rival de su marido, de haberla violado. Le Gris, escudero y protegido del señor feudal más poderoso (Ben Affleck), niega que eso haya sucedido, con lo cual el rey decide dirimir el conflicto a través del juicio de Dios. Como sucedía en Los duelistas, donde dos hombres estaban condenados a encontrarse y batirse a duelo, aquí sucede lo mismo: todas las circunstancias conspiran para ir degradando la amistad de estos hombres en rivalidad y finalmente, en enfrentamiento.

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Rashomon, de Akira Kurosawa  

Rashomon, de Akira Kurosawa

El primer acierto de Ridley Scott es contar la historia desde la particular visión de cada uno de los protagonistas. Es el llamado “efecto Rashomon”, de Akira Kurosawa, denominado así por la famosa película del director japonés en la cual hay también una violación, además de un asesinato y el realizador cuenta la historia a partir del agresor, un testigo, el hombre asesinado y la mujer que fue abusada. Lo que este efecto quiere probar es que la verdad suele teñirse con las características, subjetividad y vivencias del protagonista.

La película del director de Blade Runner (de casi dos horas y media de duración) se articula en tres capítulos que cuentan la historia desde la visión de Jean de Carrouges, Jacques Le Gris y Marguerite de Carrouges. En muchos casos, la misma escena se repite con ningún cambio, con sutiles matices o grandes modificaciones, que muestran cabalmente lo que cada uno de ellos percibe de sí mismo y de los otros implicados en el caso. La mayoría de las veces (y sobre todo en el relato de los hombres) son bastante benévolos consigo mismos. La visión que desestructura todo es la final, la de la víctima y es quien interpela a la sociedad que la juzga y al espectador mismo, porque los argumentos se han suavizado, pero muchos penosamente se mantienen. Como la escena del juicio, ante el rey de Francia, donde la interrogan sobre su vida sexual, si sintió placer cuando fue abusada o si en algún momento había afirmado que su abusador era atractivo.

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Marguerite insiste en enarbolar su verdad, aunque tarde se da cuenta de que si su marido pierde el duelo, ella será quemada viva y no podrá ver crecer a su hijo. Le parece un precio muy caro, sobre todo porque otras mujeres han pasado por esa humillación y han elegido el silencio. Era lo que se esperaba de ellas y las leyes e Iglesia respaldaban esa actitud. Desde lo legal, en aquella época la violación era una afrenta a la propiedad del tutor (padre o esposo) de la mujer, no a la mujer, reducida a una mera posesión. Para la Iglesia era el vehículo por el cual el demonio tentaba a los hombres. En ese contexto, el gesto de Marguerite se vuelve heroico.

Por último, la escena del duelo final es antológica. La nieve, el barro, la urgencia de continuar, el miedo, la sangre, es un compendio de todo lo que es Ridley Scott como cineasta. Preciso, intenso, creador de buen suspenso. Lo mismo sucede con las batallas, que muestran la crueldad del cuerpo a cuerpo sin romantizar la muerte que rodea al guerrero.

Finalmente, Jodie Comer/Marguerite brinda un personaje contenido entre el miedo y la vergüenza, pero con la necesidad de que su humillación se sepa y su honor sea restablecido. Damon y Adam Driver sostienen con la misma entrega sus personajes, en una película que no hay dejar pasar y verla en el cine. Porque es cine del mejor, en toda la extensión de la palabra.

El Último Duelo | Tráiler Oficial | Subtitulado

Ficha técnica

El último duelo (The Last Duel).

  • Dirección: Ridley Scott.
  • Elenco: Matt Damon, Adam Driver, Jodie Comer, Ben Affleck, Harriet Walter.
  • Guion: Nicole Holofcener, Ben Affleck y Matt Damon.
  • Apta para mayores de 16 años.
  • Calificación: Excelente.

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