Todo comenzó como un juego para la mendocina Zoe Bertona. Es la menor de tres hermanas, donde una de ellas, al igual que su mamá, son conocidas en el ambiente del deporte; concretamente el vóleibol. Pero para esta bella joven, el reconocimiento debía venir de la actuación, y a los ocho años acompañó a su hermana del medio a un casting para una película, e hizo historia, al quedar su nombre en los créditos de la película Cleopatra, del 2003, protagonizada por Natalia Oreiro y Norma Aleandro, y filmada en Tupungato.

Allí figura como "nena", pero ahora, ya toda una mujer, y tras seis años en Buenos Aires, se abre paso en el mundo de la actuación, y hará su primer protagónico dramático en un teatro de calle Corrientes, encarnando el comprometido papel de Felicitas Guerrero, ambientada en 1870.

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La mendocina Zoe Bertona protagoniza esta obra, donde nunca baja del escenario, y sólo tiene el apoyo de la coprotagonista en algunas escenas.

La mendocina Zoe Bertona protagoniza esta obra, donde nunca baja del escenario, y sólo tiene el apoyo de la coprotagonista en algunas escenas.

Algún memorioso recordará una publicidad callejera, donde se veían sólo unos penetrantes ojos azules, promocionando un instituto de belleza. El estudio de teatro, y el modelaje, con apariciones en campañas nacionales e internacionales, fueron cimentando una carrera novel, pero promisoria. Tras estudiar teatro en Capital Federal, llegaron las comedias con papeles secundarios, luego protagónicos, y este domingo 5 de septiembre, llega en gran desafío de la obra La bella en su Jaula. También está grabando una miniserie junto a Fabián Gianola y Patricia Sosa, entre otras figuras.

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Buenos Aires: la aventura necesaria

Zoe Bertona tiene 26 años y llegó a Buenos Aires hace cinco años y medio. "Buenos Aires está hermoso, está volviendo a renacer de a poquito", cuenta la mendocina en el inicio de la entrevista, marcando la diferencia entre el hoy porteño, y los meses anteriores, en medio de la cuarentena por la pandemia del coronavirus.

El comienzo no fue fácil, y mucho menos tomar la decisión de dejar el hogar mendocino para irse a la cosmopolita Buenos Aires. "Cuando decidí venirme, venía con una amiga, que es actriz también y estudió actuación en Mendoza. Estuvimos un año antes planificando todo para venir juntas, y un mes antes de venir, me dijo que no, que le agarró miedo, iba a extrañar a la familia… Imaginate, me quedé helada. No era lo mismo venir con una amiga que venir sola. Tenía 21 años", relató. "Por ahí pienso en qué pensará ella, cuando ve mis cosas, y este era también su sueño…", agregó nostálgica.

Si bien la aventura del desarraigo mete miedo a cualquiera, para quien anhela triunfar en el arte escénico, sabe que radicarse en Buenos Aires es el paso obligado. "Es difícil para la gente del arte vivir de eso en Mendoza, y en realidad en todo el interior del país. Porque la misma gente no consume arte. Ya hacía teatro, y la gente no va a ver teatro. Sale al cine o a comer. No ve teatro o shows, es muy poca la que lo hace. Ahora me dijeron que está cambiando".

"Cuando llegué comencé a trabajar de niñera, cuidaba dos nenas. Los padres eran gerentes en un banco, salían mucho al teatro. Los fines de semana iban a ver teatro. Con esta costumbre es como se empieza a desarrollar lo artístico" reflexionó Zoe.

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Bertona se enamoró del teatro, y comenzó a actuar en Avenida Corrientes con comedias, ganando experiencia.

Bertona se enamoró del teatro, y comenzó a actuar en Avenida Corrientes con comedias, ganando experiencia.

El génesis de una vocación apasionada

"Comencé a los ocho años. Mi hermana Mariel se enteró de un casting que había para la película Cleopatra, que protagonizaba Natalia Oreiro y que iban a filmar en Mendoza. Mariel averiguó y quería ir al casting. Entonces salté y dije que también quería ir. Yo tenía ocho años, y mi hermana once. Mi mamá, encantada, nos llevó, estuvimos todo un día haciendo cola, e hice el casting", recordó la menor de las tres hermanas Bertona sobre su entrada triunfal y precoz al mundo de la actuación.

"Luego, recuerdo que estaba en un campamento de verano, y la veo a mi mamá que llega. ¿Qué le pasa a esta?, me pregunté. Y me dijo que había llamado la gente de la película y que había quedado para un papel. Eso fue algo muy loco, ya que había a acompañar a mi hermana, en ese momento ni había estudiado teatro, era muy chiquita", agregó la mendocina.

"Era un papel súper chico, pero tenía más o menos unas cinco escenas con Natalia Oreiro. Yo hacía de una nena de una especie de orfanato" "Era un papel súper chico, pero tenía más o menos unas cinco escenas con Natalia Oreiro. Yo hacía de una nena de una especie de orfanato"

Roto a mazazos el miedo escénico y dado el primer paso, ya se comenzó a cambiar lo que era un juego y un sueño, por una vocación, y comenzó a trabajar en ello. "Yo no había hecho teatro, pero sí había estudiado declamación y arte escénico, más o menos un año. Luego de la película me llaman de Gabriel Canci, para comenzar a desfilar para ellos. Ahí comencé a desfilar. En esa época desfilaba y hacía talleres de teatro. Lo hice más como un hobby, era muy poco lo que te pagaban; y en teatro eran muestras".

