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Un mendocino desapareció en México y lo buscan intensamente

Un mendocino de 49 años fue visto por última vez en la ciudad de San José del Cabo, en México, y no se supo más de él. Estaba haciendo una travesía en moto

Marcelo Lucero es un mendocino de 49 años que intentaba cumplir el viejo anhelo de unir las ciudades de Dallas y Mendoza en su moto. El viaje en Estados Unidos arrancó el 20 de agosto pero durante una excursión en México no se volvió a saber de él.

Son más de 7.500 los kilómetros que separan a la familia Lucero del poblado mexicano donde se lo vio a Marcelo por última vez en la madrugada del viernes 28 de agosto. Desde aquí, su hermano Mario busca que la historia se conozca y visibilice para que no se detenga la búsqueda del hombre.

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Marcelo tiene cinco hijos, es ingeniero en Telecomunicaciones y partió a vivir en Estados Unidos en 2001. Es amante de la pintura y de las motocicletas. Sobre esta última de sus pasiones conformó un ambicioso plan para este 2020, que debió ser pospuesto debido a la pandemia. Sin embargo, en cuanto las medidas sanitarias del país norteamericano se relajaron, lo emprendió.

La idea era unir la ciudad de Dallas con Mendoza, su tierra natal y donde viven sus hermanos y tres de sus hijos. Son poco más de 7.800 kilómetros los que se proponía recorrer con su BMW GS800. La aventura había sido planificada al detalle y una de las primeras paradas para descansar fue en San José del Cabo, una ciudad turística del extremo sur de la península de Baja California, en México.

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"Él estuvo viviendo con un amigo los últimos meses en Dallas porque había vendido todo para venir a Mendoza. La ex esposa de ese amigo era quien lo esperaba en San José del Cabo", comenzó narrando a Diario UNO Mario, quien se enteró de la desaparición de su hermano por un llamado telefónico que creyó, en un primer momento, se trataba de un secuestro virtual.

"Llamaron a uno de mis hermanos y les dijeron que no encontraban a Marcelo. Al principio pensamos que era un tipo de estafa pero después cuando esta gente comienza a identificarse, nos dimos cuenta que eran las mismas personas que conocían a mi hermano", cuenta.

Desde el momento de la partida, la familia Lucero había podido mantener algunas comunicaciones esporádicas con el hombre ya que el viaje se había iniciado con complicaciones. El 22, el cruce del desierto de Sinaloa resultó más duro de lo esperado, la temperatura superaba los 50° y el motor de la moto comenzó a calentar. Al día siguiente, ya en San Diego, se dio cuenta que se le había volado un bolso con sus pinturas y esto le afectó.

Finalmente el 24 ingresó a México y sólo pudo comunicarse a través de Wi-Fi pero, un día más tarde, su teléfono se rompió y hasta el 26 no volvió a hablar con su familia. Durante esa jornada llegó a San José del Cabo. Allí pensaba descansar algunos días.

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Juana Esther García Cortaza, ex pareja de su amigo, lo esperaba y le dio alojamiento. Es en la vivienda de esta mujer donde todavía se encuentran todas las pertenencias de este mendocino e, incluso, la moto. Fue ella, también, quien le pidió a un ex esposo que le diera aviso a la familia sobre la desaparición del mendocino.

El episodio donde se le perdió el rastro, según la información recolectada por la familia, es confuso. "Mi hermano se va con Juana a conocer el lugar y reunirse con otras familias. Ahí cenan y lo invitan a conocer unas termas, Juana se queda durmiendo en la casa donde estaban parando y él se va con otro grupo. A la madrugada, pasadas las 2, empiezan a volver. Me dicen que, para no tener que pasar una tranquera el grupo buscó otro camino y ahí parece que él se asusta. Al rato se dan cuenta que no estaba", comenta Mario.

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El grupo de excursionistas retornó a la vivienda pero fue una sorpresa para ellos no encontrar a Marcelo allí. "Mi hermano tiene un temperamento fuerte, yo les pregunté si alguno había tenido un problema con él o alguna pelea pero me dicen que la estaban pasando bien y los relatos son creíbles", asegura el joven que a la distancia y en medio de la pandemia intenta que la búsqueda de su hermano continúe hasta dar con él.

Al día siguiente, Juana y los demás dieron aviso a la policía que hicieron un primer rastreo, allí tomó intervención el consulado argentino en México y luego, desde Cancillería se pusieron en comunicación con la familia mendocina. "Creo que todos están trabajando para ayudarlo. Estuvimos mirando el lugar, tiene un geografía parecida a Potrerillo pero hace un tiempo pasó un huracán y la vegetación ha crecido bastante. Lo bueno es que esto también provocó una crecida en los arroyos así que sabemos que agua va a conseguir", asegura Mario con esperanza.