Espectaculos Domingo, 11 de noviembre de 2018

El pintor mendocino que es reconocido a nivel internacional

Su obra Trofeo de Verano quedó seleccionada entre 15.000 pinturas de todo el mundo en el concurso de Arte Figurativo del MEAM, en Barcelona.

Desde los 3 años dibuja su propio mundo. "Me la pasaba muchas horas encerrado en mi cuarto, dibujando", cuenta. Esa fue su primera forma de lenguaje. Luego aprendió a leer y a escribir, y también lo aplicó a su universo: comenzó a escribir las historias de los personajes que dibujaba.

Su vida siempre se relacionó con el arte, desde el dibujo, la escritura y la música, que aprendió escuchando a su papá tocar la guitarra.

Sin embargo, se acuerda puntualmente cuándo fue la primera vez que pintó. Fue una tarde, en el patio de su casa de la infancia, en el barrio Ujemvi. Un patio de los de antes, con sombra de parrales. "Mi mamá iba a un taller de pintura y con su grupo se juntó en mi casa a trabajar. Yo, para no molestar, me puse a pintar con ellos. Ese día pinté mi primer cuadro y no paré nunca más". El que cuenta es Mauro Cano, uno de los pintores contemporáneos mendocinos más reconocidos por la incomparable minuciosidad de sus pinturas hiperrealistas. Sus cuadros impresionan: en cada uno parece moverse un tiempo fuera del tiempo, un tiempo en pausa. Sus pinturas son imágenes detenidas del ahora. En ellas se esconde una perfección que abruma. La realidad intenta parecerse a su obra.

Mauro recibió a Diario UNO en su atelier del barrio Bancario, en Godoy Cruz, donde, además, dicta talleres y su obra se alimenta y crece.

Aunque no participa de muchos concursos, por una opción personal -puntualmente, no le interesan- su obra ha sido reconocida a nivel mundial. En Mendoza, ha expuesto en salas de arte, bodegas y museos. En Buenos Aires, en la Galería Zurbarán, de la mano de Ignacio Gutiérrez Saldívar. Su obra también se aprecia en el exterior: durante el 2017, uno de sus cuadros quedó seleccionado entre 15.000 participantes en Barcelona, en el concurso de Arte Figurativo del MEAM (Museo Europeo de Arte Moderno).

Si bien su trabajo genera emoción y admiración, él habla de su arte con sencillez, lo reconoce como una herramienta de expresión, sin la cual estaría "incomunicado".

-¿Cómo describirías tu obra?

-No podría. Yo pinto por instinto. No tengo reglas. En realidad, tuve que aprender un poco a traducir lo que yo hacía por instinto a un lenguaje más técnico para poder transmitirlo a mis alumnos. Pero cuando yo pinto lo mío, no tengo reglas.

-¿De qué manera trabajás?

-Me gusta investigar lo que hacen otros pintores, conocer de técnicas, de veladuras, pero cuando yo pinto, intento sacarme toda la teoría y no hay reglas. Hay que hacer la obra. Llegar a lo que más me gusta, a lo que más me emociona. Si no me emociona, no puedo seguir.

-¿Te ha pasado dejar obras sin terminar porque ya no te emocionan?

-Tiro muchas obras. Las dejo por la mitad, las escondo un tiempo. Si me doy cuenta de que estoy sólo siguiendo un método, no puedo continuarlas. De todas maneras, les doy una oportunidad y si no, terminan en la parrilla. Yo tengo que pintar con libertad, sin querer acceder a los gustos de los demás, porque eso es muy difícil.

-¿Tiene que ver un poco con lo que te ocurrió en tu paso por la universidad?

-Claro, aunque yo no reniego totalmente de la facultad. Hubo algunas cosas que me encantaron, pero en otros aspectos no estoy de acuerdo.

-¿Qué cosas le criticarías a la academia?

-Mis compañeros y yo creíamos que nos iban a enseñar a ser artistas. Estábamos equivocados. En la facultad no te enseñan a ser artista, te enseñan a ser profesor. De esto no te das cuenta hasta que llegás a tercero o cuarto año y te preguntás: "¿Pero yo que estoy haciendo, si no quería ir por acá?".

