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Por la cuarentena los apicultores están en crisis

No pueden atender sus colmenas en otras provincias por la cuarentena y temen grandes pérdidas en la producción de miel polen y propóleos

El coronavirus y la cuarentena ha generado un serio problema para un importante sector de la apicultura mendocina y también del país. El viaje entre provincias para atender las colmenas se ha transformado en una misión casi imposible y lo mismo le ocurre a aquellas cabañas que venden y proveen de reinas y enjambres a otras regiones de la Argentina.

Horacio Leonforte es un apicultor mendocino con muchos años de experiencia y desde hace 20 tiene colmenas en Córdoba además de las que tiene en Mendoza, especialmente en el Valle de Uco. Tener que hacer cuarentena de 14 días en Córdoba y otros 14 a su regreso, le ha complicado mucho atender las necesidades de sus abejas. “Desde junio que no voy y, por más que sea muy complejo, en breve tendré que regresar porque, si no voy, se mueren”, dice.

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El apicultor Federico Pinazo pasa por la misma situación. “Viajé en mayo a Córdoba a atender mis colmenas, pero tendría que haber hecho dos viajes más pero no pude volver, porque implicaría un costo de $90.000 en combustible y las dos cuarentenas que tendría que pasar en hoteles”, cuenta.

Daniel Avena tiene una de las cabañas apícolas más importantes de Mendoza y genera abejas reina y núcleos y el 90% de su producción va a la zona centro y sur de la provincia de Buenos Aires, que entrega entre octubre y diciembre y este año esas entregas parecen imposibles. “Perdiendo el federalismo. Cada provincia hace sus propios decretos sin tener en cuenta la posibilidad de circular para ejercer el derecho a la economía”, sostiene.

Los tres indican que su trabajo dentro de Mendoza lo pueden realizar sin inconvenientes, máxime ahora que ha comenzado la temporada de polinización. El problema es cuando la tarea es interprovincial y deben acatar los diferentes decretos de cuarentena vigentes en cada territorio.

"Quedo 30 días parado"

Federico Pinazo es productor apícola. Tiene colmenas en Lavalle, en San Carlos y también 200 en Córdoba. A mediados de mayo pasado, cuando ya había comenzado la cuarentena, mereció una nota de Diario Uno, ya que tuvo que hacer cuarentena en un hotel cuando regresó y el fin de su trabajo quedó trunco. Un par de días después, le permitieron hacer esa cuarentena en su domicilio y completar la tarea en su casa.

Pero, desde aquella vez y porque los 14 días de cuarentena se mantienen en Mendoza y ahora también se deben cumplir en Córdoba, no pudo volver a atender sus colmenas.“Ya tendría que haber hecho dos viajes, pero no pude volver. Los costos que ahora implica un viaje, que debería hacer una vez al mes, es de unos $95.000, entre combustible y las dos cuarentenas en hoteles. Entonces decidí abandonar las colmenas. Lo grave es que no sabemos cuándo va a terminar esto”, sostiene.

Antes, desde Mendoza hasta la región de Chajan, en el sur de la provincia mediterránea donde están sus colmenas, tenía que hacer 400 kilómetros. Ahora tiene que hacer 700, porque previamente tiene que pasar por Río IV para hacer la cuarentena cordobesa durante 14 días. Lo mismo de regreso.

“No es solo el costo económico, también implica que estoy 30 días parado, en donde no puedo atender las colmenas que tengo en Mendoza”, dice, y agrega que el problema es que “no hay una política unificada en el país. Cada provincia o departamento tiene sus propios decretos, sus propias normas de cuarentena y eso hace imposible continuar con actividades como la nuestra”.

Cuenta que “en Córdoba hay una sequía muy grande. Esa sequía se ve reflejado en el desarrollo de las colonias. Necesitan alimentación artificial, jarabe y tortas proteicas de polen harinas y no hay gente con conocimientos en apicultura que nos puedan reemplazar”.

"En algún momento va a reventar"

“La preocupación que tenemos es muy grande. Estamos en una situación muy crítica a nivel nacional porque no se puede circular entre provincias”, dice Daniel Avena, quien produce en su cabaña abejas reina, núcleos y paquetes de abejas que vende mayoritariamente en la pampa húmeda, especialmente en Bolívar, Olavarría, Azul, Tandil, Rauch y gran parte de esa zona centro sur de la provincia de Buenos Aires.

“Todos los años, entre octubre y diciembre, hago entre 5 y 7 viajes llevando esto. Pero ahora el tránsito entre provincias está más o menos regulado para camiones, pero no para vehículos menores”, cuenta, advirtiendo que los apicultores suelen llevan su cargamento con una camioneta y un carro.