"Cuando terminé la secundaria empecé a estudiar psicología, hice un año de esta carrera, y cuando me voy de vacaciones conozco a dos chicos actores, de Córdoba, que se habían ido a vivir a Buenos Aires y la había re pegado en una serie de Disney. Cuando ellos me contaban sus experiencias, me dije “¡entonces no es tan difícil!”. Yo lo veía como algo muy lejano, y por lo que ellos contaban, ir a Buenos Aires, dejó de ser una fantasía para ser algo factible", recordó Zoe, que agregó: "Ahí tomé la decisión, dejé la carrera –mi papá casi se muere-, y dije me voy a Buenos Aires a estudiar teatro".

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Zoe quería actuar, pero en cine o TV. Cuando estudió teatro, se enamoró de la magia de las tablas y el feedback que hay con el público.

Zoe quería actuar, pero en cine o TV. Cuando estudió teatro, se enamoró de la magia de las tablas y el feedback que hay con el público.

Buenos Aires no espera a nadie con los brazos abiertos. Hay que ir, conocer sus reglas, y abrirse camino. "La verdad que llegué y no conocía a nadie, me fui a principios de febrero, me había inscripto en las clases de Raúl Serrano, era el que me recomendaron, y se comenzaba a cursar en marzo. Fue muy duro pasar un ms y medio sola, ni con quien tomar unos mates. Estaba en una pensión en Caballito en una habitación de 2x2, lo que podía pagar en ese momento, y cada vez que tenía un casting, tenía que viajar una hora y media".

"Comencé a hacer castings de publicidad al principio, y al cursar teatro ya comencé a conocer gente, hice amigos, y comenzó a mejorar todo un poco. Trabajé de recepcionista en un boliche, de niñera, y modelaje, donde siempre me salía alguna cosita. Pero yo quería ser actriz, no modelo…", detalló Bertona. "También hice publicidad y grabé un par de comerciales más. Esto es así, a lo mejor en un mes te salen diez millones de cosas, y después pasan meses sin encontrar nada", explicó a continuación.

La constancia tuvo premio, y se abrieron los caminos para ella "Afortunadamente a los tres meses quedé para hacer una publicidad de Guaraná, que son muy bien pagadas, y cuando cobré me mudé a una habitación sola, era un monoambiente re chiquito, pero ya tenía mi lugarcito. Además, quedaba en Palermo, que es donde se hacen todos los castings (Palermo Soho)".

“Fue muy duro desde lo emocional, y desde lo laboral también, pensás que todo es más simple, y hacés diez castings por semana y te dicen que no en los diez. Hay que tener la constancia y la convicción de seguir”, expresó Zoe.

El sueño estaba por cumplirse, pero faltaba entrar a lo que más anhelaba: la actuación. "Termino los tres años de teatro y comencé a hacer obras y me gustó mucho. Yo siempre me acerqué más a la cámara, la actuación en cámara (cine o TV), y la verdad que la primera vez que hice teatro, una comedia, y escuchar la risa del público, es algo hermoso. Así que hice dos comedias, en la primera era un personaje más, y en la segunda, con el mismo director, ya fui coprotagonista", recordó.

La bella en su jaula y el máximo desafío actoral

La obra La bella en jaula, de Rubén Mosquera, y que tiene a Zoe Bertona como protagonista, en el papel de Felicitas Guerrero, es un desafío y a la vez un espaldarazo para la mendocina, ya que debe cargar en su hombros el peso de una actuación casi en solitario, donde solo hay un par de apariciones de su coprotagonista -Macarena Maderna-, encarnando el rol de amiga. Se representará en el Teatro Multiescena, de Avenida Corrientes 1764.

"Está situada en el año 1870, es una historia verídica, es sobre la vida de Felicitas Guerrero, de Buenos Aires, a la que la casan a los 16 años con un tipo de 55 años, con mucho poder, y ella cuenta todo lo que sufre. Tuvo su primera noche con el tipo, cuando aún no había dado su primer beso. Ella lo sufre como una violación. Encima la vendieron sus padres", cuenta Zoe.

"Es una historia muy triste, Felicitas Guerrero la pasa muy mal y la termina matando un tipo que estaba enamorado de ella. Hay una iglesia en Buenos Aires con un homenaje a ella, y también está la quinta donde vivía" "Es una historia muy triste, Felicitas Guerrero la pasa muy mal y la termina matando un tipo que estaba enamorado de ella. Hay una iglesia en Buenos Aires con un homenaje a ella, y también está la quinta donde vivía"

"La historia habla de su femicidio y de cómo vivían las mujeres de esa época, donde lo único que les importaba a los padres era casar a sus hijas mujeres. Una vez casadas tenían que tener hijo, y que fueran varones", describe la actriz mendocina sobre la infortunada heroína que encarna, en la obra.

No será un debut absoluto para Bertona, ya que según ella misma cuenta, "en calle Corrientes ya estuve, las otras obras -comedias- que hice fueron ahí, pero este es el primer drama que hago y soy protagonista. Hago toda la obra sobre el escenario, nunca salgo, las escenas son continuadas, entro y no salgo hasta que termine la función".

"Es todo un desafío, me cansa mucho, y al ser un drama, entran en juego un montón de emociones feas. Me pasa de salir de ensayar angustiada, mi cuerpo no termina de diferenciar que todo eso no me está pasando en realidad. Mueve también algunas cosas propias; es una especie de terapia", relató la actriz.

Para finalizar, Zoe comentó que la obra se presentó en Estados Unidos, en una universidad, con mucho éxito, y ahora sueña con traerla a Mendoza y poder representarla ante su gente en un futuro cercano.