Uno de los casos que más cobertura mediática tuvo el año pasado, con el arresto y posterior suicidio en prisión del magnate norteamericano Jeffrey Epstein, procesado por prostituir a menores de edad, ha sido uno de los resonantes estrenos de Netflix, en una miniserie que aborda la oscura personalidad del millonario, sus influyentes amistades y las imborrables consecuencias que han quedado en sus víctimas.
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En cuanto a la ficción, el estreno de la última cinta del realizador británico Guy Ritchie, junto a un sorprendente elenco, despertó tantas expectativas que en pocos días se ubicó entre las favoritas de los argentinos en Netflix.
Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico
Este millonario norteamericano, que habitualmente aparecía rodeado de personalidades poderosas e influyentes de todo el mundo, era también un monstruo que durante décadas abusó, violó y prostituyó a menores de edad, en una verdadera red de corrupción de menores que facilitaba que niñas, en su mayoría menores de 16 años, estuvieran a merced de hombres que tras la figura de Epstein garantizaban satisfacer sus más oscuros instintos sin tener un castigo penal o social por ello.
Esta miniserie de cuatro capítulos (de aproximadamente una hora cada uno) se centra sobre todo en las víctimas y a través de sus crudos relatos se revela cómo sobrevivieron, en muchos casos, a años de abusos. Epstein tenía en su novia, Ghislaine Maxwell, una “reclutadora” de potenciales víctimas, ya que era ella quien en muchos casos encontraba a las niñas que tentaba con la excusa de ganar dinero fácil (200 dólares) por darle un masaje a Epstein.
Estas niñas o adolescentes provenían en su gran mayoría de hogares muy carenciados de Palm Beach, que al llegar a la lujosa mansión del magnate en esa localidad de Florida, accedían a un mundo que a veces las deslumbraba. Es más, algunas de ellas terminaban enamorándose de su abusador, quien las encandilaba con promesas de pagarles educación a ellas o a algún familiar.
Lo increíble es que este hombre se había hecho un lugar en el mundo de los negocios a través de turbios métodos, como aplicar e lesquema Ponzi, como lo explica en esta miniserie Steven Hoffenberg, uno de sus socios, quien terminó incluyendo en su universo financiero a Epstein por su inteligencia y falta de escrúpulos. Pero Epstein trasladó el método piramidal a su más secreta perversión, para garantizarse tener siempre niñas o adolescentes para corromper.
De esta manera, si alguna de las niñas no accedía en su encuentro personal (la triste historia del masaje que terminaba en abuso o violación) le decía que por cada amiga que llevara a su casa, le pagaría igual 200 dólares. De esta manera tenía un verdadero ejército de reclutadoras, que le proveían más y más víctimas.
A pesar de haber sido denunciado por varias de sus víctimas, fue a la cárcel por algunos meses, pero obtuvo un permiso para trabajar que lo mantenía lejos de las rejas casi todo el tiempo.
Una vez otorgada la prisión domiciliaria, la quebró decenas de veces y al ser denunciado por esto, tampoco hubo consecuencias. Era evidente que su influencia iba mucho más allá de lo imaginado.
En el documental se lo ve junto a personalidades como el ex presidente Bill Clinton (que negó haber estado en su isla o en su avión privado, lo cual se refutó ampliamente), el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump y, por supuesto, el príncipe Andrés (en la foto junto a Epstein), cuya cercanía y posterior escándalo por haber abusado de una menor que le presentó Epstein lo llevó a ser separado completamente de los compromisos de la corona británica.
Este millonario, que manipuló con dinero, chantajes e influencia política a quien tratara de perjudicarlo, tuvo un revés con el movimiento #MeToo, que otorgó la atención necesaria a sus víctimas y terminó llevando a Epstein a la cárcel, donde se suicidó antes de llegar al juicio.
Por eso este documental se convierte en una manera de hacer justicia para sus víctimas al poder contar su historia y sobre todo insistir que él creó una red de abuso de menores que no era sólo para su beneficio. Y que todavía hay muchos culpables que están libres y deben pagar por sus delitos.
The Gentlemen (Los caballeros)
La cinta del director británico Guy Ritchie alcanzó a proyectarse en nuestros cines el 5 de marzo, pero como los tiempos de estreno en las plataformas se han acortado por la pandemia, ahora llega a Netflix y se ha convertido es uno de los contenidos con más visualizaciones en la Argentina.
Este director, que apareció en el universo cinematográfico con un estilo distintivo, con un humor muy particular y un montaje vertiginoso, había perdido su atractivo en olvidables películas como Sherlock Holmes, El agente de C.I.P.O.L. o El rey Arturo: la leyenda de la espada, pero en Los caballeros nos recuerda al realizador que nos deslumbró en Snatch: cerdos y diamantes.
La historia se inicia con la irrupción de Fletcher (un formidable Hugh Grant), periodista de investigación, en la casa de Raymond Smith (Charlie Hunnam) para ofrecerle trato que involucra a su jefe, Mickey Pearson (Matthew McConaughey), un poderoso traficante de marihuana norteamericano que se ha traslado a Inglaterra, donde ha hecho fortuna. Pearson está en un momento de su vida en el que quiere vender su lucrativo negocio y esto desatará una guerra entre facciones mafiosas que se lo disputan.
Con un elenco perfectamente ensamblado, humor y un montaje que acelera el pulso en los momentos propicios, The Gentlemen es la vuelta de Guy Ritchie a sus orígenes y eso es un salto cualitativo a su favor.



