La influencia de la situación económica será entre neutral y levemente positiva para el Gobierno en las próximas elecciones, en las que la mirada de los inversores estará focalizada en torno de las posibilidades que se le generen al kirchnerismo de volver o no al poder en 2019.
En medio de una recuperación económica despareja y lenta y con una que, aunque tiende a bajar, sigue siendo alta, la gestión de Mauricio Macri se jugará sus chances de consolidar el proceso de reformas que empezó en diciembre de 2015 y que definirá si se aceleran las inversiones después de octubre próximo.
"La gente piensa que las cosas van a mejorar y que el Gobierno no domina la inflación, pero la va dominar. Hay esperanza con preocupación. Si bien el Gobierno no convence con su política económica, tampoco le juega en contra. Si en las PASO se da un batacazo del Gobierno, eso mejora mucho sus perspectivas para la elección de octubre, le permitirá tomar más decisiones y Macri podrá dar una señal a la inversión local y externa", aseguró en la semana el consultor Zuleta Puceiro.
El año electoral muestra algunos contrastes y particularidades. El gobierno de Macri avanzó con los aumentos de tarifas de energía por encima de la inflación (habrá otra ronda antes de fin de año), para recortar el gasto público vía subsidios. Pero, al menos hasta las elecciones, mantendrá sin cambios las tarifas de colectivos, trenes y subtes a costa, precisamente, de mayores subsidios.
Las altas tasas de interés del BCRA crean un clima de euforia financiera, que probablemente se acentúe si el mes próximo la Argentina reingresa a la categoría de mercado emergente. Pero esta dureza monetaria para desacelerar la inflación es la contracara de la política fiscal de financiar el déficit (nacional y provincial) mayormente con endeudamiento externo, que lo obliga a emitir pesos y absorberlos -a costa de un mayor déficit cuasifiscal- con Lebac y operaciones de pase, cuyo stock ya supera el billón de pesos y el monto total de la base monetaria.
De aquí a las elecciones nadie espera grandes cambios en la política fiscal, más allá de las metas decrecientes de déficit primario (sin intereses de la deuda) fijadas por el Ministerio de Hacienda con relación al PBI. Máxime cuando cualquier ajuste es considerado piantavotos.
Pero quienes incluyen a la Argentina en el radar de futuras inversiones (financieras o productivas), le prestan tanta atención al resultado electoral de octubre como a la sustentabilidad de la política fiscal. En el primer caso, porque un triunfo del oficialismo (especialmente, en la provincia de ) aumenta las chances de un segundo mandato, aunque no pueda alcanzar la mayoría en las dos cámaras del Congreso. En el segundo porque, si el déficit fiscal no se reduce a mediano plazo, podría elevar el costo o reducir el crédito externo.
Lo que les interesa a los inversores de la economía real, más que , es que de una vez por todas en la Argentina se frene el péndulo: que las fuerzas políticas lleguen a un consenso sobre políticas comunes. Y ni siquiera piden institucionalidad, sino que no haya riesgos. Hay quienes opinan que, además, a los inversores lo que les preocupa es que vuelva el populismo; parte de la bienvenida a Macri es dejar atrás ese modelo.
El problema para la inversión no es sólo el supuesto regreso de Cristina y lo que significa en términos de dificultades para profundizar la modernización de la Argentina. Aún ganando el Gobierno las parlamentarias de octubre, subsisten severas dificultades macroeconómicas que dificultan las inversiones y el repunte de la actividad, y que no está muy claro cómo serán abordadas por la administración Macri con el tono del gradualismo que ha caracterizado hasta ahora su mandato.
Financiar el déficit fiscal que no baja y para muchos analistas sigue subiendo con dólares del mercado financiero genera atraso cambiario y altas tasas de interés en pesos. Argentina es cara para invertir y tiene un régimen impositivo y laboral asfixiante para el que trabaja y produce. Tampoco repunta el consumo porque la inflación no cede del todo y cada tanto los aumentos de tarifas y transporte para eliminar subsidios barren con el poder adquisitivo. Para peor, los argentinos que tienen capacidad de consumo lo hacen, pero en Chile, Uruguay, Asunción o Miami, donde todo cuesta un tercio o la mitad que en el país.
Lo más relevante viene después del comicio: conocer la profundidad de las reformas que promete el Gobierno para la segunda parte de su mandato. El mundo económico teme que no alcance con el ritmo gradual de la primera parte del período.
Dependerá otra vez de cuánto esté el mundo financiero dispuesto a financiarle a la Argentina. En los mercados hasta ahora sobraba la confianza.
