Crisis de legitimidad y eficacia

El multilateralismo selectivo ha generado crisis globales

Las organizaciones internacionales se enfrentan a una crisis de legitimidad y eficacia, síntoma a su vez de la crisis del multilateralismo.

Los años cruciales de la pandemia de COVID-19 revelaron las dificultades que tuvo la Organización Mundial de la Salud para cumplir con sus objetivos institucionales, a saber, mantener el mundo saludable y atender a los vulnerables para que todos puedan alcanzar el más alto nivel de salud.

Algunos líderes occidentales politizaron la pandemia de COVID-19 y no tomaron ninguna medida para reducir los riesgos de contagio que sufrían las personas en los países más pobres. Hace poco, durante la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Global, organizada por el presidente francés Emmanuel Macron en París, Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, señaló que los países africanos “sentíamos que éramos mendigos” en relación a la disponibilidad de vacunas.

“Los países del hemisferio norte habían comprado todas las vacunas del mundo y no querían lanzarlas en el momento en que más las necesitábamos”, señaló. Esta afirmación es una dura verdad.

Según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2021 de las Naciones Unidas, “la pandemia ha retrasado el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible por décadas, en todas las áreas”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó la pérdida financiera acumulada hasta 2024 debido a la pandemia en u$s 13,8 billones. ¿Pero esto se debe a la pandemia o a la falta de solidaridad y la codicia de los países más ricos?

En cuanto al FMI, su legitimidad también está en duda ya que no logra convencer a muchos países de que puede ayudar a sus economías. Argentina es el principal deudor del FMI, y su relación con este organismo internacional se remonta a la década de 1980, sin que su economía mejore sustancialmente. Aunque el FMI está dominado por Estados Unidos, que posee alrededor del 17 % de los derechos de voto en un sistema que requiere el consentimiento del 85 %, Estados Unidos está molesto por la creciente presencia de bancos chinos en el mundo y afirma querer evitar que los países tomen préstamos del FMI para pagar aquellos contraídos con China. Curiosamente, Argentina realizó un pago significativo al FMI utilizando yuanes del banco central de China.

El auge de la economía china y el hecho de que China sea un país muy activo en varias organizaciones internacionales parecen haber motivado a EE. UU. a desvincularse del sistema multilateral que creó en el siglo XX. Además, el expresidente estadounidense Donald Trump inició la guerra comercial contra China al imponer aranceles adicionales a los productos chinos.

La competencia con China ha vuelto a EE. UU. más proteccionista y ha causado algunos daños al multilateralismo. Pero con el conflicto entre Rusia y Ucrania y con el respaldo de la OTAN a Ucrania, el multilateralismo está en grave riesgo. Esta disputa podría adquirir proporciones más significativas, y los países en conflicto buscan apoyo internacional.

Afortunadamente, ha sido destacable la distancia de la gran mayoría de los países en desarrollo, que puede interpretarse como un descontento generalizado de estos países con la forma en que la OTAN, Ucrania y Rusia están afrontando esta compleja situación.

La crisis del multilateralismo es una crisis del liderazgo occidental. En lugar de apostar por un multilateralismo inclusivo, los países más poderosos de Occidente practican un multilateralismo selectivo, tratando de aislar a China y amenazando a otros países en desarrollo que no estén alineados con su voluntad. El multilateralismo selectivo de Occidente es contrario al espíritu de la Carta de la ONU.

Los cimientos del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial están siendo sacudidos. El mundo se encuentra en una encrucijada peligrosa. Afortunadamente, los países en desarrollo se mantienen acertadamente a una distancia relativa de la crisis de Ucrania. Pero aunque esa distancia puede interponerse entre ellos y los actos irresponsables, el silencio no es una opción.

Tal vez sea hora de convocar una nueva “Conferencia de Bandung” para incluir a todos los países pacíficos. Esto también es tan crucial como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU. Una conferencia para el multilateralismo inclusivo estaría acorde con la Iniciativa para la Civilización Global propuesta por China, que aboga por un diálogo verdadero e inclusivo entre las civilizaciones. El lenguaje de la cooperación y la paz debe ser más elocuente para salvar el multilateralismo y este lenguaje depende cada vez más de los países en desarrollo.