La Casa Blanca está siendo gestionada como una empresa familiar. Esto es lo que viene advirtiendo buena parte de la prensa independiente en , alarmada por la forma de gobernar del presidente .
Ivanka Trump, hija del mandatario, ya tiene su despacho oficial a metros del famoso Salón Oval, la mítica oficina de la sede de gobierno, tantas veces retratada en las películas y en las series de TV.
Jared Kushner, yerno de Trump y esposo de Ivanka, a quien ya llaman el "nuevo secretario de Estado", cuenta con despacho propio un piso más arriba. En ambos casos se ha aclarado que estos dos integrantes de la familia trabajan ad honorem.
Lo concreto es que Ivanka (35) y Jared (36)se desplazan por la Casa Blanca como si estuvieran en su casa particular, y entran y salen del Salón Oval sin hacerse anunciar.
Participan, además, en reuniones de gabinete e, incluso, Ivanka y Jared suelen atender algunas audiencias en nombre de su padre y suegro.
En The New York Times dicen que Jared opera "en estado fusiones y adquisiciones".
La palabra nepotismo no sólo está en boca de los integrantes del opositor Partido Demócrata, sino también de muchas influyentes figuras del Partido Republicano, en particular de los más moderados y respetuosos de la ley, que no pueden dar crédito al descaro con que el mandatario y sus familiares se vienen manejando en este ítem.
Algunos creen que va a ser el propio sistema el que lo va a ir poniendo en caja a Trump, en estos asuntos de descarada familiaridad, como ya ha ocurrido con algunos otros disparates políticos en los que el presidente ha tenido que rever sus anuncios, pero otros sostienen que, como ocurre con otros mortales, la sangre familiar -que tira- no le va a permitir tomar la necesaria distancia y que seguramente seguirá comportándose en la Casa Blanca como un audaz recién llegado a la fiesta política.
Ivanka se ha presentado, además, como una cruzada de la fe "trumpista", alguien que debe defender la reputación de la familia y ser custodia de su padre.
Es decir, como si el gobierno de Estados Unidos fuese una más entre las empresas privadas de su progenitor y no el de una nación que marca el ritmo de Occidente.