Hay un decreto nacional que permite ese tránsito de productores agropecuarios como ellos, pero que las provincias tienen sus propias reglas y evitan este tránsito. “Lo mismo que a mi le pasa a otras cabañas, como una que está en Vista Flores y que vende a Río Negro y Mar del Plata”, y acota que “tenemos los permisos nacionales, las guías de SENASA, la de Ganadería, todo lo que corresponde, pero en cada lugar hay un protocolo distinto”.

Preocupado, Avena sostiene que “si esto no se resuelve, en algún momento va reventar el problema por algún lado, porque no somos solo los apicultores los que tenemos estas dificultades”.

"No me puedo olvidar que soy apicultor"

Horacio Leonforte pinta aún un panorama más amplio de la apicultura, empezando por recordar que “la apicultura es el arte de criar abejas” y que, hacia fines del año 2019, el Earthwatch Institute, una organización científica benéfica ambiental internacional, declaró a las abejas como el ser vivo más importante del planeta por su tarea de polinización y advirtió que la población de estos insectos a disminuido por 90% en el mundo, debido a los pesticidas.

“Mis sentimientos son muy ambiguos en este momento. Las balas empiezan a picar cerca y todos tenemos personas cercanas afectadas por la pandemia. Tengo la tristeza de tener gente querida que está grave en terapia intensiva. Esto me genera temor. Tengo una familia e hijos y, por un lado, y me siento obligado a quedarme lo más quieto posible. Pero, por otro lado, no me puedo olvidar que soy productor apícola y que tengo colmenas en Córdoba que dependen de mi”, dice.

Para entender claramente la problemática, Horacio pone en contexto la situación. “Ha cambiado el paisaje productivo, por los monocultivos y la siembra directa. En aquella zona las abejas ya no son totalmente autónomas, los rendimientos productivos disminuyeron drásticamente en los últimos 20 años”.

Dice que “esa zona era muy productiva para la apicultura, porque el 80% era ganadera y la actividad prospera en zona ganadera. Pero la pampa húmeda se ha ido transformando en zona de cultivos y, entre los insecticidas y los herbicidas, las abejas no sobreviven y no hay rentabilidad”.

Horacio tiene 350 colmenas en Chajan, un pueblo de 700 habitantes en donde “hasta hace una semana no había casos de coronavirus, pero hace unos días apareció un contagio y la gente está muy asustada”. Allí, hasta hace unos cuantos años atrás, el 80% de la superficie era ganadera y el 20% restante era de siembra, “hoy esos porcentajes se invirtieron”, cuenta.

Los campos están sembrados de soja, maíz y también maní. “Para esos cultivos la apicultura no les aportan nada y genera un perjuicio muy grande en las colmenas por los insecticidas muy fuertes que se utilizan y esterilizando el terreno”.

Antes la ganadería prosperaba con pasturas naturales y s praderas de alfalfa y trébol, cultivos que producen mucho néctar.

“En los últimos años (unos 5) comenzó un pequeño reverdecer de la ganadería y la apicultura empezó a dar alguna rentabilidad, después de 15 años de trabajar a perdida” y agrega que “de la mano de la poca mejora, algo de alfalfa volvió pero bajo otra modalidad. Antes el ganado se engordaba en la pradera, después de que florecía. Ahora se usa mayoritariamente la metodología de feetlot (corrales de engorde). El ganadero deja que crezca la alfalfa y la segada apenas empieza a florecer, se enfarda y hacen rollos. Antes había tiempo para que la abeja tuviera flores, ahora pasan el tractor apenas empieza a florecer y en una jornada siegan entre 70 y 100 hectáreas. Eso nos reduce los tiempos en que la abeja pueda trabajar”.

Por todo esto, las colmenas hoy necesitan que el apicultor les dé una ayuda nutricional natural y, a la problemática de falta de flores por la forma de cultivo, se sumaron las dificultades de la cuarentena.

“En marzo alcanzamos a cerrar el año apícola, pero esta invernada y este próximo comienzo de temporada es muy difícil”, dice Leonforte.

“Antes de la cuarentena yo estaba en Córdoba una semana por mes. Hoy es imposible, porque hacer cuarentena de 14 días en Córdoba y otra de 14 días en el regreso a Mendoza. Ir a mantener mis abejas me insumiría 5 semanas en cada viaje”.

El último viaje que hizo fue en mayo. “Debido a estas dificultades me quede dos meses e hice doble mantenimiento, pero desde junio que no he vuelto a ir. He estado postergando ese viaje, esperando. Pero esto (la pandemia) en vez de mejorar, va empeorando y va a llegar el momento en pocos días más, que voy a tener que ir y someterme a lo que me ordenen”.

El viaje y sus cuarentenas respectivas implicarán que deje de atender sus colmenas en Mendoza durante 5 semanas “que ya están en plena polinización”.