Por Carolina Baroffio
El ex líder de los Fabulosos Cadillacs presentó el viernes Solo un momento. El error: llevar un concierto para teatro a un estadio cerrado
El lado “B” de Vicentico con canciones instantáneas

Señoras y señores de buena pinta, parejas de 40 dispuestas a reencontrarse con una salida, y un puñado de jóvenes dispersos frente a un estadio cerrado no apto para el agite. Todos ellos se acercaron el viernes al Andes Talleres para ver en vivo a Vicentico, quien junto a una súper banda presentó su último y notable disco, Solo un momento.
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Hasta la hora de los bises, el público permanecía sentado en sus cómodas sillas, distribuidas a una distancia prudencial del austero escenario, mientras los de las plateas se dirimían entre levantarse a corear o seguir sus movimientos desde las butacas.
Ese fue el error de la puesta en escena del ex Fabulosos Cadillacs: llevar un show a un estadio cuando hubiera sido perfecto para un auditorio o teatro. Y no es que los organizadores no se dieron cuenta de eso, fue un ejemplo más de la falta de espacios para la música en Mendoza.
Si el Bustelo no tiene fecha libre, no queda otra que caer en las garras de Talleres, un lugar generoso en su capacidad física, voluntarioso en su adaptación de cancha de hockey a cancha de rock, pero que está lejos de convertirse en un templo para la música.
Gracias a la producción sonora de la empresa de sonido Vidal, que probó con éxito un diseño de última generación, el concierto no ensordeció a nadie. El equipo del mendocino Miguel Ángel Vidal volvió a demostrar que va a la vanguardia de las nuevas tecnologías para el sonido.
Así se disfrutó de casi dos horas de música, en la que pese al pedido del público no hubo tanto Cadillacs y sí mucho de las fabulosas composiciones solistas de Vicentico, que guardan en el centro de su corazón los inicios de aquella mítica banda argentina.
Más allá de la excelencia de los siete músicos en la ejecución de arreglos para cada tema de la lista, sin dudas brilló Vicentico. En sintonía con su última placa, es el mejor momento del músico como vocalista, sea por su estado vocal como por su armonía interpretativa.
Supo entregar casi todos los temas de Solo un momento, mechados con los inoxidables de otras épocas, como Tiburón, Los caminos de la vida o Soy feliz. Sus canciones de corta y robusta duración permiten cargar de una veintena de tracks al repertorio en vivo. Y el cantante las organizó de modo tal que no faltó el momento acústico ni tampoco el más eléctrico, dejando para el final los ritmos bailables.
Vicentico, el personaje, se mostró tímido, quitándose los hielos de la fría noche a medida pasaban los minutos. Saludó a mitad de concierto, no mencionó la palabra Mendoza ni mendocinos, tampoco el vino, aunque sí hizo referencia a él cuando desde abajo le pedía temas de su ex banda o le preguntaban por Flavio Cianciarulo.
Descargó con encanto su arsenal de letras despechadas 2011, como Ya no te quiero, Culpable, Viento, El pacto. Dedicó Las manos a todos los presentes y se desquitó con un popurrí que empezó en el presente con El rey del rock and roll y terminó en el pasado con Yo no me sentaría en tu mesa.