-¿Te afectó de alguna manera?

-En el momento sí, porque te exigen cosas que a vos como artista no te interesan, te cuestionan, te preguntan cuáles son tus necesidades. El estilo lo encontrás haciendo tu propia búsqueda.

-¿Cómo llegaste a interesarte por el hiperrealismo?

-A mí mucho no me gusta esa palabra y la verdad, nunca la busqué. Nunca quise hacer una pintura que pareciera una foto. Me surgió muy natural, la técnica y el enrosque detallista que yo tengo me llevaron a eso. Pero si vos ves las fotos en las que me baso no tienen nada que ver con mis pinturas. No es una necesidad de copiar la foto, pero sí entiendo que hay un nivel de detalle que lleva a la fotografía.

-¿En qué se diferencia tu estilo del hiperrealismo?

-Yo modifico las imágenes, busco modelos, pero los altero. Ya no tiene que ver tanto con el hiperrealismo, aunque sí se relaciona con la técnica.

Lo que yo hago tiene más que ver con el realismo contemporáneo. Contempla el hiperrealismo, pero traído a la actualidad, no a lo que pintaban los yanquis hace 50 años, cuando surgió el estilo.

-¿Considerás que hiciste una búsqueda propia en cuanto a tu estilo?

-Sí, lo hice solo. En Mendoza no encontré ningún referente para aprender lo que yo quería. Lo que había estaba en Buenos Aires y yo no tenía acceso, ni por la edad, ni por el dinero.

-¿Lo podés ubicar en el tiempo?

-Coincidió con mi salida de la facultad, cuando tenía 23 o 24 años. En este tiempo ya me encargaban cosas. Muchas copias de obras famosas, algunas para particulares o empresas. En lugar de tomarlo como algo malo o tedioso, lo utilicé para aprender las técnicas, como un ejercicio y me sirvió muchísmo.

-¿Pero ahí ya habías comenzado a definir lo que ibas a hacer?

-A mí me llamaban más la atención el dibujo, el lápiz, la tinta china, la carbonilla. Me manejaba mejor con el blanco y negro. Mi búsqueda fue siempre en torno al realismo.

-¿Y cuándo incorporaste el color a tu obra?

-Fue a través de un profesor universitario, el Alberto Muzzo. Tuvimos muchas peleas, buenas y malas. Pero fue el gran profe de la facultad. Él me puso frente al desafío del color. Me dijo que experimentara porque el color tenía un mundo inmenso. Y así fue. En ese momento, me hice cargo de la imagen, de la composición, de la perspectiva, de los colores... Ahí me empezó a entrar una curiosidad por el color que nunca me había sucedido.

-¿Cuál es el trazo inconfundible de tu obra?

-Desde los primeros dibujos que hice cuando era chico hasta ahora, me caracteriza el nivel de detalle, la trama minuciosa, el puntillismo. He tenido contacto con otros pintores, algunos amigos, que me dicen que nunca vieron pintar con la técnica con la que yo lo hago. Yo pinto por cuadros, como una especie de rompecabezas que después se va armando. Ese es el hilo conductor de mi obra.

-¿Qué te hizo seguir en tu carrera artística?

-Tener claro lo que quería. Mi viejo se preocupaba por mi futuro, porque no sabía de qué iba a vivir. Yo le contestaba: "Viejo, no te preocupés, yo me voy a ganar la vida con un lápiz y un papel". Ahora me dice que tenía razón, aunque en esa época le daba risa mi argumento.

-¿Qué fue lo más dificultoso a la hora de hacerte cargo de que querías vivir de la pintura?

-Tener que estar demostrando todo el tiempo que yo podía, que era bueno en lo que hacía, que valía la pena el esfuerzo... Parte de mi encierro, tenía que ver con eso, con laburar un montón. De 15.000 artistas ya seleccionados en el mundo, quedaron 50 obras como finalistas y la mía fue elegida en este grupo. Mi obra está en un catálogo y para mí eso es haber ganado, porque significa "estar en la final".

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