En el centro oeste de la provincia de Santa Fe, donde la llanura empieza a ondularse levemente antes de llegar a Córdoba, hay un pueblo que casi nadie marca en el GPS si no es por una razón muy concreta: una fiesta de la cerveza.
El pueblo tiene tan sólo 420 habitantes. Las casas son de ladrillo visto o pintadas de colores claros, con techos de chapa y galerías largas. Hay una plaza con eucaliptos gigantes, una iglesia neogótica de 1920, una estación de tren que ya no tiene trenes de pasajeros y dos o tres almacenes.
El pueblo que vive en la fiesta de la cerveza
El lugar se llama Franck y lo que atrae gente de Rosario, Santa Fe y Rafaela los fines de semana es la Fiesta Nacional de la Cerveza Artesanal, que se hace todos los años el segundo fin de semana de octubre. Durante 3 días el pueblo se llena: hay más de 60 cervecerías de todo el país con stands en la calle principal, bandas de rock y cuarteto en vivo, food trucks y más de 25.000 personas caminando entre espuma y olor a lúpulo.
La fiesta empezó en 2010 como algo chico entre amigos del pueblo santafesino y hoy es una de las 3 más grandes de Argentina en su estilo.
Además de la birra, Franck tiene una fuerte tradición alemana del Volga: todavía quedan descendientes que hablan el dialecto y hacen kreppel, strudel y cerveza casera todo el año. Hay un museo chiquito en la ex estación con fotos de los inmigrantes que llegaron en 1878 y un bar histórico, El Volga, que abre desde 1910 y sirve chopp tirado de cerveza en jarros de cerámica.
El resto del año el pueblo vuelve a ser tranquilo: mate en la plaza, partidos de bochas y el ruido de los camiones que cargan cereal. Pero cuando llega octubre, Franck se transforma en la capital cervecera del centro del país. Quien va una vez a la fiesta suele volver con la heladera llena de botellas y la fecha marcada para el año que viene.






