Editorial Lunes, 8 de octubre de 2018

Ir por más paridad

En los concejos deliberantes de Mendoza y en los sindicatos es donde más se nota la falta de equidad de género.

Mucho les costará a muchos. Desde las próximas elecciones los partidos políticos y sus alianzas electorales deberán adecuarse a la paridad de género. Más de uno se verá obligado a ceder poder. La nueva ley forzará cambios culturales en algunas cúpulas partidarias acostumbradas a los nombramientos a dedo desde una estructura patriarcal que ningunea a las mujeres.

Ya con el Cupo Femenino (ley que se sancionó en 1991) se buscó darles visibilidad y reconocimiento a las militantes de los partidos, pero terminó siendo, en la mayoría de los casos, testimonial, ya que ubicaron a las mujeres en los lugares de las listas donde los cargos eran "inalcanzables" o con pocas chances.

Recordemos que la nueva ley, votada la semana pasada, fue motorizada por el movimiento feminista y las organizaciones de mujeres de varios partidos.

La misma garantiza que en las boletas haya igual cantidad de aspirantes hombres y mujeres, y esa paridad se estructurará con el concepto de binomios por el que si alguno del par debe salir del cargo, será remplazado por el candidato del mismo género que sigue en la lista.

Esta modificación de los artículos del Régimen Electoral de la provincia de Mendoza y de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) será para la Legislatura en ambas cámaras (Diputados y Senadores), para todos los concejos deliberantes y en caso de que se elijan convencionales constituyentes.

Un simple visteo por la conformación de los concejos de las comunas mendocinas deja en claro que la modificación de ley electoral era más que necesaria y urgente, ya que las mujeres son minoría y, en algunos casos, tienen una representatividad de género menor del 10% en esos órganos legislativos. Este recurrente fenómeno se da allí donde el caciquismo opera como base estratégica para la construcción de poder.

Sería interesante -y justo- que la paridad de género también se comience a exigir en los sindicatos y que otras organizaciones sociales -los clubes o las cámaras que nuclean a profesionales, comercios e industrias- comiencen a abrir sus espacios y reconozcan el lugar de las mujeres en sus instituciones.