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Con la jornada de reflexión que se desarrolló en las escuelas, se abrió una pequeña gran puerta para la prevención de la violencia de género. La experiencia debería repetirse en forma sistemática.

Leer las señales

La semana pasada se abrió una pequeña gran puerta para la prevención de la , gracias a la jornada de reflexión que se desarrolló en las escuelas.

Como ocurre con todo aquello que les sacude la modorra a las instituciones, hubo peros y quejas de algunos docentes y autoridades por ciertas fallas en la organización.

No obstante, pudo ponerse en marcha un desafío que debería reeditarse con mayor frecuencia, contando con una fuerte promoción interna y haciendo cada vez más partícipe al grupo familiar.

Para esto, claro, habría que sistematizarlo de forma tal que el día elegido no haya actividad más importante y central que hablar de este flagelo, pero también de droga, alcohol, salud sexual, futuro laboral y otros tantos temas que ocupan el interés de los más jóvenes.

Esta primera experiencia fue parte de la jornada nacional denominada "Educar en igualdad, prevención y erradicación de la violencia de género".

En forma menos programática, numerosos docentes ya venían instalando en las aulas la discusión de estos temas.

Según testimonian los trabajadores de la educación, en ese ámbito muchos chicos se animan a contar la dura realidad que viven en sus hogares.

En más de una ocasión, incluso, han dado las primeras señales de alarma para activar una rápida contención de la institución escolar.

Con ideas fuerza como "quien ama no mata, ni humilla, ni maltrata", "basta de femicidios" y "no a la violencia" y el contundente "ni una menos", través de la música, el teatro y la cartelería, niños y niñas, jóvenes y adultos pusieron en palabras un drama demasiado recurrente.

Si bien en algunas escuelas se sumaron los padres, a futuro, estos deberían ser parte más activa, porque sin duda de ellos nace el ejemplo más contundente de que la violencia no es el camino apropiado para dirimir las diferencias.

Las historias detrás de los que conmovieron a en los últimos tiempos revelaron que en la mayoría de los casos había un problema de raíz que detonó de la peor manera.

Estar atentos y saber leer las sutiles señales de los chicos puede significar ni más ni menos que la diferencia que media entre la vida y la muerte.

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