Salvo un sicario, un profesional de la muerte, un trastornado mental, nadie sale a trabajar una mañana pensando en matar. Seguramente tampoco lo pensó Francisco Javier Sanhueza el viernes 17 de este mes. La fiscalía supone que Sanhueza no era un asesino ese día. Pero si se estima hasta ahora que este hombre chileno de 37 años tuvo claro que la forma en que estaba manejando esa noche, implicaba un riesgo potencial y muy concreto de causar la muerte de alguien o de muchos... y no le importó.Ahora Sanhueza dice: "Quiero que sepan que no fue intencional, que fue un accidente. Me siento terrible, totalmente deprimido y desconcertado. Sé el daño que he causado, ya estoy consciente, pero en ese minuto no lo percibí". La Justicia, sin embargo, entiende que sí, que sabía del riesgo y del daño que podía causar... pero que no le importó.Francisco Javier Sanhueza es el chofer del interno 2267 de la empresa Tur-Bus que en la madrugada del sábado 18 volcó en la Curva del Yeso, en Horcones, donde murieron 19 personas y muchas resultaron con lesiones gravísimas.Ahora, detenido en una cárcel de Boulogne Sur Mer, afronta una acusación que lo puede tener allí mucho tiempo preso: entre 8 y 25 años.El agravante del dolo eventual en una acusación por homicidio representa eso: saber, ser plenamente consciente de que lo que uno hace puede causar la muerte de alguien, representarse esa situación claramente y, aún así, seguir haciéndolo."Pido disculpas y le ruego a Dios que esas personas a las que les causé todo el daño posible encuentren la calma", dice ahora Sanhueza. Pero ya no es suficiente.El chofer chileno no tiene excusas válidas que atenúen esa acusación. Tenía una sobrada experiencia como conductor. Hacía 3 años que trabajaba en Tur-Bus y más de un año que recorría la ruta donde volcó la madrugada del sábado 18. Conocía el lugar y los riesgos. Los conocía bien... y no le importó.Más aún, porque conocía bien esa ruta, porque había hecho muchas veces ese viaje, es que conducía el ómnibus a más de 100 kilómetros por hora en una zona donde la prudencia y la señalética indican que no es aconsejable viajar a más de 40. Sanhueza quería llegar rápido al paso fronterizo y que el trámite en la Aduana fuera lo más rápido posible. No se quería retrasar. No quería hacer cola atrás de otros micros ni de camiones.Como excusa defensiva no sirve para él que haya o no carteles indicadores en la ruta, que su acompañante o los pasajeros le hayan advertido o no de que circulara más despacio. Él es un chofer profesional y conocía la ruta de alta montaña. Sabía perfectamente los riesgos... pero no le importó.Pero es cierto que Sanhueza no buscó la muerte. No buscó la suya ni la de nadie. No salió a matar. Si lo hubiera hecho sería un simple homicida. Pero el dolo eventual dice que, sin querer la muerte de otros, pero sabiendo perfectamente que podría causarla si continúa con sus actos imprudentes, siguió conduciendo a alta velocidad sin preocuparle las consecuencias. Ahora ya es tarde.Quizá Sanhueza haya creído lo que muchos: que la señalización vial indica reglas y advierte sobre posibles castigos si se infringen cuando, en realidad, solo previenen, advierten, son una recomendación directa. Un cartel que indica una velocidad máxima está señalando que viajar por sobre ella, implica un riesgo potencial.Para el fiscal Gustavo Pirrello, Sanhueza es el único responsable de la muerte de 19 personas y las lesiones de otras 22. Es cierto que hay más factores que completan el cuadro: la ruta angosta, la mala señalización, el tráfico, la lentitud del trámite en Aduana... pero todo eso era conocido por el chofer y su única responsabilidad, su única función, era llevar a su pasaje sano y salvo a destino, pero eso... no le importó.El micro había salido de la Terminal de Mendoza cerca de la medianoche, con destino a Chile. Viajaban 40 personas: cuatro chilenos, un haitiano, un colombiano y 32 argentinos, y los dos choferes. Entre los pasajeros había menores de edad de nacionalidad argentina.El fiscal Pirrello imputó a Sanhueza, que en el momento del accidente era el que conducía, por el delito de homicidio simple con dolo eventual por las 19 muertes y por las lesiones leves, graves y gravísimas dolosas por las heridas que sufrieron 22 personas. Ahora se encuentra detenido en la cárcel de Boulogne Sur Mer. La defensora particular que lo asistía decidió renunciar al caso y aún debe definirse quién encarará esa tarea.La acusación es simple y brutal. Viajaba a más de 100 km/h en plena curva, donde no se puede transitar a las de 40.El chofer, que conocía bien la ruta, creyó que podía doblar, aún corriendo el riesgo. Pero sabía que podía no hacerlo. Ésa es su culpa.
Perfil del chofer del colectivo de Tur-Bus que volcó en Horcones dejando 19 muertos y 22 heridos. Preso en la cárcel y sin defensor, pesa sobre él una fuerte acusación que puede sentar jurisprudencia




